El cine vs. su enemigo más temible: la taquilla

El cine vs. su enemigo más temible: la taquilla

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Escribe Salomón Reyes

Podemos decir mucho sobre por qué el cine uruguayo se estrella, una y otra vez contra la muralla inamovible de la baja taquilla. Son decenas de películas que cada año intentan la aventura de romper los récords de asistencia en salas y una vez que la realidad los alcanza, se retiran cabizbajos con un puñadito de espectadores en las alforjas, o como algún productor-director lo explica mejor, un grupete de valientes que se animaron a verla.

Este problema lo viven todas y cada una de las producciones nacionales, incluso hasta las que han conseguido un relativo éxito de espectadores.

‘Mi Mundial’ es un caso paradigmático. La película tuvo un costo de alrededor de $ 800.000 dólares. Su pasar por salas fue memorable. Rebasó con creces los 30.000 espectadores y mientras escribo estas líneas, la película sigue en cartelera y generando ingresos como para convertirse en una de las más taquilleras del cine uruguayo de todos los tiempos. No obstante el taquillazo, es imposible que la película genere grandes ganancias para sus productores, aunque sí lo hará para los exhibidores (cines) y los distribuidores que se quedarán en conjunto, con el mayor porcentaje de la plata de cada entrada pagada en el cine. La ecuación parece injusta pero así ha sido durante mucho tiempo y no parece que cambiará en el futuro ni siquiera con las nuevas plataformas de exhibición. Unos pierden el seso produciendo la película de su vida y otros son los que se llevan la guita. La película no es una genialidad pero logró lo que otras desearían hacer, conectar con el gran público.

Vayamos al otro lado, esa mayoría de películas uruguayas que con extrema dificultad logran unas decenas o centenas de espectadores, en principio porque no tuvieron los medios para distribuir, difundir o acceder a una exhibición amplia en salas comerciales y sobre todo porque el público no se despeinó para verlas.

De qué estamos hablando, ¿Es un problema del público que le da la espalda a las producciones nacionales? ¿Es un tema de los contenidos que no resultan atractivos?

Es eso y un poco más. El sistema de producción y exhibición año tras año repite los mismos fracasos, de los cuales no aprendemos nada.

En Montevideo existe un público que nutre los diferentes circuitos cinematográficos. Lo mismo hay un público extenso para los blockbusters hollywoodianos como unos más reducidos para el cine de autor, el cine clásico, el cine europeo o el cine experimental. En el interior cambian los números pero también el público está segmentado. Ahí en el Uruguay más indómito los circuitos son más limitados y la calidad técnica de exhibición cae estrepitosamente pero hay un público listo a ser convocado.

Al pasar al tema de los contenidos, la cosa se torna más grave. Si bien es válido que cada productor o director haga la película que se le ocurra, tarde o temprano tendrá que vérselas con el público y deberá tener los arrestos necesarios para interesarles o retirarse a llorar al cuartito porque su película se estrelló con la soledad de la sala.

A principio de año, el director y productor argentino Daniel de la Vega presentó en el Nox film fest de Salto su película ‘Ataúd Blanco’*, después de un relativo fracaso de taquilla en Argentina, al ver el entusiasmo del público salteño, le salió del alma decir -“Tuve que venir a Salto para encontrar a mi público”.  El misterio de encontrar a tu público es el más bravo de descifrar. Algunos nunca lo consiguen.

Sin duda el contenido y la forma como se hace el cine uruguayo debe someterse a un análisis más exhaustivo. Hay películas que sin ofender a nadie, no deberían llegar a una sala de cine y podrían quedarse en el círculo íntimo de los realizadores. Es terrible pedirle a un espectador que mire una película cuando ya intuyes que la va a rechazar. Esto no significa que no se deban seguir haciendo estas producciones pero el realizador debería pensar que ese público que se traslada, paga una entrada, se sienta para pasar un momento memorable y tiene ganas sinceras de vivir la experiencia, ha recibido muy poco a cambio.

Dustin Hoffman, cuando pasó a su faceta de director, reflexionó que es fundamental recordar que la película se proyecta en un cine y que por mucho que como creador te hayas planteado la mejor manera de filmar cada secuencia, ahí en el patio de butacas tienes que luchar contra las ganas instintivas de mirar la hora o contra la pareja de al lado que susurra: ¿Te queda más pop?.

Lo divertido es un debe en los realizadores uruguayos. Así como el humor sale a borbotones en el Carnaval, el cine se reserva para sí la mayor amargura y nostalgia. Esas dos palabras asustan espectadores. Aún no se han encontrado los caminos para revolucionar los temas, reenfocar las tramas, para establecer una complicidad emotiva con los valientes que van al cine. Hay cosas que el uruguayo prefiere no verlas en una pantalla iluminada.

Pero no todo es río negro en la producción nacional. Los bio pic (biografías documentales) parecieran resurgir y se aprestan a dar batalla en la taquilla a favor del cine nacional y sus figuras históricas. Vayan reservando.

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