El docente Pedro Russi analiza el escenario electoral brasileño, el peso de los sectores religiosos, la intervención de Donald Trump y las tensiones institucionales que atraviesan al país a pocos días de las urnas. La elección no se limita a la disputa presidencial: también estarán en juego el Congreso, los gobiernos estaduales y sus cámaras, una correlación de fuerzas decisiva para el próximo período.
Brasil se encamina a una elección que, por sus dimensiones y por el contexto internacional en el que se desarrolla, trasciende ampliamente sus fronteras. Para el docente e investigador Pedro Russi, el proceso electoral brasileño constituye un punto de quiebre en el escenario latinoamericano y debe ser observado no solamente a partir de la disputa entre el lulismo y el bolsonarismo, sino también desde las tensiones institucionales, el papel de las iglesias y la intervención creciente de Estados Unidos.
Russi, que vivió durante varios años en Brasil y desarrolló allí buena parte de su formación y trabajo como docente e investigador durante 20 años, plantea que la elección tiene características particulares que muchas veces no son advertidas desde otros países de la región. La primera vuelta está prevista para el 4 de octubre y, si ningún candidato alcanza la mayoría requerida, la segunda instancia presidencial será el 25 de octubre.
Pero la jornada del 4 de octubre tendrá una importancia que excede la elección del presidente. También se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados, integrada por 513 bancas, y 54 de los 81 escaños del Senado Federal. Además, estarán en disputa 27 gobiernos estaduales y sus respectivas vicegobernaciones, junto con las asambleas legislativas de los estados.
Esa composición puede determinar buena parte de la gobernabilidad posterior. Como explica Russi, un presidente puede resultar elegido y, al mismo tiempo, encontrarse con un Senado y una Cámara de Diputados con una mayoría de signo político diferente. Por eso, la elección legislativa aparece como una pieza central de la disputa.
Según el investigador, el bolsonarismo llegó a plantear como estrategia la búsqueda de una mayoría parlamentaria que permitiera posteriormente avanzar contra el Ejecutivo mediante mecanismos institucionales, entre ellos un eventual proceso de impeachment. Como ya es conocido en la historia reciente de Brasil, el Impeachment a Dilma Rousseff.
Una disputa que excede a Brasil
En ese contexto, Russi observa una característica que considera particularmente significativa: la participación explícita (intervención) del presidente estadounidense Donald Trump en la política brasileña.
Para el investigador, se trata de una intervención directa de un mandatario extranjero en una elección de Brasil, expresada en distintos frentes y con respaldo a sectores vinculados al bolsonarismo y al Partido Liberal (PL). En ese marco, interpreta que la disputa brasileña también debe leerse dentro de una confrontación geopolítica más amplia.
Brasil, por su dimensión territorial, demográfica y económica, ocupa un lugar estratégico en América del Sur. Russi destaca sus recursos naturales, sus reservas de biodiversidad, las tierras raras y los nuevos espacios donde se ha encontrado petróleo. Con unos 240 millones de habitantes y alrededor de 158 millones de electores, la dimensión de su mercado electoral convierte cualquier definición política brasileña en un acontecimiento de alcance regional.
En esa lectura, la figura de Luiz Inácio Lula da Silva adquiere también una dimensión internacional. De allí surge la interpretación planteada en un artículo de Le Monde Diplomatique: que Lula no estaría enfrentando únicamente al bolsonarismo, sino también a Trump y al proyecto político que representa.
El peso de la religión
Uno de los componentes que Russi considera fundamentales para comprender el escenario brasileño es el factor religioso.
El crecimiento de sectores neopentecostales y neoevangélicos, junto con la presencia de corrientes ultraconservadoras dentro del catolicismo, constituye para el investigador una estructura política y cultural que va más allá del voto. La religión, señala, funciona como un factor de apoyo tanto para sectores vinculados al bolsonarismo como para el campo que respalda a Lula, aunque desde perspectivas diferentes.
Russi vincula además esta dimensión religiosa con una transformación más profunda de la cultura política brasileña. En su interpretación, no se trata solamente de determinar a quién votan determinados grupos religiosos, sino de observar cómo determinadas concepciones se incorporan al debate público y al sistema de pensamiento de una parte de la sociedad.
También establece una conexión entre estas corrientes y determinados vínculos políticos y jurídicos con Estados Unidos. En ese marco menciona el antecedente de la destitución de Dilma Rousseff y el proceso judicial que llevó a Lula a prisión, episodios que interpreta como parte de una sucesión de conflictos institucionales que continúa teniendo consecuencias en la política brasileña.
La tensión en el sistema judicial
A pocas semanas de las elecciones, otro de los elementos que Russi coloca en el centro del análisis es la disputa dentro de las instituciones judiciales brasileñas, especialmente en torno al Supremo Tribunal Federal.
El investigador describe un escenario de creciente tensión, en el que diferentes actores buscan modificar equilibrios dentro del sistema jurídico. Entre los protagonistas aparece Alexandre de Moraes, ministro del Supremo Tribunal Federal que tuvo un papel central en las investigaciones contra Jair Bolsonaro y el bolsonarismo. Así como el ministro del STF, André Mendonça, denominado corro terriblemente evangélico, según el expresidente Jair Mesias Bolsoraro.
Russi sostiene que la disputa judicial se encuentra estrechamente vinculada con la batalla política y electoral. En ese contexto, menciona también conflictos relacionados con la Policía Federal y con la divulgación de informaciones reservadas, que, según su interpretación, contribuyeron a generar un clima de incertidumbre.
La consecuencia, advierte, es que la campaña puede desplazarse desde la discusión de propuestas y programas hacia una disputa centrada en las instituciones y en la propia legitimidad del proceso democrático.
Minas Gerais, un estado bajo la lupa
Dentro del mapa electoral brasileño, Minas Gerais ocupa un lugar particular. El estado es considerado un territorio testigo por su diversidad política y social y por el comportamiento que ha mostrado en elecciones anteriores.
Russi explica que Minas Gerais presenta una combinación particular: pese a contar con sectores políticos fuertemente conservadores, también ha registrado importantes respaldos al PT y a Lula. La posibilidad de realizar un voto cruzado permite, además, elegir candidatos de diferentes fuerzas para distintos cargos.
Un elector puede votar a un gobernador de una fuerza política y, simultáneamente, elegir a un candidato presidencial de otra. Esa característica contribuye a explicar determinadas contradicciones aparentes en los resultados del estado.
Por su diversidad geográfica, social y política, Minas Gerais se ha convertido así en un espacio especialmente observado por analistas y especialistas.
La batalla por la legitimidad de las urnas
Otro punto sensible será la aceptación de los resultados electorales. Brasil utiliza desde hace años un sistema de votación electrónica que Russi considera altamente seguro. El investigador relata incluso haber conversado con integrantes de la Policía Federal para comprender los mecanismos de seguridad del sistema.
Sin embargo, recuerda que la confiabilidad de las urnas electrónicas ya fue cuestionada en elecciones anteriores por el candidato Aécio Neves cuando que derrotado por Dilma R., y en la elección reciente pasada por J. Bolsonaro, y que ese debate volvió a adquirir relevancia en el contexto actual. Para Russi, existe el riesgo de que una eventual disputa sobre los resultados termine trasladando la confrontación política al terreno de la legitimidad electoral.
La cuestión adquiere especial importancia porque el escenario político brasileño llega a las urnas atravesado por una fuerte polarización y por conflictos institucionales.
Movilización social
Frente a este escenario, Russi destaca la movilización de distintos sectores de la sociedad brasileña. No solamente participan las estructuras partidarias vinculadas al PT o al lulismo. También se han movilizado organizaciones sociales, sindicatos, referentes de la cultura y la educación y movimientos como los Sin Tierra y los Sin Techo.
Esa movilización se expresa tanto en las calles como en espacios culturales y plataformas digitales. Para el investigador, refleja la percepción existente en determinados sectores de que la elección no representa únicamente una competencia entre partidos, sino también una discusión sobre el rumbo institucional del país.
En paralelo, la intervención de Trump agrega una dimensión internacional al proceso. Russi menciona una reciente comunicación del presidente estadounidense dirigida a Lula, que interpreta como una amenaza y como una cuestión vinculada con la soberanía brasileña.
La respuesta de Lula, según señaló en la entrevista, estaba prevista para el ámbito internacional, en el marco de su participación en Naciones Unidas.
Así, Brasil llega a una elección que combina una disputa presidencial de enorme trascendencia con una renovación parlamentaria, elecciones estaduales, una fuerte movilización social, la influencia de las iglesias y una creciente tensión institucional.
Para Russi, el desafío consiste en comprender que lo que está en juego no puede reducirse a una tradicional confrontación entre izquierda y derecha o entre el PT y el PL. El proceso electoral se desarrolla dentro de una disputa más amplia, en la que también están involucrados el futuro de las instituciones, la legitimidad de las urnas, la soberanía nacional y el papel que Brasil pretende desempeñar en el escenario internacional.
Foto Agencia Xinhua.

