Violencia de género, educación y libertad

Escribe Abner Prada da Silveira

Estamos todos de acuerdo que el creciente número de asesinatos de mujeres, es  la punta de un enorme iceberg de  otras formas  menos visibles de violencia de género. La discriminación, la pobreza estructural, el machismo,  la intransigencia,  alimentan el tamaño del bloque que flota sobre una sociedad, perpleja y dolorida, que calló, encubrió y disimuló el problema durante mucho tiempo.

La sociedad uruguaya parece estar despertando, la perplejidad y el dolor promovió el intercambio de acusaciones, reclamos, protesta y discusión.

Hay mucho escrito y conversado sobre el tema, muchos de estos aportes no pasan de la mera descripción taxativa de algunos elementos socio-culturales, que conforman la “estructura” social de la violencia.  La enumeración de factores, no arroja luz sobre la verdadera génesis del problema ya que por lo general analiza sus consecuencias,  no las causas y menos propone soluciones que no agreguen más violencia.

No me voy a embarcar aquí en un análisis psicosocial y antropológico de la violencia, tema que hay que dejarlo en manos de especialistas en el tema.

Creo que hay acuerdo  en que el problema de la violencia de género, tiene raíces muy profundas arraigadas  en los albores de la humanidad. Nos hemos criado con la imagen del macho -garrote al hombro- arrastrando de los pelos a la hembra hasta la cueva.

No sabremos nunca si esta actitud asignada a ese hombre primitivo, es verdad o  mentira. Pero bien puede ser cierto también,  que esos hombres  podrían tener una capacidad de convivencia con la hembra, y una complementación de roles mejor a la actual.

Pero lo que sí es constatable es que con el desarrollo de la civilización,  la mujer se ha ido transformando en un objeto para usar, discriminar, procrear y cuidar las crías,  ocupando su lugar en un segundo plano. El macho en ese esquema de dominación, se ha ido imponiendo y ha dirimido el dominio territorial de sus espacios de poder con las armas y la prepotencia.

Pero a pesar de todo, la mujer sigue siendo la responsable de conservar la especie; posiblemente en un futuro llegue a ser la dueña del mundo. Tiene la llave de la vida humana y podrá ser reproductivamente auto suficiente, a medida que la ciencia siga progresando.

En la formación de una ideología de la discriminación, la sumisión y el control, han participado y participan activamente la mayoría de las religiones, que institucionalizaron la forma de justificar y  mantener funcionando el modelo.

Esa tarea secular de ideologización del sojuzgamiento, cuenta con una vastísima bibliografía desde el inicio de la escritura, en especial de la sagrada, que se las arregló para atribuir el propio Dios la autorización para cometer el atropello.

La ciencia ha tratado de explicar, cómo se ha formado la cabeza del hombre durante miles de generaciones,  hasta llegar a la que tiene hoy sobre los hombros.

La pregunta clave es, ¿qué hacer y cómo hacer, pregunta clave es: qué hacer y cómo hacer para comenzar a cambiar esta situación.

Ir cortando uno a uno los eslabones de esta antigua cadena de formación el machismo, no es tarea fácil.

Como clave del cambio, deberíamos considerar  la libertad  como concepto básico y como acción, disparadora de la formación del sentido de igualdad entre ambos sexos.

El concepto de libertad es vasto, complejo y acotado, lo que se conquista como un espacio de libertad para algunos individuos o grupos, puede ser la pérdida de libertad para otros.

Nadie duda de que la libertad como concepto y acción, incluye la conocida máxima:   “mi derecho llega hasta donde comienza el derecho de los demás”.  Entonces la libertad no es  libre albedrío, tiene sus límites que aceptados y cumplidos, traen armonía y felicidad. Respetando esos límites la libertad se retroalimenta y promueve la igualdad.

El libre albedrío, que se ha confundido muchas veces con la libertad, es en realidad una idea utópica que han desarrollado algunos filósofos. Ningún ser vivo puede manejarse con libre albedrío,  sin arriesgar su propia sobrevivencia.

En un concepto amplio, la idea de libertad  debería promover una  relación equilibrada con los semejantes y el medio, para  nutrirse y validarse con el amor, la solidaridad  y el equilibrio, que son la primera fuente de la felicidad.

La segunda pregunta es: cómo lograr poner en funcionamiento un nuevo modelo de convivencia basado en la libertad de las personas.

La libertad entonces, puede extenderse y crecer solamente en la medida que podamos aceptarla  en forma crítica y utilizarla con prudencia.

¿Dónde están los límites entre la prudencia y el ejercicio de la libertad conquistada? ¿Dónde empieza y termina mi derecho y cómo se alcanza el equilibrio entre ambas cosas?

La clave -dicho sencillamente- es la educación, con todo el contenido que la idea tiene desde el punto de vista individual y social.

Para lograr que la educación sea una eficaz  promotora de la libertad, hay  que cambiar muchas cosas. Esos cambios deberán comenzar por la toma de conciencia de que sólo la educación puede cambiar las personas, tiempo, esfuerzo, recursos humanos y materiales.

Pero hay que empezar, hay que ser eficientes en la aplicación de recursos, en la “seguridad”. Pero hay que tener claro que los recursos mejor empleados en seguridad, son los que se destinan a la educación del pueblo.

No se trata de cualquier educación, se trata de una educación enfocada al logro de un adecuado desarrollo de una ética de la  libertad y sus límites, que nos impulse a evitar las películas hechas para despertar los instintos más bajos y violentos y aplaudir las que nos enriquecen. Una educación, que nos haga rechazar el canal en que aparece Tinelli haciendo fortuna con su “puticlub”.

Una educación, que permita cambiar  la compra  del  zapato de última moda que está en la vidriera y que en realidad no necesito, por un buen libro.

La falta  de educación,  impulsa al marido a creer  que su esposa debe servir en primer lugar  para satisfacer parte de sus apetitos sexuales, cocinar y cuidar a sus hijos.

El consumismo, las relaciones  laborales, la dominación socio económica por parte del macho, la mujer objeto etc. son la expresión visible de los obstáculos para el desarrollo de una relación sana y libre entre ambos sexos, y entre las mujeres con la sociedad.

Hay que lograr que una madre pueda elegir libremente regalarle una muñeca a su hija, o vestirla de princesa, o una pelota de fútbol y vestirla de Maradona, sin ningún tipo de presión ni prejuicio.

La hoy llamada en algunos ámbitos “educación en valores”,  deberá ser  en primer lugar una respetuosa y profunda aceptación de la libertad.

Porque en última instancia, educar en la libertad es educar en la formación  de una  ética y una  moral de la convivencia.

 

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