Publicado en 20Once número 197- 3 de marzo de 2016

El problema no era cultural

El viernes a la noche mientras me dirigía cámara en mano hacia plaza Artigas un vecino me alcanzó a decir “ahora vas a dormir tranquilo, ¿estás contento?”. Me lo comentó en forma irónica, es el mismo vecino que antes llevaba espectáculos a su local hasta altas horas de la madrugada sin importarle el descanso del vecino, en locales de dudosa habilitación, argumentando al estilo de los mejores sofistas que “lo nuestro es una propuesta cultural”.

La presencia de la Guardia Republicana vino a poner orden al caos en operativos mayoritariamente aprobados por la ciudadanía.

Lo que cabe esperar y la interrogante que se abre es que pasará después de estas instancias.

El trabajo de la Justicia no se hizo tardar y hubo procesados por desacato.

Acá ha habido años de absoluta tolerancia hacia los intolerantes, hacia los que no respetan la ley.

La medida o las medidas de fiscalización deben de ir acompañadas de controles a los lugares que expenden bebidas alcohólicas fuera del horario permitido y de un Poder Judicial activo, para nada ausente.

Las leyes existen, hay que cumplirlas.

Es fácil, si cada uno hace lo que tiene que hacer la sociedad funcionaría mejor. Difícil llevarlo a cabo.

Se han naturalizado conductas que con el tiempo se han vuelto “normales”. Lo que fue ganando terreno fue la anormalidad, sentenciando en alguna ocasión un querido amigo que “es un problema cultural”. Para nada, el tema como dijo el comerciante de termas en el número pasado es el siguiente, si papá no da el ejemplo, no educa, no reprende, ¿qué podemos esperar de los hijos?

Un comerciante con argumentos fuera de lo común me dijo alguna vez, que debía trabajar hasta altas horas de la madrugada porque tengo hijos. O sea que el mensaje es que tengo que hacer dinero jodiendo a los otros, ¿ese es el ejemplo para los  hijos?

Y el colmo fue cuando escuché que los vecinos tenían que mudarse si no les gustaba el bochinche. Ni que fuera la 9 de julio o la calle Corrientes de Buenos Aires.

Ojalá que sea parte del “volantaso” que prometió el intendente. Queremos vivir bien en la ciudad, queremos respetar y ser respetados.

Un ejemplo interesante que viene de otra cultura. El alemán por ejemplo tiene apego al cumplimiento de las normas. Pero cuando se lo controla el cumplimiento es mayor.