Espacio de Referencia entre Pares en el Liceo N° 1

En el marco del programa “Compromiso Educativo”, docentes y estudiantes apoyan a los adolescentes para que permanezcan en el sistema educativo y puedan superar situaciones de vulnerabilidad. El siguiente trabajo fue presentado al Consejo de Secundaria.

Con Walter Caraballo como Articulador Pedagógico, el proyecto comenzó a funcionar en el año 2011. Se desarrolla los días sábados con unos 170 estudiantes de ambos turnos.

El Programa se integra con tres componentes. El Acuerdo Educativo se firma entre el estudiante, un referente adulto y la Dirección  de la institución educativa, “para definir metas y acciones concretas en el acompañamiento en su trayectoria educativa”, señalan los docentes. Otro aspecto es la beca, que prioriza a aquellos estudiantes con mayores dificultades socio-económicas. El tercero, Espacios de Referencia entre Pares (EREP), consiste en: “Espacios abiertos a todos los estudiantes del centro educativo, en el cual estudiantes de nivel terciario y universitario, acompañan a los mismos desde su experiencia en un espacio colectivo”.

“Los EREP deben servir para compartir la vida y preocupaciones, inquietudes, problemas, deseos, un lugar donde el adolescente pueda expresar sus sentimientos frente a sus pares, un espacio de acogida y cobijo. El espacio abre la posibilidad de aprendizajes sociales varios: estar con el otro, vincularme, compartir mi vida, proyectarme, tolerar al otro” señala el documento elaborado por sus impulsores. Se enorgullecen de contribuir “al cambio del formato escolar tradicional con acciones que evitan la desvinculación, logrando una mayor integración de sectores vulnerables”.

En el marco de los EREP, los adolescentes concurren al centro educativo “a realizar actividades de su interés, que sin ser netamente académicas, son recreativas y por lo tanto formativas”.

Los alumnos en situaciones de alta vulnerabilidad, no solicitaban la beca o no finalizaban la inscripción, por lo que durante los días de inscripción a la institución (Diciembre y Febrero en el horario de 8 a 19 horas), se informa sobre el programa y se realiza la inscripción al mismo a los interesados.

Se trabaja con problemáticas como el aislamiento y la estigmatización en clase, ante lo cual “se reconoce la razón o problema que existe en el grupo y se genera actividades concretas con el mismo”.

Ante la maternidad y el embarazo adolescente con riesgo, se realizan visitas domiciliarias donde se buscan alternativas para mantener el vínculo institucional con los estudiantes.

Cuando se constata “falta de motivación en actividades novedosas”, se buscan “nuevas estrategias para generar el interés”.

Ante un alumno que se desvincula sin motivo aparente, se comunican vía telefónica o presencial en el domicilio, para conocer el motivo de su ausencia. “Se constata que al reconocer al estudiante, este se siente valorado y en la mayoría de los casos retorna evitando la desafiliación.”

Las situaciones mencionadas “despertaron el interés de buscar el marco teórico adecuado para ayudarnos a comprender y fundamentar nuestras acciones frente a las problemáticas reiteradas”. En dicha búsqueda -indican los participantes del EREP- manejan el concepto de “multipobrezas”, que distingue “las obvias de las no tan obvias”. Las primeras son aquellas que sirven como indicadores para evaluar el Indice de Desarrollo Humano de un país, y comprenden “el acceso al trabajo, la alimentación, la vivienda, la salud y la educación”. Dentro de las segundas “se ubica la pobreza de entendimiento reflexivo, la falta de protección ciudadana y por último la escasa participación política. Las mismas son generadas cuando las necesidades obvias no son satisfechas”.

La falta de entendimiento reflexivo se refiere cuando el joven tiene dificultades en el manejo de la información y la construcción del conocimiento. Visualiza lo que es una opción como fatalidad sin posibilidad de modificar la situación. La falta de participación ciudadana está referida a la desmovilización, la apatía y el escepticismo, generando actitudes individualistas. La falta de protección ciudadana se observa cuando no se participa por miedo al ridículo, con la complicidad del entorno que genera esa situación. Este miedo se internaliza impidiendo que los sujetos ejerzan sus derechos” continúa el texto.

Agregan que “sobre estas dificultades (pobrezas no obvias) podemos actuar y generar cambios positivos”. Admiten los docentes que “sobre las pobrezas materiales que todos conocemos que existen, está fuera de nuestro alcance incidir”.

En tiempos de estigmatización de adolescentes y jóvenes que integran los estratos socio-económicos más desfavorecidos, quienes participan del EREP destacan que “la verdadera justicia pedagógica radica en reconocer la diversidad de culturas y formas heterogéneas de nuestra población juvenil y respetarla ajustando nuestras prácticas educativas a las mismas”.

“Cada uno de nuestros jóvenes encierra la posibilidad de su desarrollo personal y para tal objetivo es necesario crear ambientes propicios basados en el componente afectivo de los vínculos. Nuestro trabajo consiste en lograr desarrollar la potencialidad de cada uno, que lo efectivo coincida con dicho potencial. Si esto no ocurre y los motivos son evitables estaremos ejerciendo violencia institucional” concluyen.