Escribe Margarita Heinzen

En el marco de la revolución tecnológica que está en curso, Paysandú ha emprendido varias acciones para poder navegar con rumbo cierto en estas aguas tormentosas. En el artículo anterior, intenté explicar lo que se está haciendo para colaborar en la redefinición de su perfil productivo, la modalidad de trabajo participativo y en red con otras ciudades y con expertos. Hoy el mundo no es global, sino hiperglobal, como escuché decir a Gerardo Caetano hace poco. Entonces, ¿cómo podemos promover la competitividad local cuando las tramas productivas se han deteriorado y no son capaces de aprovechar los nichos de las economías externas? No es tarea fácil y en ese marco complejo, ¿qué puede hacer el estado departamental para buscar sinergias? Para promover la competitividad territorial se requiere de un trabajo colectivo a varios niveles bajo un objetivo común. Como fortaleza, Paysandú ha visto aumentar sus capacidades instaladas en el área de ciencia y tecnología por políticas institucionales de los organismos de enseñanza e innovación como la Universidad de la República, la UTEC, la ANII y las nuevas opciones de formación de ANEP.

Para aprovechar estas capacidades y ponerlas en sintonía con el desarrollo de un nuevo perfil productivo, se ha propuesto la creación de un ecosistema de innovación, que va en línea con el Paysandú Innova inaugurado en 2009 por la administración Pintos. Este proyecto se presentó a concurso y fue aprobado por la ANDE /OPP. La idea del ecosistema innovador existe en varias ciudades, incluida Montevideo, y no es más que la concreción de lo que en las Ciencias del Desarrollo se conoce como el triángulo de Sábato, aunque con una mirada más amplia y flexible que lo que un triángulo puede suponer. Sábato el científico, no el escritor, desarrolló este modelo de política tecnológica a finales de los sesentas y, a pesar del tiempo transcurrido, no sólo ha mantenido su vigencia, sino que la ha potenciado, dado el marco de revolución tecnológica en el que nos encontramos. ¿Cómo podemos pensar en el largo plazo si éste es “un blanco móvil”? Una de las maneras es generando interacciones permanentes entre los actores involucrados que puedan promover una apropiación rápida de las nuevas tecnologías pero, que a su vez, puedan dar respuesta a problemas y diseñar políticas que viabilicen el contexto. En el triángulo se encuentran: el Estado (como diseñador y ejecutor de la política), la academia (como sector de oferta de tecnología y formación/capacitación) y el sector productivo (como demandante de tecnología y capacitación). Sábato postula que estos tres sectores deben estar estrechamente vinculados y en tanto no se logren inter e intra relaciones fuertes los caminos del desarrollo serán inciertos. La idea es conformar un sistema con capacidad de transferencia y divulgación de los desarrollos científicos hacia los actores demandantes, los cuales podrían materializar dichos conocimientos. El primer actor es el Estado, el cual sería el encargado de diseñar y promover un marco institucional que fomente la competitividad territorial. El segundo actor seria el sector científico-académico, el cual posee el conocimiento para aportar a la solución de los problemas y las herramientas para la capacitación y formación de los jóvenes. Y por último se encuentran las empresas privadas interesadas en el desarrollo productivo que deben, en un ida y vuelta, exponer sus demandas y problemas tanto a la academia como al estado.

Así se conformaría un ecosistema innovador en las áreas de la ciencia, tecnología e innovación, en el que se prioriza el vínculo con el sector privado y otras entidades públicas. El proyecto se concibe compuesto por núcleos de actividades: a. Difusión y Sensibilización; b. Formación y Capacitación y c. Vinculación con el sector productivo y experimentación tecnológica. El hilo conductor es el fomento del aprendizaje y el uso de nuevas tecnologías como herramienta transversal para crear soluciones aplicadas a áreas como el diseño, la cultura, la producción y la salud, entre otros. Se espera trabajar en la construcción colectiva entre diferentes instituciones, articulando saberes, experiencias y necesidades.

Para ello se diseñó un Laboratorio de Experimentación Tecnológica Digital (hacklab) como espacio de motivación, creación y aprendizaje, a cargo de la UdelaR.  Actualmente trabaja en el local de Paysandú Innova y se lo piensa trasladar al edificio de la ex COTRAPAY cuando este proyecto se ponga en marcha. Cuando hablamos de laboratorio no nos referimos a un laboratorio para especialistas o sólo para los que saben, sino laboratorio como forma, como un hacer, como un crear. El laboratorio debería ser un lugar de encuentro, para darle participación a la gente para que opine, para que piense, para que proponga cosas, para que forme parte de ese “trabajar juntos”. El laboratorio sería la sinergia de las experiencias individuales.

En la sociedad existe la percepción de la tecnología como un elemento foráneo a la tarea que desempeñan las profesiones no tecnológicas. La experiencia de desarrollar proyectos tecnológicos para sectores no tecnológicos (agropecuario, médico, biológico, social) muestra que en general la incorporación de tecnología tiene un impacto enorme y positivo, sobre todo en etapas tempranas. Sin embargo, muchas veces el factor humano es el principal obstáculo y esto sucede por la poca exposición a la tecnología que tienen las personas y la sociedad en general. Por esta razón, un espacio que permita generar motivación y acercamiento de la ciencia y la tecnología a la sociedad y en particular, a la infancia y juventud,  genera una familiarización con la tecnología que, entre otras cosas, les facilita la elección de su formación futura. Este espacio es central para llevar a cabo actividades tanto con estudiantes de diferentes niveles como con la población en general. Además del programa de sensibilización elaborado por los docentes a cargo de la carrera de Ingeniería biológica de la UdelaR, y que son socios en el proyecto, se cuenta con numerosos aportes provenientes de instituciones nacionales, como el LATU con su Escuela de Científicos, el Plan Ceibal con actividades a través del LabTED y de Ciencia Viva para traer muestras activas, ferias de ciencia, etc.

Este Laboratorio de Experimentación Tecnológica también se piensa como un espacio de interacción con el sector productivo y como herramienta en la capacitación y formación, pero eso lo plantearé en artículos siguientes.