Margarita Heinzen

La Casa de los Escritores del Uruguay comenzó en junio pasado un ciclo de conversatorios con escritores que viven y producen fuera de Montevideo. Este nuevo ciclo se llama Paisaje Interior y con él se busca conversar con los escritores de distintos Departamentos para conocer su trabajo, visibilizar sus problemas de producción y difundir sus obras. Ya se han realizado los encuentros por zoom con escritores de Colonia, de Tacuarembó y de Paysandú. El próximo encuentro es el 31 de agosto con escritores de Rocha.

El martes pasado tuvimos el conversatorio sanducero en el que participamos junto a Carlos Caillabet, Jorge Jesús, Lucía Borsani, Marco Rivero y Mario Pons. Para esa oportunidad nos habíamos propuesto dar, al comienzo, un pantallazo de la “realidad” cultural del Departamento, lo que rápidamente descartamos por ser una empresa que nos excedía. Por suerte. A poco de andar, cada uno empezó a aportar desde su conocimiento, nombres, eventos, actividades y constatamos que era mucho: muchas actividades, muchos lugares, mucha gente trabajando por la cultura, por lo que un relevamiento de estas características iba a resultar incompleto y, por lo tanto, injusto. Por suerte, repito.

Recortamos entonces esa “realidad” para quedarnos sólo con lo literario y los libros. Probablemente igual seamos injustos. ¿Dónde poner el límite? ¿El Centro de Investigación Histórica está vinculado a la literatura o no? ¿las librerías privadas entran en el relevamiento o no? ¿Incluimos las bibliotecas de clubes e instituciones, además de las públicas y comunitarias?

Al final, definimos categorías que nos ayudaran a ordenar la información.

Empezamos por las infraestructuras y las primeras son, por supuesto, las bibliotecas. La remozada Biblioteca Municipal José Pedro Varela es un lujo con el que cuenta Paysandú, espacio del que carecen otros Departamentos del país. La Biblioteca es actualmente un centro de divulgación de la información que contiene y de la que circula, con un espacio infantil polivalente, un auditorio para actividades de la comunidad y espacios para estudio individual y grupal.  Si bien podrían aumentarse las compras para mantener un acervo actualizado, las actividades conexas y los espacios especializados permiten ilusionarse con un ámbito que facilita el acceso a todos. También en la órbita de la Intendencia funciona el bibliobús, una donación recibida por el gobierno anterior y que potencia el alcance de la Biblioteca al volverla transportable. Atrás quedaron las épocas en que había que salir con cajas de madera o montar puestos en las playas o los parques para promocionar la lectura y el acceso al libro. Cometido similar cumplen las Biblioheladeras que con originalidad hacen llegar los libros un poquito más lejos.

Hay bibliotecas comunitarias en Bella Vista, en Quebracho y en Parada Esperanza. Hay muchas más como la de la Junta Local de Cerro Chato de carácter municipal y otras en las instituciones sociales e incluso deportivas en las que hay libros a disposición de sus afiliados.

A raíz de la pandemia y tal vez facilitados por el zoom, comenzaron a funcionar dos Clubes de Lectores: el CLEP (Club de Lectura de Paysandú) y el de CEUPA-Uni 3. Buenas noticias para las letras porque los libros siempre van a necesitar lectores.

Funcionan también grupos de promoción de la lectura, el grupo Re-creo y Paysandú lee y lee. Lamentablemente este año el Plan Nacional de Lectura, que, con Mabel De Agostini tanto trabajó años anteriores, se quedó sin representante en el Departamento.

Hay al menos cuatro talleres literarios o de escritura creativa en funcionamiento: el de la Alliance Francaise coordinado por Liliam Silvera, el de la poeta Jesuina Sánchez, el Taller No Excluyente, coordinado por Marco Rivero y Mario Pons, el de CEUPA Uni-3 que yo animo y el grupo de escritores Paysandú Escribe, resultado de un taller realizado hace unos años con Andrés Tulipano y que tiene un formato más horizontal que los tradicionales talleres con participantes y un coordinador. ¿Hay otros? Me gustaría saber si hay otros grupos de gente que escribe y que se reúne a escribir y a compartir sus producciones.

También relevamos eventos culturales que han tenido continuidad y vimos bastante dinamismo: cinco ediciones de la Feria del Libro, que se suspendió por la pandemia en 2020 y esperemos que continúe una vez superada; 15 años del Festival Sueñapalabra que se hace en octubre; dos ediciones del festival de historietas Heroica Comics, y un encuentro de escritores y gestores culturales, llamado Paysandú y los libros. También Paysandú se ha plegado a la Noche de las librerías, evento que nació en Montevideo pero que se ha ido extendiendo hacia otros territorios.

No quiero que esta nota quede como una lista de compras incompleta de cosas que se hacen en Paysandú.

De lo que va del ciclo de conversatorios de la Casa, Colonia mostró un espectro de escritores que están produciendo y proponiendo alternativas más allá de lo que llegue o no de Montevideo. Reclaman mayor intercambio con otras regiones del país, proponen resolver los problemas de edición localmente y lamentan la ausencia de crítica literaria, como hubo en otros tiempos, que nos ayude a crecer a todos. En Tacuarembó el paisaje aparece más desolado. Después de las glorias que el departamento dio al país, los escritores que participaron plantearon falta general de iniciativas culturales, falta de apoyo por parte de la intendencia y aislamiento entre ellos.

Por su lado, Paysandú mostró gran dinamismo, ganas de sumar y, aparentemente, falta de problemas interpersonales. El centralismo montevideano no apareció en el vocabulario y pareció haber un momento fermental en el que surgen ideas de uno o de otro y se busca compartirlas.

El oficio de escritor es un oficio solitario. Sin embargo, la interacción con otros es necesaria, en tanto seres gregarios. En otras épocas, las tertulias en los cafés, las veladas literarias en la casa de algún mecenas y los círculos de lecturas eran los ámbitos de intercambio. Hoy nos ingeniamos con otros espacios, algunos más virtuales, pero que lo que seguimos necesitando es “bolichear”, como dice Caillabet.

La cita es los martes, cada tres semanas a las 19:00 por zoom. La Casa se embarca entonces en un proyecto de largo aliento, a través del cual pretende llegar a todos los rincones del país.