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Escribe Darío Rodríguez
Los amantes de la nostalgia, a la que incluso se la celebra con fines comerciales, relatan que todo tiempo pasado fue mejor; parado en ese supuesto hilvanan sucesivos relatos. Pero, ni tan tan, ni muy muy…
Más allá de lo difícil que es que se asuma que la salud es un derecho y no una mercancía, otrora había, ostensiblemente, una atención para pobres y otra para ricos. Los pobres iban a salud pública y los más ricos a la privada. Ello, como en todas otras materias, se cruzaba con cierta inequidad territorial: mejor equipamiento en Área Metropolitana, formación, disponibilidad de recursos humanos, especialistas e infraestructura. Al ser una mercancía más, vemos médicos empresarios, algunos salarios de escándalo y personal con dos/tres trabajos para subsistir. De alguna manera en algo tal extremo se morigeró.
Atrás quedó el procedimiento que para obtener un “carnet de pobre”, para atenderse en salud pública o conseguir un medicamento había que tener algún conocido: el “viejo y querido clientelismo” en el cual se cimentó buena parte de nuestra historia.
Dicen, al comparar el país con otras realidades, que la existencia de un sistema sanitario, que fue reformulado, posibilitó enfrentar la actual emergencia, sin precedentes, en mejores condiciones. Aunque en esta materia inciden infinidad de factores extra sanitarios. El Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) mejoró servicios, infraestructuras, niveles salariales, equipo centros asistenciales, normativizó actuaciones; en definitiva creó una nueva gobernanza del sistema (incluyendo trabajadores en su gestión), separando la definición de políticas (MSP) de su ejecución y control (ASSE), articulando, desde el Estado, con los privados, aunque no incorporó a todos los prestadores (Hospital Militar, por ejemplo) al sistema. Salud pública pasó a tener centros de referencia como el Hospital Maciel, el de Tacuarembó, Hospital de Ojos (Saint Bois) o el CUDIM. No logró, por ejemplo, evitar el doble/triple trabajo del personal, acortar más los plazos para acceder a especialistas o a estudios; extremo que se agudiza con la pandemia sanitaria en curso. Para variar, los rezagos siempre perjudican a los que tienen menores posibilidades y están lejos de los centros de decisión; aquí o allá.
En la pasada edición de 20Once, analizando el presupuesto quinquenal en debate parlamentario, Ana Ferraris, Braulio Zelko, Federico Araya y GermánBenítez /Grupo Jueves, escribieron que “el proyecto presupuestal contiene un recorte de al menos 15.000 millones de pesos para 2021, y de estos, casi 10.000 millones se obtienen “ahorrando” recursos en los organismos encargados de implementar políticas educativas, sanitarias, de vivienda y de protección social”.Hilando más finos, aducen que “en salud, los 2.100 millones de pesos de recorte previstos en la Administración de los Servicios de Salud del Estado(ASSE) tendrán como consecuencia una caída del gasto por usuario mayor al 10% real entre 2019 y 2021. Tratándose de un organismo que funciona con menos de 80% del gasto por usuario que sus competidores privadas, es difícil pensar que tales recortes puedan compensarse con mejoras de eficiencia”. Esto incide directamente en la atención que se brinda; no es literatura fantástica. Al personal de la salud, que viene sosteniendo la atención soportando un enorme stress, -y pese a la rebaja salarial que tendrá en los próximos años-, no basta con elogiarlo, hay que darle condiciones laborales adecuadas.
Lo positivo que implicó (y negativo también) el SNIS tuvo su expresión en Paysandú. A todo ello hay que agregar la presencia de la UdelaR en territorio con distintas formaciones en área salud.
Aquí, la atención a la población la hace ASSE (Hospital, Policlínicas), privado y, en cierta medida, Intendencia Departamental. Entre los distintos prestadores hay niveles de coordinación, complementariedad, venta de servicios, etc. Se supone que la atención primaria, controles sin mayores complejidades se hacen desde las Policlínicas (tres de ellas en cooperativas de vivienda) La emergencia sanitaria, deja en evidencia las dificultades existentes que sería interesante se explicitara con claridad a qué obedecen. ¿Sólo por la pandemia?Por ejemplo, algunas policlínicas barriales los 20/25 de cada mes quedan habilitadas, centralmente, para dar número para atender niños/adolescentes el mes siguiente. Lo complicado aquí es que dan solo 20 números. Imaginemos 20 números para atender en el P.3 con los miles de usuarios ubicados en su radio de acción. Como todos saben es la zona más poblada de la capital. Ello hace que la gente vaya dos/tres de la mañana para acceder a un número, si no llegatendrá que volver el mes siguiente e iniciar el peregrinaje.Además, más allá de la buena predisposición del personal, los números se entregan recién a las 10 de la mañana. Esto retrotrae a 20/30 años atrás. Además, la gente, más allá del distanciamiento físico y uso de tapabocas debe esperar sin las condiciones adecuadas y a la intemperie. Esto no parece perturbar a las autoridades locales. Además atienden una sola persona que vaya de “urgencia” a una policlínica. De nuevo: hay que ir en la madrugada (¿pero si no tenías la necesidad?) Tal política puede saturar la emergencia del Hospital, al recargarla. Hay otros retrasos. Es cierto que la comunicación no puede ser un fuerte de las autoridades nacionales y departamentales, no obstante una población informada contribuye a sobrellevar las dificultades.Hay que informar a la ciudadanía si la pandemia hará que los recursos, al no incrementarse, se vuelquen al combate de la misma y el resto quede a la espera. ¿Cuál será la ponderación, el punto de equilibrio? Debe ser una decisión explicitada no operar por la vía de las comunicaciones internas. Saber si las metas asistenciales comprometidas se cumplirán o no.
Pero desde ya se deberá estar calibrando el impacto concreto que tendrá el recorte presupuestal en la salud pública y, por otro lado, el trasiego de usuarios hacia ASSE fruto de la crisis económica y de las medidas del gobierno. La cercanía de la vacuna que combata el Covi19 quitará un serio problema que tiene la humanidad, aunquela emergencia desnudó los cambios que están incidiendo en la prestación de un servicio esencial que la misma solapó. Adivinen a quién castigan los recortes en las políticas sociales, ¿será que así se protege a los más débiles?
