Darío Rodríguez
El desenlace del balotaje que ungió presidente de la República a Luis Lacalle Pou, perteneciente a una familia tradicional de la política nacional y de doble apellido, encabezando una variopinta coalición de derecha y ultra derecha, hace tentador analizar el trabajo de las encuestadoras; empero no nos detendremos en ello, por el contrario, ensayaremos algunos supuestos sobre el resultado. El tiempo dará una mayor perspectiva. Entonces, por qué el oficialismo no logró continuar, es la pregunta que muchos se hacen y comienzan a esbozar algunas conjeturas.
Creemos que seis supuestos, con mayor relevancia, alcance y profundidad, explicarían el apretado desenlace y, consecuentemente, la mudanza de gobierno.
- La labor institucional del FA desplazó el trabajo político en el territorio. Por una parte, cuadros políticos fueron incorporados a la gestión y la misma -o sus comodidades- los sacaron de la práctica comunitaria. Así, progresivamente, se fue generando un fenómeno desmovilizador y se pensó que desde la institucionalidad se empoderaba a la gente. El trabajo institucional, la gestión gubernamental, tiene otra dimensión diferente al trabajo político militante. La gente, consecuentemente, quedó inerme a la hora de salir a dar batalla. Uno se puede llegar a imaginar el alto impacto de un trabajo militante en la comunidad, en organizaciones e instituciones, con continuidad y persistencia. También hubo cierta disociación con su base social primigenia.
- Lo anterior hizo que se hicieran poco visibles algunas políticas públicas que, objetivamente, impactaron en la situación de la gente. Al no dar batalla “in situ” se perdió la batalla por la subjetividad. Sobre ello la derecha machacó con insistencia en una suerte de “está todo mal” y hay que cambiar, “es ahora”.
- Episodio como el de Sendic y “Ancap” -que costó su remoción de la vicepresidencia de la Republica y su inhibición para participar del proceso electoral- y otros asuntos -adicionado el proceso de debate interno- quebró cierto pacto con un sector de la población.
- El contexto regional aportó lo suyo. No solo desde el estancamiento económico, también creando “clima”; ganando cabeza en línea con que “hay que cambiar” (?)
- El gobierno se quedó con poca capacidad de iniciativa -y a la defensiva- y, en tal contexto, no pudo, por ejemplo, instalar la significación que puede llegar a tener, en una población como la nuestra, el sistema de cuidados.
- La (in) seguridad fue otro de los factores que incidió; una de las preocupaciones ciudadanas. El gobierno no lució claro. No dio cuenta de los cambios operados y se fue inclinando hacia un mayor punitivismo, cuando la experiencia indica que el fenómeno, complejo en sus diversas aristas, no se resuelve por ahí y el mismo tiene una fuerte imbricación con el narcotráfico y una sociedad seducida fuertemente por un consumo exacerbado.
Valés por lo que tenés y, ahí, se buscan atajos. La multicausalidad del fenómeno requiere recursos (los hubo), mirada integral, tiempos, idoneidad, desalentar el consumismo feroz e ir a una política pública que involucre la comunidad. De alguna manera, el FA se fue quedando atrapado en la retórica y el accionar de la derecha. Para ésta la situación se resuelve con “mano dura” que implica cierta demagogia y facilismo. Es rastreable, en la sociedad de la información, los estragos de estas políticas y quiénes son sus víctimas. El gatillo fácil es una de sus expresiones. Quizás acá el FA pierde apoyo por izquierda.
Estas y otras cosas interactuaron, en distintos tiempos y grados. También hay méritos de los ganadores, por ejemplo, no decir mucha cosa, -las que dijeron dan para preocuparse- y desplegar una campaña electoral efectiva. De cara a las elecciones departamentales, donde inciden otros parámetros y actores y donde poco se habla de alternancia, la izquierda tendrá que retomar el trabajo político a la vieja usanza, (el trille) combinado con toda la parafernalia tecnológica. Lo que materialmente se haga para cambiar la calidad de vida de los más postergados es lo relevante, pero sin un trabajo político ideológico “in situ” –permanente- los avances, luego, no tendrán quienes salgan a defenderlos. No ir a las bases, con permanencia y escuchar, entre la gestión y la seducción del “poder” se pierde capacidad de escuchar y prestar oídos a las críticas. Es obvio, no se hizo todo bien y hubo aspectos cuestionables. Sin autocrítica, difícil…
