En Rusia, a un año del mundial de fútbol y con la esperanza de estar alentando a la celeste
Escribe Heriberto Ghibaudi
“La cultura puede considerarse como el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social. Ella engloba además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. Mundicult. UNESCO. México 1982.///”Cultura es la expresión de una identidad, una forma de vida, memoria colectiva, expresión y creatividad”. (Convención sobre la protección de la diversidad de las Expresiones culturales, 2005).
Domingo 9 de julio
Y llegamos a Rusia, increíble pensar en sus 170 millones de Km2, y sus 80 millones de rusos eslavos, su uso del alfabeto cirílico, creado por Cirilo en el siglo IX, buscando un entendimiento entre las ciento treinta etnias que conformaban su población, sus construcciones cargadas de hechos violentos, sus religiones, su forma de vivir, su cultura en general.
San Petersburgo
La pintoresca ciudad de San Petersburgo nos abre sus puertas con sus cinco millones de habitantes. Antigua capital de Rusia que varió sus nombres de acuerdo a hechos históricos que se fueron sucediendo. Así de San Petersburgo pasó a llamarse Petrógrado en honor de Pedro I, su fundador. Luego se llamó Leningrado a la muerte de Lenin en 1924, hasta que en 1991 retoma su nombre original, San Petersburgo.
En la plaza principal, el monumento a Pedro I, El Grande, gobernante que dejó su huella, su impronta en el devenir histórico de Rusia. Curioso es saber que Pedro I tuvo un físico muy particular de más de dos metros de altura, pero una cabeza muy pequeña, y pies y manos minúsculos para su estatura, y…sus enfermedades, sus tics permanentes, etc, que signaron en parte su vida. Una vida muy particular, multifacética, ya que nacido en Moscú, fue hachero, científico y gobernante entre otras actividades. En esta tarea transformó a Rusia, logrando salidas al mar Báltico y al mar Negro, llevando la capital a San Petersburgo, introdujo el sistema de numeración arábigo y el alfabeto latino en Rusia. Fue un adelantado a su época, no obstante de hacerse por ello, de muchos enemigos.
Los huevos de Fabergé
Allí, al bajar del bus a sacar fotos y conocer la plaza me aborda un vendedor (de los tantos que andan detrás de los turistas), me ofrece algo que yo no conocía: los huevos de Fabergé. ¿Qué son, cuál es su origen? Así me entero que el zar Alejandro en 1885, preocupado por no saber que regalar en Pascuas a su esposa la emperatriz María Fiodorovna, encargó a un joyero que confeccionara un presente original que fuera del agrado de ella. Ante esto el famoso joyero Carl Fabergé, realizó un adorno con forma de huevo, hueco, recubierto y trabajado en joyas y metales preciosos por fuera, y que, adentro llevara una sorpresa (joya) para la emperatriz danesa. Tanto gustó el obsequio a la emperatriz que el zar después le regalaba todos los años otro modelo de huevo de Fabergé, y otra joya adentro. Año tras año se sucedieron distintos modelos. Y también su hijo le siguió regalando a la emperatriz, su madre, y aún a su esposa, con lo cual se lograron sesenta y nueve (69) modelos conocidos, aunque algunos ya no se sabe donde están y/o se conocen sólo por fotos, otros están en el Museo de San Petersburgo. Y desde ese tiempo se repiten hoy distintas copias de aquellos modelos de “huevos” por toda Rusia, en diversos materiales, como algo tradicional. Aquí, los que compré son de cerámica y hermosísimos. Uno fue para Noelia, nuestra hija, uno para mi hermano Eduardo y su esposa, y otro lo atesoro entre las ya tantas cosas que en mi hogar recuerdan cada viaje. Demás está decir que para esta compra callejera fue folklórico y de disfrute mutuo, el “regateo”, por el diálogo gestual y corporal que se entabla, las sonrisas, la insistencia, etc, que creo da otro sabor al negocio. Para los dos, el que compra y el que vende, es una comunicación cara a cara entre personas que no se conocen, con la barrera del idioma, un acercamiento que brinda calidez, por lo menos a mí, por encima del comercio en todos los lugares.
La Catedral de San Isaac
Fuimos entre otros lugares, a visitar la Catedral de San Isaac, ideada por el arquitecto italiano Monserrat. Ya a la entrada algo extraordinario: una maqueta de la Catedral, desarmable, realizada por un obrero artesano. Maravillosa en todos los detalles de su realización. Luego, ya al frente impresionan como muchas cosas rusas por su tamaño, sus cien columnas de mármol, que pesan más de catorce toneladas cada una (las 48 mayores). Para levantarlas y colocarlas en el edificio se inventó un ingenioso sistema, que se exhibe en pequeño. La Catedral tiene calefacción a través de las veinticuatro estufas desde los sótanos. La cúpula dorada por su magnitud es la cuarta del mundo. Aquí lo triste y anecdótico a la vez: al recubrir la cúpula, que se hizo con una lámina de cien (100) kgs. de oro. Para ello se usó mercurio y ello fue trágico, pues al ser tóxico, este elemento provocó la muerte de ochenta obreros que trabajaban en esa obra.
Realizada durante cuarenta años, desde 1818 a 1858, tiene otra particularidad esta Catedral: como la humedad dañaba las pinturas de su interior, todas las obras que hay allí si bien “parecen” pinturas, no lo son en realidad, sino que son obras hechas con minúsculos mosaicos, tan pequeños, que recién cuando te lo dicen, y los observas muy de cerca, te das cuenta, sino no.
La billetera
San Petersburgo anecdótico también. Paseando por la vereda de Avenida Nervsky, de repente nos vemos “apretados”, obstaculizados, por un lado la baranda de una escalera del Metro, y por otro “personas” que andan en dirección contraria, al no poder continuar la marcha, hasta hablo en voz alta pidiendo paso. Cuando lo logramos, miro al lado y veo un hombre que mira y se aleja corriendo, y otro delante que sonríe y con gestos se disculpa. Allí reaccionamos: me habían “sacado” la billetera. Frente a la seguridad que se siente en todos lados, es llamativa la presencia de “carteristas”(“punguistas” les llamábamos aquí cuando muchachos, hace cincuenta años). No hay riesgos de rapiñas ni abusos violentos al transitar por la Avenida, pues la acción de la policía es enérgica. Pero se producen “scraches”, en esa Avenida atestada de turistas, cuando quisiste reaccionar te encontrás sin billetera. Por suerte mi billetera estaba vacía, gracias a los avisos previsores del guía de la excursión. No obstante al constatar el hurto uno se contraría, tiene la sensación de “a mí no me podía pasar esto”, y después el alivio pese a la tontería cometida. ¡Cuidado!
La Iglesia de la Sangre
Visitamos en la Iglesia de la Sangre derramada, tumba de Alejandro II, visita al Palacio de Catalina La Grande, fueron motivo de nuestra admiración.
Y…el viaje anecdótico en el Tren de la noche, de San Petersburgo a Moscú, Camarote N°5, Plazas N° 17 y 19. Viajamos allí en un compartimento para cuatro personas, te sirven cena, y desayuno al llegar. Nos tocó compartir camarote con dos ciudadanos rusos. Uno parecía un profesional, de mediana edad, lejano, distante, no tuvo con nosotros palabra alguna, el otro un joven de 20-25 años, con el cual si bien buscamos comunicación, no sólo no entendía nuestro idioma sino que tampoco puso mucho empeño en hacerlo. Por suerte nos tocaron los camastros de abajo, no debimos subir para dormir. Hay mil cosas más pero prefiero “llegar” a Moscú para contar algo de lo vivido allí.
Llegamos a Moscú, la capital de Rusia, con 14 millones de habitantes ¡cuatro veces más que todo nuestro país!
CONTINUARÁ
