Dos cosas antes de empezar esta “nota”.
Primero agradecer, pero bien agradecido, a Mauro y la gente del 20Once que nos reciben por este medio.
Pero además, como en otras ocasiones, la onda es “escribí lo que quieras”, libertad total. No cualquiera te ofrece algo así.
Lo segundo, pedir las disculpas de la demora en la entrega, y que sin duda generará algún inconveniente en el armado.
Con esos previos, empezamos.
Sírvanse una, y lean.
Vos sabés Mauro que me encanta escribir (delirios de periodista frustrado?).
Pero, como toda actividad de las que me gustan en la vida, quedan para después. Y el después a veces se demora en llegar.
Cumplimos 25 años. Así nomás no parece mucho. Pero cuando te dicen: “más de dos décadas” suena bravo.
Y peor aún, cuando nos dicen “un cuarto de siglo”!!!!! Ahí si te pone a pensar y se te paran los pelos de la nuca.
El tiempo pasa, y no es mentira.
Ya se sabe todo aquello de los fogones en la EEMAC, los vinos trasnochados, las confidencias de alguna milonguita que no terminaba de nacer. Fueron muchas noches de esas.
Los dos veníamos de una historia de “cantores de fogón”.
No éramos de la misma generación, así que cuando nos conocimos, como quien dice nos pusieron frente a frente, nos mirábamos para ver de cantar juntos.
Fue el 17 de enero del año 1989. Fecha simbólica si las hay para el Canto Popular, ya que fue el día que falleció Zitarrosa.
En esa reunión, en lo de Grisel Fernández, coincidimos. Y el punto de unión fue la Milonga de Pelo largo, de Dino.
Canción simbólica si las hay también.
Ahí fue el inicio. De la simpatía mutua, del querer saber algo más el uno del otro. Y bueno, otros asados y reuniones siempre nos encontraba sentados juntos y queriendo cantar a dos voces y con dos guitarras. Ahí se nos colaba Sabina, Sui Géneris, Serrat, pero también Olimareños, Alfredo, Numa, Viglietti y una lista interminable.
En la Semana de la Cerveza de 1993 apareció un concurso, al que nos presentamos como dúo Rinaldi Castiglioni, o al revés.
Nos auto impusimos ir con canciones propias, lo cual era todo un desafío porque no teníamos más que alguna idea, alguna canción rabona que había que trabajarla para poder presentarla medianamente prolija.
Y bueno, lo hicimos, fuimos a la preselección con una sola canción: Dos palabras contra el Palo. Y de ahí al escenario de la Semana, de urgencia sacamos la Cangüetera, y luego El distraído.
Ese primer premio además de la alegría y todo lo demás, no hizo pensar seriamente qué íbamos a hacer con esa actividad.
Y a partir de ahí, además de seguir en los fogones, empezamos a trabajar en serio canciones nuestras.
Porque lo primero que decretamos, era que si nos metíamos en esto, era para tratar de aportar.
Como decía Pablo Estramín, los que cantan a dos voces en Uruguay, siempre se parecen a otros. Y créeme que durante 25 años luchamos contra eso.
Porque más allá que usemos ritmos, formas parecidas, estructuras musicales similares a los dúos que nos precedieron y enseñaron (Los Olima, L&C, Zucará) , la temática es de nuestro tiempo. Nuestros personajes, nuestros paisajes, problemas, amores y desamores. Desde nuestro tiempo. Y nuestro lugar.
Creo que en este tiempo hemos podido generar un “sonido” propio. Seguimos en eso.
¿Qué nos dieron estos 25 años?
Sobre todo y lo más lindo, conocer gente que le gusta lo que hacemos. La que se arrima y nos dice: qué lindo, o yo conozco ese paraje, o qué bien está eso.
En ese sentido, la canción que más nos ha dado ese tipo de contactos es sin duda, Pedacito de Luna. Podríamos contar mil historias de personas que se nos arrima a decir por qué esa canción les emociona tanto.
Emocionar. Esa es la función del arte. Así nos lo enseño Rubén Lena. La canción, pintura, o lo que sea de arte que no emociona, no cumple su objetivo primigenio. Puede impactar o ser un éxito de taquilla, pero si no emociona, al rato pasa de largo. Porque es sustituido por otro producto. Otro éxito.
Lo otro que logramos en este tiempo, es cantar con un montón de artistas “famosos”. Nos dimos el gusto de grabar y subir juntos a un escenario con un montón de cantores uruguayos. Los más queridos tal vez. No los nombro porque la lista es larga y podría olvidar alguno. Pero créeme, un lista muy, muy larga.
La posibilidad de cantar con gente nueva, gurises jóvenes, también es un lujo que nos damos. Hay muchachos que dicen que se criaron escuchándonos. Es muy fuerte eso. Nos da una idea de que estamos medio viejitos…
Y en general, lo logrado, se resumen en lo que se logra al hacer un festejo de estos, poder hacer un repertorio totalmente propio, con canciones que la gente conoce, con artistas invitados que canta nuestras canciones, y con una sala llena de gente. Creo que ese es el resumen.
Capaz que el camino elegido fue más difícil. El de hacer canciones propias. Sin duda. Pero las satisfacciones son inmensas.
Que Dino cante algunas canciones nuestras, es un orgullo (La bandera, Canción de colores, Una Milonga cualquiera).
Que otros cantores canten y graben Pedacito de luna, Chiquitín Portela, Chamburí, es realmente la satisfacción de que lo que hicimos, no está tan mal.
Este sábado 27 de octubre, en el Florencio Sánchez, será especial.
Primero porque es “en casa”. Donde nacimos.
Luego porque festejaremos con cantores de Paysandú, de los que hemos conocido y aprendido durante todos estos años. Omar Romano, Miguel Palomeque y Tito Mendaro. Con todos ellos hemos hecho un montón de cosas. No solo cantado. Hemos hecho discos juntando gente para que grabara por primera vez, dos discos de LOS CANTORES DE PAYSANDÚ. Hemos peleado por algún presupuesto participativo. Hicimos festivales como el CANTA HEROICA y ESTUCANTO, que siempre pretendimos que fueran un punta pié inicial para dejar instaurado un festival de canto popular o folclore en Paysandú. Que aún no se ha dado.
Parece mentira: Paysandú fue de los primeros lugares del interior donde se realizaron festivales importantes, y hoy es uno de los pocos departamentos que no lo tiene.
Larbanois Carrero siempre recuerdan que se conocieron acá, en un festival concurso en Estudiantil.
Así que compartir con Omar, Miguel Angel y Tito, será otro lujo que nos damos como regalo de cumpleaños.
Y estar acompañados por músicos como Ramiro Della Valle, Eduardo Corti, Daniel Sánchez, Javier Gómez y Jorge medina, sin dudas, es otro lujo. Y es un orgullo poder tocar con ellos.
Como decimos siempre, volver a cantar en Paysandú, es como venir a rendir cuentas. Mostrar lo que estamos haciendo.
Nuestro repertorio es muy sanducero. Muchos parajes, personajes y situaciones de Paysandú nombramos en nuestras canciones.
Fueron muchos años viviendo por estos lares.
Aún nos cuesta seguir haciendo canciones que no nombren algo de Paysandú.
Ya llegarán nuevas que hablen de otros lugares. Sin duda llegarán.
Pero los nombres que pronunciamos en las canciones, son una caricia a nuestros labios, alivian la garganta. Son nombre muy dulces. Y los cantamos con mucho, mucho cariño. Cangüé, Queguay, Chapicuy, Tambores, Quebracho, La tentación, Constancia… Casa Blanca… Vaya si son dulces.
Gracias por acompañarnos.
Salú!
Tantomán.
