Escribe Mauro Goldman

Me pareció ocurrente y expresiva la definición de Juan cuando nos dirigíamos a buscar la red de vóley para el torneo de futvoley que se realizaría en el balneario Municipal.

En pocas palabras dijo mucho, me dejó pensando, la dejó picando.

Juan es integrante del colectivo de colombianos en Paysandú y siempre me han interesado las opiniones de turistas o de quienes como ellos, han decidido radicarse en nuestra ciudad sobre nuestra comunidad.

Desde la locura de Bogotá a Paysandú, un camino que a Juan le interesaba recorrer por el propósito de vivir bien en pequeñas ciudades, asociado a la tranquilidad, a la paz y también claro a la posibilidad de desarrollarse familiar y profesionalmente.

Nos traen su experiencia, su visión desde otro lugar y muchas veces la alegría que por aquí no tenemos en dosis necesarias.

También recuerdo el caso de una pareja de profesores brasileños, Artur y Renata que por estos lares también nos hacen mejor nuestras vidas.

Generalmente suma a un enfoque sobre nosotros mismos, algo difícil que uno pueda hacer o que al menos resulte convincente para propios y extraños.

Una mirada al espejo, al mejor estilo de Narciso, eso no va, claro.

En algunos aspectos Paysandú va mejorando, en otros no, seguramente pasa en muchas comunidades y tiene que ver con nuestra idiosincrasia uruguaya.

No creemos eso que el sanducero es especial. O de todos modos también será especial el salteño, el mercedario.
Parece que no ..pero Paysandú va cambiando. Hay aspectos positivos, un reciente parador en la zona de la playa, un emprendimiento privado hace a una ciudad con mirada turística.

Entre los problemas que tiene nuestra ciudad, visualizamos claramente el de la autoestima. También el de la capacitación.

No creemos en lo que tenemos, es uno de los principales sino el principal problema made in Paysandú.

Si uno no cree en sus posibilidades o en este caso en las que ofrece la ciudad, es difícil por no decir imposible salir adelante.

Eso se traduce en un montón de situaciones.

Que acá no hay nada para hacer, que nadie invierte aquí, etc.

Otro de los problemas que visualizamos es la falta de confianza con el otro, en el asociativismo.

Por poner un ejemplo, tendríamos que tener una Cámara de turismo local fuerte, potente.

Seguro hay experiencias buenas pero vemos muchas veces que hay recelo en el otro cuando para salir adelante y ver un mejor futuro, es con el otro que lo voy a lograr.

El egoísmo o individualismo no nos conducen por buen camino.

Quizás aquí aparecen aspectos pueblerinos, en el peor de los sentidos.

En la entrevista que le hicimos a Guillermo Caraballo recientemente le comentábamos algunos datos surgidos de una investigación planteados por la Ing. Heinzen.

Allí planteaba, en el número 280 de 20Once que “Paysandú no tiene buenos indicadores de capital social-institucional inclusive se refiere a la falta de oportunidades laborales y de mercado. Tiene un posicionamiento entre intermedio y desfavorable en cuanto a capital social, organización gremial, organizaciones de cultura, deporte y esparcimiento y medios de comunicación”.

Datos muy jugosos para profundizar y trabajar.

Finalmente citamos a Platón, el filósofo decía, “lo que digo no lo digo como hombre sabedor sino buscando con otros la verdad”.

A seguir trabajando. Nunca mejor dicha la frase de Juan, Paysandú es una Ferrari metida en un garaje.

Hay que sacarla a dar una vuelta ..y no solo por la playa.