Escribe Alejandro González

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El amor debe ser una de las palabras mas usadas por toda la humanidad, ya sea en poemas, canciones, frases escritas o habladas, incluso como una disculpa ante un error solemos decir “es que lo hice con amor”, hasta solemos justificar conductas irracionales como los celos o la violencia doméstica con un supuesto “amor desmedido”; y cuando llegamos a ese punto cabe preguntarse si realmente entendemos de que se trata esto de amar.

Lo primero es entender que el amor es mucho mas que la mera sensación emocional de estar con alguien que nos agrada, o que nos produce algún tipo de placer ya sea físico, emocional o mental; la prueba está que generalmente “amamos” a alguien mientras nos proporcione ese placer, pero en cuanto no sea negado eso, pasamos del amor al odio en un instante, obviamente eso no puede ser amor.

También hay que comprender que es una energía tan delicada que debe ir acompañada de dos virtudes más: Orden e inteligencia. El amor aislado es problemático porque actuamos sin inteligencia cometiendo mil errores o nos volvemos demasiado blandos y permisivos; por ejemplo solemos “enamorarnos” de alguien porque es lindo o toca bien la guitarra y de inmediato nos casamos y tenemos hijos, sin pensar antes si es buena idea formar un hogar con las responsabilidades que ello requiere, solamente porque le da placer a mis ojos y mis oídos. También es necesario que el amor esté acompañado del orden, porque si nos ponemos demasiado blandos en nombre del “amor”, la gente puede abusar de esa bondad y terminamos frustrados, desilusionados y nos vamos al otro extremo, solo por no saber poner orden y decir que no cuando sea necesario; una madre que reprende a su hijo por una mala acción, lo hace porque lo ama y quiere lo mejor de él, y le marca un orden en la vida.

Entonces, ¿qué es amar?, una energía tan positiva y poderosa como el verdadero Amor no podemos abordarlo desde lo positivo, pero si descartamos lo negativo se manifestará solo, ya que el ser humano naturalmente es un ser lleno de amor, el problema es que lo deformamos. Hagamos el intento.

Hay cuatro cosas que deforman e impiden que podamos amar, y ellas son: el juicio, la condena, la crítica y la separación. Cuando juzgamos a alguien, desaprobando su conducta, lo hacemos desde un condicionamiento de que las cosas se deben hacer de una manera, por ejemplo juzgamos su sexualidad, y de eso nos impide amar, no estamos en capacidad de juzgar a nadie y como decía el Nazareno “el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”, si no estas de acuerdo con su conducta, no la ejerzas tu, pero deja que esa persona si.

Condenar a alguien a algún tipo de infierno o calamidad, si no hace o piensa como tu, o como diga algún Libro Sagrado, también es falta de amor, si es verdad que esa alma “arderá en el infierno” (lo cual es un disparate), ocurrirá de todos modos y tu no tienes que empujarla a ese desastre, ni amenazarla.

La crítica mordaz es muy siniestra, porque comete tres grandes errores: si es verdad lo que dices, al afirmarlo le agravas el problema y no lo estás ayudando; si es mentira, le estas creando el problema en su aura, cosa que jamás existía antes de que se lo achacaras, y por último es mortal para ti, porque como dice la psicología moderna, “lo que ves en los demás es lo que en realidad tú tienes”, es el reflejo de ti mismo, como un espejo, por lo tanto te estás criticando a ti mismo y aumentando tus problemas por ley de Mentalismo.

Y por último, el creerte separado de los demás, es la verdadera razón de por qué no amamos de verdad; ya que la ilusión de que somos negros, o zambos, o cristianos, o musulmanes, o de tal partido político, que nos diferencia de tu vecino, es una ilusión de la mente que genera odio. Como decía San Francisco de Assis, “dándole de comer a mi hermano, me alimento a mi mismo”, porque la realidad de amor es que somos una unidad.

Aplicando todo esto, sin hacer poemas ni canciones del amor, estaremos amando mucho más que antes y te sentirás aliviado de muchos males.