Escribe Julio Norte

Nunca imaginamos que de la exploración petrolera en Paysandú se derivaría en un mercado de expendio de nafta tan popular.

Las distintas formas de venta del preciado derivado del petróleo tiene varias procedencias.

La primera y más “inocente” es el mercado regulado de las estaciones de servicio donde el precio regido por la LUC aprobado recientemente hace que los valores sean imprevisibles y en aumento constante.

La segunda fuente de combustible y negocio es como un sub producto de la primera, donde mediante el descuento de IMESI en las barriadas populares se puede conseguir el preciado líquido con un valor inferior del sugerido en las estaciones de servicio que puede llegar a significar hasta 7 pesos por litro de ganancia.

La tercera fuente y más extendida en estos momentos es la proveniente de Argentina como producto de la diferencia cambiaria. Esta tiene el precio de venta a niveles muy económicos  permitiendo una ganancia del 20% para el que la vende en un 25 % por debajo del precio de la estación.

Los defensores del mercado dirían que es lícito permitir que la demanda sea satisfecha por la oferta, pero cuales son las raíces de las preguntas que surgen a partir de este negocio.

Quien controla la venta e importación de combustible, quien controla el almacenamiento del mismo.

Pero si vamos más profundo,   qué motiva la decisión de exponer tus bienes y tus familiares a los riesgos inflamables de la manipulación de tal producto.

La situación angustiante de muchos compatriotas ha encontrado esta salida económica, riesgosa por cierto, pero debemos decir que ante la pasividad de las autoridades mirando para otro lado el pueblo se resuelve de la forma que puede.

Los desocupados que van en aumento, la ausencia de inversión de parte del gobierno hace de un futuro para nada alentador.

Los comerciantes entre la espada y la pared, los trabajadores que aún quedan están entre Paysandú y Colón.

Se necesitan soluciones a largo plazo, políticas de fronteras, política de precio de competitividad, regulaciones que permitan productos locales competir con sus iguales de importación y sobre todo el mayor desafío es el control de precios, este no puede ser nunca el mayor valor que soporte el mercado.

El mayor valor que soporta el mercado incrementa la plusvalía sin que llegue a mejorar el salario y volviéndose sumamente débil contra la competencia que existe.

Como por ejemplo podemos decir que la perfumería o los medicamentos que son elaborados por la misma empresa aplican criterios distintos a ambos márgenes del río, de un lado el precio es bajo basado en la venta en cantidad y desde este lado el esfuerzo esta puesto en el mayor precio ya que no existe regulación, después de todo no existe competencia y el costo está cubierto vendiendo en ambos lados del río.

La solución vendrá de la mano de la solidaridad y la sensibilidad del pueblo seguro, del gobierno no se sabe o por lo menos hasta ahora no se vio.