Texto de Margarita Heinzen

Mientras Shakira llenaba el Estadio Centenario con su gira “Las Mujeres no lloran”, en La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), otra mujer, uruguaya y escritora, recibía por segunda vez el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El Monte de las furias. Este premio, dotado con 10.000 dólares, fue concebido en 1993 por la escritora nicaragüense Milagros Palma para reconocer el trabajo literario de las mujeres de habla hispana. También han recibido este galardón Claudia Amengual, Claudia Piñeiro, Camila Sosa Villada, Almudena Grandes, Marcela Serrano, Elena Garro y Cristina Rivera Garza también en dos ocasiones, .

Como soy una nerd de las letras, como me dijo un amigo, debo reconocer que este fue uno de los momentos que más me emocionaron de todo lo que viví en la FIL. No por el premio, sino por el discurso de Fernanda, que puso en palabras muchos de mis sentimientos.

Recordemos que Trías fue distinguida en el 2021 por Mugre rosa, y ahora fue reconocida por El monte de las furias, una novela que, explicó, surgió de una búsqueda distinta y de un estado de riesgo que considera necesario para su trabajo literario. A partir de ahí, la autora reflexionó sobre los desafíos de escribir después de un premio que, según dijo, se convirtió en una especie de impulso y carga, como expresó el escritor irlandés, Samuel Beckett, cuando dijo, “solo nos queda fracasar mejor”. Según Trías, para construir la novela asumió el riesgo de llevar el lenguaje a una frontera en la que la voz narrativa pudiera centrarse entre lo íntimo, el territorio y la búsqueda de una expresión propia. ¿Cómo habla una montaña? ¿Y las plantas? Trías señaló la necesidad de nombrar lo que escapa a las palabras. Leyó un fragmento de su novela donde la protagonista imagina nuevas formas de lenguaje para describir lo que sienten las plantas: “Deberíamos inventar palabras nuevas para describir los sentimientos de las plantas… A mí me gustaría que esas palabras fueran un sonido largo, una vocal, pero con un sonido distinto al a e i o u. Un sonido inimaginable, nuevo, un sonido hecho de olor”.

También situó El monte de las furias como una exploración sobre una mujer y una montaña que conviven, se observan y se interpelan desde la soledad. En su discurso citó fragmentos que muestran esa relación. “cuando la mujer entiende que ella no vive en la montaña sino con ella, una pequeña distinción lingüística marca el inicio de un tránsito”, leyó.

En ese vínculo, explicó, aparece una pregunta sobre el conocimiento y la palabra, retomando a Sor Juana Inés de la Cruz para hablar de los espacios históricamente negados a las mujeres dentro del saber y la escritura. “Narrarnos a nosotras mismas no es un capricho, sino una manera de reafirmar nuestra existencia”, apuntó.

“Espero no sentirme nunca demasiado cómoda en la escritura, desacomodarme primero para incomodar después”, afirmó Fernanda Trías. “Yo me alegro mucho cada vez que incomodo a las personas correctas, me reafirma en que voy por el buen camino que es el de abrir mi propio camino a golpe de machete, pero un machete cuyo filo es la palabra”, indicó.

Señaló que desde joven entendió que con un libro en las manos “nunca estás sola” y sin embargo, en sus textos dibuja “mujeres solas, atrincheradas, feroces”, que encuentran en su soledad “la fuerza de la que no se creían capaces”.

También reflexionó sobre el lenguaje como un terreno que exige resistencia ante ciertos modos contemporáneos de producción. Para ella, escribir implica explorar una lengua híbrida, móvil, marcada por los cruces culturales y los desplazamientos geográficos. “Una lengua bastarda es la que hablo yo”, dijo, enfatizando los diez años que ha vivido en Colombia y los otros diez en movimiento.

La escritora cerró su intervención agradeciendo a los autores que la acompañaron durante el proceso creativo. Entre ellos mencionó a nuestros compatriotas Felisberto Hernández, Marosa di Giorgio y Armonía Somers, a Sara Gallardo, Elena Garro, Agatha Christie, y Jaime Saenz. Con una imagen, tomada de este último, concluyó su discurso.

“Quizás la montañera, mucho más pura que yo, haya encontrado en lo profundo del bosque su piedra imán. Yo, en cambio, la seguiré buscando en la escritura, aunque alcanzarla resulte imposible y acercarme a ella sea el trabajo de una vida”, afirmó.