Escribe Mauro Goldman

En la edición pasada hicimos un aporte con relación a termas de Guaviyú entrevistando al director de turismo y a operadores turísticos de termas.

La excusa fueron los dos años y medio de gobierno de la actual administración y simultáneamente los 60 años de las primeras perforaciones en la zona que buscaban petróleo.

Entre ambos testimonios se puede tener una idea del estado de situación de termas.

Hubo un montón de aportes que también recibimos de comerciantes y lugareños y que son tomados en cuenta para esta nota.

Un elemento interesante que sirvió para disparador de esta columna de opinión es la entrevista a Oldemar Tolosa y Belkys Toscanini quienes nos hicieron un raconto cronológico de termas.

El mismo nos hizo recordar cuando en esa época íbamos a las termas, las mismas estaban en un pie de igualdad con Daymán y Arapey en cuanto al nivel de servicios.

Eran un orgullo para los sanduceros y muchos turistas, argentinos entre ellos que asistían al centro termal a disfrutar de esa “joyita”.

En los ´90 comienza el despegue de Daymán y Arapey de la mano de la inversión privada y Guaviyú comenzó a estancarse porque no tuvo cambios sustanciales.

A las autoridades de la época les sobró política y les faltó visión. En efecto recordamos el papelón acaecido en la Junta departamental que no le cedió o vendió agua termal a un complejo termal –Vilaggio Guaviyú- ubicado frente a termas.

Era evidente, sin agua termal era imposible que se desarrolle un proyecto turístico de envergadura.

Muy espaciosamente en el tiempo se hicieron algunas piscinas y la mayor cantidad de camas vino de los remates de lotes que se hicieron.

El estancamente coincidió con el período de Jorge Larrañaga en la intendencia departamental.

Pero tampoco quienes le sucedieron pudieron torcer la historia.

Hoy,  según sabemos extraoficialmente, ambas termas representan un déficit anual de un millón de dólares.

¿Se imaginan en otra parte del mundo un complejo turístico que de déficit? Difícil ¿no?

Los cambios han sido mínimos y para colmo de males, las sucesivas ventas de terrenos no han redundado en inversiones en las propias termas. ¿A dónde fue a parar ese dinero?

Por lo tanto no dan rentabilidad y encima cuando ingresan fondos, los mismos no se destinan a mejorar la infraestructura.

Claramente son una piedra o un ladrillo en el zapato de las sucesivas administraciones.

El futuro hotel a construirse quizás pueda darle un giro a esta realidad.

Las distintas intervenciones que se hacen son cosméticas, de puro mantenimiento, no de inversión pura y dura.

Discutir a fondo el futuro de nuestros centros termales es una necesidad imperiosa.

En alguna oportunidad hemos opinado sobre la idea de concesionar los centros termales como sucede en Colón o San José.

Guaviyú tiene el “agravante” que hay piscinas, centro comercial y también es centro poblado.

Según pudimos saber un proyecto que preveía inversión importante para termas fue desechado por la actual administración que prefirió volcar recursos a un proyecto en la ciudad.

En definitiva son decisiones de los gobernantes y es respetable. ¿Pero cuándo será el tiempo?

Se nota el esfuerzo en mantenerlas prolijas, limpias.

El déficit económico en termas creemos que tiene que ser visto como déficit, no como inversión, tratándose de un centro turístico.

Seguramente habrá que esperar un nuevo período de gobierno para renovar la expectativa de un cambio fuerte, que genere el “volantaso” del que habla el intendente pero que no se ha visto en las termas.

Aclaramos, no le endilgamos toda la carga a la actual administración, pero es parte del problema y podemos llegar a entender, que gobernar es tener prioridades. Pero la realidad es la realidad.

Y acá está claro que las termas no han sido prioridad, casi de ninguna de las últimas administraciones.

Como la canción de la puerta de Alcalá: “De pronto me paro, alguien me observa, levanto la vista y me encuentro con ella y ahí está, ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo …”.