El 18 de octubre pasado, presentamos en la sala Zitarrosa un espectáculo con las canciones que integran el nuevo CD de Tantomán: Canciones Despiertas.

A sala llena, un miércoles, se vivió algo diferente. Y ponemos esta palabra: “diferente”, para no decir histórico, que puede sonar un poco pedante o agrandado.

Pero si. Fue histórico.

Les contamos cómo se dio.

Hace ya 7 años, nos propusimos grabar un disco con canciones “famosas” de la época del Canto Popular en dictadura.

Pero queríamos cantarlas con sus “padres”, es decir sus cantores, mentores o autores. Los que las hicieron andar, resistir. Los que las defendieron.

De a poquito, en un proceso que llevó mucho trabajo, tiempo, asados, encuentros y copetines, fuimos grabando de a una, esas  canciones que marcaron una época.

Así, un día fue Juan Peyrou a Paysandú, por cuestiones de trabajo agronómico, y arreglamos con Leo Lemes (La Colina Records) para grabar la canción Los boliches (Ignacio Suarez y Yamandú Palacios).

Un tiempito después, con Leo y Ramiro fuimos a Dolores, a grabar la voz  de Gastón Ciarlo (Dino) para la canción Vientos del sur.

Una vez radicados en el sur, seguimos con el proceso de contactar cantores y juntarlos con las criaturas.

Algunos fuimos a grabarlos a Rocha (Solipalma, El Zucará) pero los más los encontramos en Montevideo.

Cada juntada era una fiesta. Para nosotros, obvio. Pero nos empezamos a dar cuenta que para ellos también. No dejaba de ser una cosecha de lo que habían sembrado.

Podríamos hablar mucho de estos 7 años grabando con los “padres” (como le dimos en llamar o subtitular a esta primera entrega de Canciones despiertas). Porque fue una experiencia que nos enorgullece y emociona.

Alguno nos dijo “qué bien, van a rescatar canciones”. No señor. No rescatamos nada porque nada se había perdido.  Las canciones siguieron sonando sin interrupción, en las radios, en los más modernos soportes creados luego de la dictadura, cassette, CD, DVD, internet, etc, etc. pero sobre todo en los asados, en los fogones, y en los escenarios.

Cuando se nos ocurrió ponerle al proyecto “Canciones Despiertas”, otro dijo, “ah, van a despertar canciones”. Tampoco señor. Las canciones siempre estuvieron alertas. Siempre estuvieron a mano. Y sobre todo atentas.

Otro entendió que podía tratarse de un homenaje. Mucho menos. Los que nos conocen saben que no hacemos homenajes. La misma palabra ya nos suena a bronce, a frío y por tanto a muerte. Y nada más lejos estas canciones que de la muerte. Justamente.

Y al fin nos preguntaron, ¿pa qué cantaron esas canciones, entonces?

Porque teníamos ganas. Así nomás. Por darnos el gusto (como se llamó un disco de Horacio Guaraní).

Desde que empezamos con Tantomán, nos impusimos cantar canciones propias. Ustedes lo saben. Hubiera sido muy fácil, por cantar a dos voces llenar el repertorio con canciones de los Olima, de Larbanois&Carrero, Los Zucará, etc.

Pero si íbamos a emprender este camino, queríamos hacerlo con nuestras pilchas, tratando de aportar al cancionero nacional. De eso se trata.

Sí, usando formas conocidas; pero el contenido, es de nuestro tiempo. Nuestros paisajes, hombres y mujeres, esperanzas y anhelos, problemas y protestas de nuestro tiempo.

Pero siempre quedamos con ganas de cantar esas canciones que cantábamos antes de ser Tantomán.  Las de los fogones de estudiantes, los asados de la EEMAC, la del bar Facundo en 18 de Julio, Bar París. Las de las peñas.

Y eso fue lo que hicimos. Cantarlas. Pero para hacer al menos algún aporte, decidimos que debíamos cantarlas con los dueños, los padres. Y así fue que empezamos a llamar y golpear puertas.

Y fue como abrir  una caja inmensa. Un baúl de amor, de anécdotas, de cuentos, de reencuentros.

Todos se acordaban y preguntaban por el Bocha Cravea, por el Tarta Brunini, el Beto Dione. Gente que hizo tanto por la canción desde las trincheras en el litoral.

No les vamos a contar las anécdotas y cuentos porque esto sería interminable. Tal vez ahora nos corresponde a nosotros trasmitir esas cosas, a nuestro modo. Y generar a partir de ellas, nuestras propias anécdotas.

Porque lo que aprendimos con todos estos cantores en este proceso fue increíble. Cada juntada, cada canción, cada ensayo fue un aprendizaje.

Y terminamos de grabar el disco. Son 18 canciones. Con Dino, Solipalma, Juan Peyrou, Larbanois&Carrero, Carlos Benavides, Abel García,  el Zucará, Julio Mora, Washington y Cristina, Grupo Vocal Universo, Tabaré Arapí, los Tacuruses,  Mauricio Ubal y Rubén Olivera, Cacho Labandera, Fernando Cabrera, Carlos María Fossati, Rulo Nieves y Omar Romano.

Nuestro querido Omar.

Acerca de El Farolito, la canción despierta que cantamos con Omar,  escribimos en el disco:

Y la dejamos p´al final, porque el hombre es de nuestro pago. O de los pagos de Tantomán.

Creemos que Omar hizo de esta, la mejor versión de la canción. La cadencia y el sentimiento al cantar, no está en ninguna otra versión de estos farolitos (ni del I ni del II).

Voz privilegiada, si las hay.

Es verdad que las guitarras pudieron quedar medio lentas. Las grabamos en Montevideo.

Pero se ajustó a la cadencia y el sentimiento. O viceversa.

Lo pasé a buscar por la casa un día de diciembre que  había ido a Paysandú y fuimos al estudio del Java Gómez.

Salió de la casa con algo en las manos, tapado por un trapito o repasador.

Era un pedazo de pan…

Lo había amasado y cocinado en horno de leña para mí.  Ese día.

Omar tiene eso. Cocina muy bien.

Es carpintero. Y eso le ha impedido cuidar sus manos.

Pero tiene la voz. Y aún así, cantó con el corazón.

Tanto Javito como el Negro Medina le aportaron lo justo con el bandoneón y el piano, sacándola un poco del carnaval y haciéndola un poco más arrabalera.

¿Se acuerdan del disco Carnaval?

Porque algún medio desinformado podrá preguntar: ¿por qué eligieron El Farolito?

Porque en aquel disco de Carnaval, del año 1980 (SONDOR- 144156) volvió a editar esta canción, algo cambiada de su versión original, y entreverada con otro montón de saludos y despedidas históricas, fue Disco de Oro, Disco de Platino y Disco de Doble Platino. Todo un hito en la discografía nacional.

También estaban coladas las canciones de los Olima, como Al Paco Bilbao y Retirada (o  Noche, noche) (Rubén Lena) y A mi gente (José Carbajal).

Pero El Farolito era la firma  de Omar  en ese discazo; era como diciendo: miren que hace años que canto canciones carnavaleras. Lo que pasó es que encontró el vehículo de cómo hacerlo popular. Encontró las compañeras para “el disco”.

Si hoy el carnaval es lo que es,  no tengo duda, es por aquel disco.

Como que entrecruzó los públicos.

Si la primera cosa así revolucionaria folclore/carnaval fue Todos detrás de Momo de Los Olimareños (Orfeo ULP-90.555), este Carnaval de Omar Romano y los del Altillo, con Grupo Vocal Universo y Larbanois&Carrero, fue definitivamente la entrada del carnaval a todo el público.

Y lo sacó de los tablados, de febrero, de los sonidos malos, de las voces gangosas y mal amplificadas, de las letras inentendibles.

En cualquier lado, en cualquier tiempo, en todos los asados, se empezó a escuchar “hoy, hoy hoy …”.

Y ahora les contamos lo del 18 de octubre (ya que el disco está a la venta).

No pretendíamos, ni cerca, hacer un espectáculo para presentar el disco. Porque nos parecía imposible juntar a toooodos los cantores para hacerlo. Pero la sorpresa fue que mientras lo íbamos grabando, todos los cantores nos decían que habría que presentarlo.

Y empezamos a consultar. Y nos llevamos una sorpresa.

“Che cantor, vos sabés que tenemos la sala Zitarrosa reservada para hacer un espectáculo el 18 de octubre, y queríamos preguntarte si estarías dispuesto a acompañarnos para presentar el disco…”

Ese fue el diálogo que se repitió 18 veces. Y nos llevamos la sorpresa hermosa: que nadie, ninguno, dijo que no. Todos estuvieron dispuestos desde el primer momento.

Y bueno. A partir de ahí empezó la locura. Parecida a la de grabar el disco, pero ahora en vez de 7 años teníamos apenas 3 meses.

Organizar ensayos, encuentros, cuentos, opinar, decidir, todo muy vertiginoso.

Fuimos a Rocha a ensayar con los de allá (el Zucará, Solipalma), nos juntamos con Abel García en Costa Azul (Canelones).

Y a último momento la prueba de sonido en la sala. Eso fue un despelote. Por suerte. Porque fue impresionante. Pero sobre todo emocionante.

Y algunos que se venía la hora y no llegaban. Llegará che?

Belén que hizo un trabajo impecable tratando de ordenarlos para ir entrando al escenario. Con algún chistido para que bajaran el volumen de los saludos, los brindis, los cuentos, las risas y los abrazos. A mitad del espectáculo los gritos que venían de abajo nos distraían, y nos daban ganas de estar allá abajo.

¿Si nos equivocamos? ¿Si faltó ensayo? ¡Pero por supuesto!

Pero la gente recibió la entrega como si hubiera salido perfecta. Porque salió del corazón.

A la gente le parecía estar viviendo una noche de aquellos espectáculos del Palacio Peñarol, o el Platense, con censura y chanchitas en la puerta.

Emoción, eso fue lo que la gente sintió y nos hizo saber. Por todos los medios, por los aplausos, los whatsapp, correo, teléfono. Fue impresionante. Perdón, emocionante. Que como decía Rubén Lena, es la única función del arte.

Las voces de los cantores, iguales o mejores que hace 30 o 40 años. A algunos la gente los ve más seguido, como a Fernando Cabrera, Rubén Olivera, Mauricio Ubal, L&C, W y C, etc. Pero a otros, no los había visto desde hacía mucho tiempo. Grupo vocal Universo, Rulo Nieves (el de Pareceres), Fossati. No saben lo que fue cantar con Carlitos Como un Jazmín del país, y Hasta sucumbir (Leandro Gómez) con el Flaco Fossati.

Pero sin duda, el punto más alto, fue cuando subieron TODOS a cantar La Murguita.

Ojalá puedan ver las filmaciones que en poco tiempo andarán por ahí, o por la web. Se les fruncirá el alma.

Y bueno. Es lo que queríamos contarles.

¿Qué quedó de esto?

Y bueno, un disco, una filmación, una sala llena de recuerdos, la convicción que se puede, que es necesario, que la gente aún recuerda y espera a los cantores, a las canciones, que las canciones están decididamente, definitivamente despiertas, y nos siguen diciendo cosas e incentivando a la unión.

La Murguita dice:

todas las noches del barrio

la gente se encierra.

Mira en blanco y negro

Y sueña en color

Nadie sabe del vecino

Y aunque ha nacido un niño

Ahí nomás, al lado

Ni uno se enteró…

Solo un pobre borracho quiso festejarlo

Y usado una lata cantó esta canción…

Nos está pasando de nuevo: Nadie sabe del vecino. La gente se encierra.

Falta ese borracho que quiera celebrar las cosas, y ayudar e incitar a los vecinos a abrir las ventanas.

PA TERMINAR

Y permítannos algún comentario, nuestra opinión, sobre el asunto de Canto Popular, Canto Nacional, Folclore, Música Popular, etc.

En aquellos años hubo tiempo hasta para pelearnos por cómo llamar a esta movida. Y hubieron quienes preferían llamarlo Canto Nacional, y otros Canto Popular.

Nos gusta decir Canto Popular, porque es lo que recoge la canción. Lo popular.

Antes nos decían, “no señor, esto no puede ser popular si van no más de 300 o 500 personas; lo popular es donde van diez mil”.

Y tardamos pero entendimos, que en definitiva, no será popular por el destino, porque no era masivo como el fútbol o la cumbia. Pero nadie le quita el título de Popular, por el origen. Cuando el Sabalero tituló su disco Canto Popular, sin duda lo hizo por los temas y cosas que nombraba, sus cotidianeidades, sus cosas chiquitas; no porque fuera a vender miles de discos.

Ese es el asunto. Popular por el origen. No por el destino.

Hay un libro de Aquiles Fábregat y Antonio Davezíes que se titula precisamente: Canto Popular Uruguayo. Y ahí decían, que todo era canto popular. Que se entreveraba un Chalar con un Darnauchans, un Rumbo con una murga. En definitiva, el origen. Recoger las cosas necesarias para pintar en una canción un mañana, una esperanza, un pueblito, un personaje.

Cuando nos preguntan ¿qué tipo de música hacen? Respondemos sin duda: Canto Popular. Porque somos hijos de estos cantores. De todos ellos aprendimos y aprehendimos algo. Lo crean o no. Y por supuesto, de otros que no están en el disco, y que NO nombraremos porque sin duda que nos vamos a olvidar de alguno.

Fueron muchos años elaborando este proyecto. Muchas horas de estudio, de conversa, de encuentros, porqué no, de desencuentros, charlas, asados, copetines…

Ninguno de estos cantores tuvo inconvenientes en acompañar el proyecto.

Sinceramente gracias.

Tantomán.

18 de octubre de 2017.

Se venía el plebiscito y terminábamos la adolescencia. Empezamos a descubrir otras radios que no eran  las que pasaban  solo a los BeeGees y a sus secuaces. En esas radios  se escuchaban otras armonías, las que después, sin darnos cuenta se convirtieron en la banda sonora de toda una época y una generación. El Canto Popular fue la música de la militancia. Éramos muy jóvenes, inocentes, henchidos de ideales y militar era a tiempo completo. Militábamos cuando estudiábamos; la facultad nos llevó a los gremios y después a la política. Marchas y manifestaciones. A redoblar. Militábamos también cuando íbamos al boliche antes y después de las reuniones; y también al ir al cine a ver varias películas por semana a horarios inverosímiles. Y por supuesto también se militaba escuchando música. De pequeños teatros y clubes,  se pasó un día al Palacio Peñarol y después al Estadio; de algún programa pionero en la treinta a las 8 de la noche, a copar las mañanas de la FM.  La difusión crecía al mismo tiempo que se ganaba en libertad. Había que recuperar la Democracia y reconstruir la Universidad, había un montón de cosas que cambiar, revoluciones que defender. Y aquellas canciones iban con nosotros.

Los años pasaron, de a poco nos fuimos haciendo más viejos, desconfiados y cínicos. El mundo cambió, sí , pero no exactamente en la dirección que esperábamos, ganamos algunas  y perdimos muchas. Pero esa música todavía nos convoca y emociona, sobre todo cuando entre viejos amigos, en algún asado, alguna guitarra se anima con viejas tonadas. Las más de las veces, esa guitarra es la del Tito o la del Bebe, y si además los acompañan los viejos maestros, entonces solo queda bajar la guardia, poner el disco y participar un rato del conjuro que nos une.  Salud.

Yamandú Rodríguez.

Los esperamos en Wanderers el próximo viernes 8 de diciembre.