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Por Pablo Miranda Ponce
En estos días, asistimos a un espectáculo que roza el absurdo total: la plana mayor de la derecha con Álvaro Delgado a la cabeza, rasgándose las vestiduras y saliendo en procesión a exigir «honestidad», por tu deuda doméstica del presidente Orsi de apenas 7.000 pesos de su casa en Salinas.
Hay que reconocerle a la derecha uruguaya una capacidad asombrosa para la manipulación política.
Tienen el don de encoger elefantes y agigantar hormigas con una velocidad que envidiaría el mago más audaz.
Bocinean de forma indignante como catastrófica el simple hecho en qué el presidente Yamandú Orsi figuró con un retraso en el impuesto de Primaria de su casa en Salinas por una suma que apenas arañaba los 7.000 pesos uruguayos, deuda que ya pagó. Siete mil pesos uruguayos, una cifra que cualquier compatriota puede traspapelar entre las facturas a pagar en un mes complicado.
Resulta obsceno tener que pedirle sensatez a quienes gobernaron el país hasta hace muy poco, pero la memoria colectiva no puede ser tan frágil. Calificar de «bochornoso» un atraso impositivo hogareño —que el propio Orsi mandó a regularizar enseguida y pagó de su propio bolsillo— es de un cinismo de dimensiones olímpicas.
No se justifica el olvido, el mandatario debe dar el ejemplo, pero pongamos las balanzas sobre la mesa de la República. Comparemos la dimensión de un trámite doméstico frente al festival de privilegios e impunidad que se orquestó en los últimos cinco años donde Luis nunca se podría atrasar en la contribución de la casa, porque vivía en la residencia y la contribución la pagaba el pueblo.
Mientras la gente de a pie masticaba la LUC que permitía desalojar a un inquilino en apenas un mes si se atrasaba con el alquiler. Y el pueblo sufría cómo le aumentaban por ley la edad jubilatoria a los 65 años obligándola a trabajar más y viniendo menos, el presidente Luis Lacalle Pou vivía en una realidad paralela en una mansión donde no gastaba en nada.
Durante cinco años, el pueblo uruguayo financió la vida del presidente en la residencia de Suárez y Reyes, viviendo al igual que un rey, con un gasto anual total que rondó los 4.8 millones de dólares, acumulando casi 24 millones de dólares estatales en todo el período.
El pueblo uruguayo pagó sus niñeras para hijos adolescentes, peluqueras para la primera dama y hasta un gimnasio privado montado exclusivamente para el disfrute del mandatario.
Pensemos que siete mil pesos uruguayos no alcanzan hoy ni para pagar dos días de sueldo del jardinero de la lujosa casa presidencial.
En cambio hay presidentes símbolos de honestidad

Ni Tabaré Vázquez, ni Pepe Mujica eligieron vivir a costa de la plata de los uruguayos; siempre prefirieron sus hogares y sus barrios. También Orsi vive en su casa de Salinas y paga absolutamente todas sus cuentas. ¿Qué mayor muestra de honestidad y republicanismo es esa?
La derecha gastaba sin honestidad
En cambio, con la plata del pueblo, el gobierno anterior no solo costeaba lujos domésticos, sino que financiaba cosas muchísimo más oscuras. ¿O acaso nos van a decir cuánto costó realmente la persecución y el espionaje a los senadores Charles Carrera y Mario Bergara?
¿Cuánto nos costó a los uruguayos usar el aparato del Estado para perseguir a «Loly» Ponce de León para saber si era infiel, movilizando comisarios y recursos de inteligencia como si fuera un asunto de seguridad nacional?
,¿Cuánto dinero público se quemó bajo la mesa para armar la cacería ilegal contra el dirigente sindical Marcelo Abdala tras su accidente?
Por supuesto que nunca sabremos las cifras exactas porque se financió en las sombras, con la caja negra de un poder que usaba patrulleros y sistemas informáticos del Ministerio del Interior como si fuesen su empresa de detectives privados. No sabemos cuánto gastaron pero seguro mucho más de 7000 $u.
Un desborde de recursos que deja en el ridículo más absoluto cualquier deuda impositiva vecinal.
Eso sin olvidar el epicentro del poder. En las oficinas más íntimas de la Torre Ejecutiva no se traspapelaron deudas de Primaria, sino que se gestionaban pasaportes express a ciudadanos rusos por 50.000 dólares cada uno en una red criminal liderada por el mismísimo jefe de la custodia presidencial. Allí se enviaban pasaportes completamente gratis y por valija diplomática a las cárceles de Dubái
Otro escándalo que tuvo su colmo cuando se reunieron en el piso 11 de la propia Torre Ejecutiva para romper actas notariales y borrar chats de prueba, una cita donde el propio Luis Lacalle Pou admitió que «pasó a saludar». Todo esto mientras recibían misteriosos cargamentos de pescado duros como una piedra desde los Emiratos Árabes, ¿serían congelados?
La derecha crítica sin honestidad
Salen ahora dando cátedra de moral pública. Durante su gobierno todos los días aparecian noticias que los involucraban en situaciones de corrupción. ¿Hoy vienen a hablar de transparencia quienes sostuvieron a ministros y autoridades que destruyeron actas de la cancillería frente a la nariz de la Justicia?, ¿Eso es honestidad?
El gobernar con honestidad no se daña por ser infalible con la burocracia de los tiempos de los impuestos.
En cambio gobernar con honestidad es no robarle al pueblo, no es usar el aparato del Estado para perseguir senadores opositores y es exprimir el presupuesto nacional para financiar caprichos personales mientras se le pide austeridad a los trabajadores.

Al uruguayo le gusta la sensatez. Por eso, cuando la derecha sale en jauría a gritar por 7000 $u para intentar tapar el saqueo que le hicieron a la gente, debemos estar atentos para reclamar a quienes claramente no gobernaron con honestidad.
El pueblo distingue perfectamente al presidente que se atrasa con una cuenta de la contribución de su casa, del presidente que convierte el palacio presidencial en un feudo privado viviendo 5 años financiado por los trabajadores, por el pueblo, por vos, por ella, en definitiva por todos nosotros
A los que hoy quieren imponer que una deuda de su casa de 7.000 pesos es una aberración, habría que preguntarles su definición de aberración. Aberración no es vivir en la residencia del pueblo y hacer que los uruguayos paguemos las reformas de cañerías, los tableros eléctricos, el parque de casi medio millón de pesos mensuales, los sueldos de cocineros, mucamas, niñeras y los 80 guardias de seguridad de una residencia monárquica que nos costaba miles de dólares por mes. Aberración es mandarle un pasaporte a la cárcel a un narco como Marset.
Aberración es expedir pasaportes para ciudadanos rusos a grandes cifras de dinero en el cuarto piso de la Torre Ejecutiva. Un solo pasaporte ilegal de los de Astesiano, cotizado en más de dos millones de pesos, entra casi 287 veces en la deuda que le critican a Orsi. Pero por suerte el pueblo uruguayo sabe muy bien de qué lado está la verdadera honestidad.
Compatriota, queremos preguntarle
Sinceramente para usted, ahora que hizo un poco de memoria, ¿Qué es gobernar con honestidad?, que siga gobernando la honestidad.

Tec. Pablo Miranda Ponce
Artista Nacional
Docente de DGETP
Ex edil del FA

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