“Los recortadores, uno de sus lugares predilectos es en vivienda; -como si fuera algo suntuoso- no obstante escasa inversión y déficit existente”.
Escribe Darío Rodríguez
El cooperativismo de vivienda, el primer lunes de este mes, – como desde hace muchos años- “celebra” el día mundial de Los Sin Techos. Se desarrollan distintas actividades reivindicando la producción social de hábitat (PSH). Hoy sobresale la lucha por la rebaja de la tasa de interés para las cooperativas que construyeron a partir del 2010.
Retrovisor
Tras la dictadura cívico-militar, que dejó un país en ruinas, el primer gobierno del colorado Julio María Sanguinetti, se había propuesto eliminar cantegriles y rancherío rural. Pautaban construir 20 mil viviendas y solo 7.500 bajo la PSH. En el siguiente turno, al asumir el Partido Nacional -bajo la égida de Luis Alberto Lacalle, padre de Lacalle Pou-creó el MVOTMA y tomó como “modelo” de vivienda los Núcleos básicos Evolutivos (NBE) pergeñado por el Banco Mundial que contradecían la ley de vivienda. Eran vivienda para pobres que no atendían, ni por asombro, las necesidades de las familias; era un verdadero atentado a la dignidad de la gente. Tenían 30 metros, escasa calidad y “previsión de crecimiento”. Con tal furor neoliberal, las cooperativas no entraban en el radar del entonces gobierno y se decidió asignarle créditos en función de la capacidad de repago. Se le daba un valor hegemónico al mercado; el Estado tendría un papel subsidiario.
Sin demasiadas variantes en las políticas del sector; algunas aparecieron en el gobierno del también colorado Jorge Batlle (2000-2005) de estrepitoso fracaso y multiplicador de pobreza y pobres. Datos de la Facultad de Arquitectura, UdelaR, del 96 marcaban un déficit habitacional de 80 mil viviendas.
Reenfoque
Al asumir el Frente Amplio (FA) en el 2005, pasó a un enfoque más universalista del tema, atendiendo tanto los sectores más vulnerables como a trabajadores en general. Por otra parte, visualizaba la vivienda como un derecho insoslayable y jerarquizaba la intervención del Estado para abatir desigualdades sociales y generar instancias para el acceso a la vivienda digna. En materia institucional saneó el BHU y creó la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) dándole la función de diseñador de las políticas públicas en la materia al MVOTMA. En sus alforjas venía con una experiencia desarrollada, desde 1990, en la Intendencia de Montevideo. Allí, por ejemplo, se estructuró la Cartera de Tierra con fondo rotatorio que empujó la asignación de los préstamos a las cooperativas y otras alternativas.
En un rápido repaso de la actuación del FA al frente del gobierno nacional se pueden mencionar ciertas cosas. Sucesivamente, acordó con las Federaciones -no sin tironeos- la reestructura de deudas; eliminó la adjudicación de créditos en función de la capacidad de repago, armó la Cartera Nacional de Tierra, votó ley de ordenamiento Territorial, creó el Instituto Nacional de Cooperativismo en el marco de una norma general, subsidió la permanencia en la vivienda y priorizó las cooperativas. A lo que agrega, recientemente, la cotitularidad en las cooperativas de vivienda; instrumento que da más equidad y mitiga la desigualdad de género y otras dificultades.
Desde el movimiento popular del hábitat se puede marcar la continuidad y crecimiento de los asentamientos, la insuficiente inversión (0.4 % del PBI), flacura de la Cartera de Tierra y ciertas restricciones en las reglamentaciones que parecen acotar inversión. En el sorteo de julio pasado se presentaron 118 cooperativas (unas 3200 viviendas) para acceder a mil.
En un panorama no exento de contradicciones se pueden agregar extensión del movimiento cooperativo a todo el país, acceso a centralidades de las ciudades, insipiencia de proyectos tipo Paylana y otros programas. Una de las grandes deudas tiene que ver con el desarme del Fondo Nacional de Vivienda (FONAVI) y la insuficiencia de recursos presupuestales. Políticas sociales sin una vigorosa política habitacional quedan rengas.
Viejos conocidos
El somero repaso da cuenta de políticas ejecutadas por los partidos tradicionales. Hay que observar -en clave integral- lo que ha logrado el movimiento cooperativo y qué ofrece cada postulante. Talvi dice que hay que aplaudir a los empresarios por que generan trabajo, al tiempo que minimiza, el rol del cooperativismo en la generación de empleo. (Diversos estudios en el mundo lo sindican como el trabajo del futuro) Lacalle Pou, expresa que hará un recorte (shock) de 900 millones de dólares para atenuar déficit fiscal, sin especificar dónde pasará la podadora. Lo apuran y no aclara; se va en generalidades. Los recortadores, uno de sus lugares predilectos es en vivienda; -como si fuera algo suntuoso- no obstante escasa inversión y déficit existente. Se debe auscultar la oferta electoral y mirar los estragos regionales: 34% de pobres en Argentina. Hoy, 208 cooperativas –“una gran empresa”-están construyendo unas 7.205 viviendas. Cada semana se inaugura un complejo en algún rincón del país. “El pecado” de las cooperativas es que generan organización, construyen ciudad, valores democráticos y ponen la vivienda en clave de derecho, no de mercancía. El camino transitado se puede potenciar o recortar; asunto nada menor.
