Texto de Margarita Heinzen

Si bien ya hace un mes que volvimos de Guadalajara, cumplo con 20Once en continuar con algunas notas que el escritor mexicano Juan Villoro bien podría llamar “de tentación”. Según Villoro, las notas periodísticas se dividen en dos: de necesidad y de tentación. Las de necesidad son aquellas sobre hechos de actualidad, las que el lector busca y que no pueden faltar en los titulares. Por el contrario, las de tentación son las que los lectores no necesitan ni buscan pero que leen con gusto si las encuentran. Se refieren a aspectos de la vida cotidiana, reflexiones del autor sobre diferentes aspectos de la vida, crónicas de viaje, etc. Me pliego entonces a esta clasificación de Juan Villoro para hacerles llegar esta nota “de tentación”.

Guadalajara es la capital del estado de Jalisco y es la ciudad que cuenta con mayor densidad de población. Junto con su área metropolitana tiene una población de 5 268 642 habitantes. En México, Guadalajara es un centro de negocios, arte, cultura, tecnología y turismo, además de ser el centro económico de la región del Bajío. Suele figurar entre las 100 ciudades más productivas y competitivas a nivel mundial. Como lugares emblemáticos podría nombrar la Catedral, el Teatro Degollado, el Templo Expiatorio, el Hospicio Cabañas, que es Patrimonio de la Humanidad, y el Mercado de San Juan de Dios, el mercado cubierto más grande de Latinoamérica.

En una de las caminatas por el centro histórico nos sorprendió un edificio con aspecto de templo neoclásico, que adelantaba su fachada hacia una especie de “zócalo” pequeño. Nos acercamos con curiosidad y vimos que se trataba de la biblioteca Iberoamerica «Octavio Paz» de la Universidad de Guadalajara, institución responsable de la FIL y una de las más prestigiosas del país.

El edificio es espléndido y, de entrada, la puerta deslumbra con un tallado del artesano tapatío Juan Hernández con diseño del gran pintor muralista Alfaro Siqueiros. En cada cuadro de sus dos hojas cuenta con tallas de personajes como Emiliano Zapata, Benito Juárez, Francisco Villa, León Trotsky, Karl Marx, Friederich Engels y Lenín.

De forma de conocer la historia y actividades de la biblioteca, conversamos con uno de los encargados, Ricardo Raso Navarro, bibliotecario por práctica, como aclaró él desde el principio. Nos contó que lleva 33 años trabajando allí y que al principio existían estrictas normas de silencio y modales impuestas por las antiguas bibliotecarias, lo que en parte alejaban al público. Sin embargo, comenta, con el tiempo estas reglas se fueron flexibilizado y hoy sus salas de lectura, infantil (inaugurada en 2000) y de eventos son muy demandadas, lo que pudimos constatar en parte.

Respecto a la historia del edificio, Raso Navarro nos relata que en 1667 nace como capilla de Loreto de los jesuitas. Luego de la expulsión de la orden del Virreinato de Nueva España, se fundó en ese edificio la Universidad de Guadalajara en 1792. Luego sería Palacio Legislativo y posteriormente saqueado y convertido en cuartel en 1914, durante la Revolución. Después, el gobierno entrega el edificio a la Universidad, nuevamente. En 1924, al interior de la biblioteca, Amado de la Cueva y David Alfaro Siqueiros pintan unos murales que cubren hasta hoy las bóvedas y techo del edificio. La obra se titula Ideales agrarios y laboristas de la Revolución de 1910 y fue concluido en 1926. Estos murales siguen una línea estética prehispánica de dibujos planimétricos en los que predomina el color rojizo del barro. En ellos se exaltan las luchas sociales y la unión sindical, acciones que promovía Siqueiros, quien pintó los personajes de Zapata, los mineros y los obreros. Amado de la Cueva pintó los elementos que representan la herramienta de los trabajadores. Este es un mural que sintetiza las luchas sociales de la etapa posrevolucionaria, así como los progresos técnicos de la plástica.

De la construcción original sólo queda la capilla de Loreto, pues en 1938 se derribó buena parte del conjunto conventual. Durante varias décadas del siglo XX, el antiguo templo de Santo Tomás fue utilizado como oficinas de Telégrafos. En el año 1985 el Gobierno de Jalisco lo vuelve a ceder a la Universidad de Guadalajara y se crea el actual proyecto de biblioteca.

Ricardo Rosa Navarro comenta: “Tres veces fue entregado a la Universidad: era su destino”.

Con motivo de la Primera Cumbre Iberoamericana de 1991, la Universidad de Guadalajara resolvió crear una biblioteca pública que sólo albergara libros y materiales de los países de Iberoamérica. En el circuito superior del edificio, desde donde se puede acceder a las estanterías abiertas, están los libros de los países por orden alfabético. Casi al final del anillo, encontramos la sección de Uruguay, bastante bien nutrida de nuestros autores clásicos (Onetti, Benedetti, Galeano, Idea Vilariño, Tomás De Mattos) pero también de autores actuales, tanto como que tuve la sorpresa de encontrar uno de los míos (Un montón de espejos rotos) y una copia de China es un frasco de fetos, primera novela de Gustavo Espinosa, agotado en el país y del que ni su autor guarda copia. Me dio gusto enviarle una foto porque sé lo que lamenta haberlo perdido.