Cine sobre hoyos que devoran todo.
by Salomón Reyes
Al ver el primer pozo, bajé la velocidad para evitar que alguna de las llantas delanteras pegara de lleno sobre él. Aunque esa maniobra salió bien, librado el primer pozo aparecieron más pozos de diferentes tamaños. Si no había caído en el primero, era probable caer en cualquiera de los siguientes. Con reflejos rápidos, observé que a la izquierda había menos pozos y maniobré rápido para cambiar de carril. Mientras volanteaba, divisé a través del espejo, que otro auto se acercaba a mayor velocidad. No solo debía cuidarme de los pozos sino también cuidar ahora debía evitar que el auto de atrás, no se estampara con el mío. Vi sus luces muy cerca pero por suerte, bajó la velocidad de golpe. Como en una secuencia en cámara lenta, vi como su costado derecho, se hundía en el bitumen más de lo normal. No alcanzó a esquivar el pozo más grande y una vez que la rueda estuvo dentro, me llegó a los oídos un crujido de metal. Algo se le había roto.
Esto no es una ficción. Ocurrió cientos de veces y con múltiples variantes sobre las distintas calles y avenidas de Salto, en los pasados días lluviosos. La ciudad fue perforada como si hubiera recibido una tormenta de meteoritos.
Con esta dinámica de aparición de pozos, llevamos muchas temporadas. De hecho, podríamos decir que Salto nunca fue una ciudad libre de pozos, no al menos desde que vivo en ella. No es trabajo de esta columna ahondar en las causas de esta tragedia moderna que los habitantes de Salto padecemos cada tanto sino en lo buena que puede resultar para el cine, la idea de que un enorme pozo devoré casas y personas.
En el 2021, los coreanos del sur, que son buenos haciendo cine catástrofe y cine de sobrevivencia, estrenaron “Sinkhole” (Socavón), en donde se plantea que, debido a las lluvias, se crea un gigantesco en una de las calles de un barrio poblado y comienza a tragarse los edificios y a sus habitantes. Parece exagerado pero no tanto. En Salto he visto aparecer socavones de medio pelo que se abren de repente y que con poco de esfuerzo, podrían tragarse medio auto. Volviendo a la película, el enorme pozo provoca que los personajes terminen cientos de metros bajo tierra y deben luchar para volver a la superficie mientras el pozo se va llenando de agua de lluvia. ¿Les suena?
En 2013, otra película estadounidense que también se llamó “Sinkhole”, relata el drama de un grupo de jóvenes que viajando en un autobús se ven sorprendidos por la apertura, frente a ellos, de un pozo enorme que provoca que el autobús comience a deslizarse dentro del mismo. Los personajes intentan salir con vida de esta situación límite pero como la película es malísima, no vale la pena ni que la busquen ni que les cuente como se libraron de semejante pesadilla.
Un poco más lejos, en el año 2000, otra película con sello EUA “On hostile ground” (En terreno hostil) cuenta como en plena fiesta de Mardi Gras en Nueva Orleans, se abre un enorme socavón que amenaza con devorar a miles de turistas, que visitan la ciudad para celebrar la más famosas de sus fiestas. La peli que también es muy mala, enfrenta a los intereses genuinos de salvar a los turistas contra los intereses mezquinos y corruptos de seguir con la fiesta a pesar del enorme peligro que se cierne sobre la ciudad.
Estos tres ejemplos sirven para demostrar que los pozos y los socavones pueden aparecer en cualquier momento y por causas muy diversas pero siempre existirá un camino posible para que el impacto negativo que conlleva su aparición, se reduzca. Que haya autos con amortiguadores, plásticos y gomas rotas, puede ser el mal menor pero cuando esos pozos cobren la vida de personas como ya ocurrió, el mal mostrará su peor cara.
Cuando aparece un pozo, no se trata de dar la alarma para ir a taparlo. Se trata de cómo hacer para que en un año, en un mes o en una semana, ese pozo no reencarné en otros pozos más cinematográficos, más inhumanos y más peligrosos. No sé ustedes pero yo no quiero que en la próxima lluvia, me tenga que comer un pozo o mejor dicho, el pozo malo me termine devorando.