Por el Fisioterapeuta Rafael Pereira
Cuando hablamos de artrosis, solemos pensar inmediatamente en el paso del tiempo. Sin embargo, reducirla únicamente a un problema de edad es simplificar demasiado una condición que tiene múltiples factores y, lo más importante, muchas posibilidades de prevención.
Por definición, la artrosis es un proceso degenerativo que implica el desgaste del cartílago entre los huesos de una articulación. Este cartílago funciona como un amortiguador natural que permite el movimiento sin fricción. Cuando se deteriora, comienzan el dolor, la rigidez y la limitación funcional. Pero la pregunta clave no es solo qué es la artrosis, sino por qué se produce y cómo podemos evitarla.
El desgaste articular con el paso del tiempo es inevitable, pero no siempre aparece de la misma forma. ¿Por qué una persona puede desarrollar artrosis en la cadera derecha y no en la izquierda? Allí entran en juego distintos factores: el sobrepeso, el uso excesivo de una articulación, la predisposición genética y, especialmente, los desbalances corporales.
Desde el punto de vista de la fisioterapia, los desbalances son uno de los factores más determinantes. Una postura adecuada implica que los ejes de la fuerza y la gravedad atraviesen correctamente el centro de las articulaciones, manteniendo un equilibrio. Cuando la postura se altera, aparecen desviaciones y rotaciones que generan presiones desiguales dentro de la articulación. Ese desequilibrio es el que, con el tiempo, produce el desgaste. Al mismo tiempo, hay otro factor que influye sobre los desbalances posturales y poco se habla de ello, y son las diferentes actitudes emocionales como inciden sobre las diferentes actitudes posturales. Durante el día pasamos por diferentes estados emocionales como por ejemplo nos ponemos tristes o nos ponemos felices, estamos enfocados en algo, o estamos ansiosos, preocupados, entre otras situaciones y ese estado hace que refleje en la postura, pero es considerado normal y no trae consecuencias. Lo que si trae repercusiones es mantenernos en el tiempo en una sola actitud emocional lo cual va a fijar una actitud postural mantenida con una determinada implicancia sobre algunos tejidos.
La buena noticia es que este factor sí se puede prevenir. Mantener una correcta higiene postural en el trabajo, en las actividades diarias y en la práctica deportiva es fundamental. Esto implica evaluar la movilidad de cada articulación, asegurar el equilibrio entre músculos agonistas y antagonistas y favorecer una distribución armónica de las fuerzas.
La prevención también incluye hábitos simples pero efectivos: ejercicios diarios de flexibilidad para conservar el rango de movimiento y ejercicios de fortalecimiento para estabilizar las articulaciones. Una musculatura fuerte permite absorber mejor las cargas y proteger el cartílago frente a las exigencias físicas.
Además, no debemos olvidar las fuerzas internas del cuerpo. Las vísceras también interactúan con el sistema musculoesquelético y pueden generar tensiones que alteren el equilibrio postural. En estos casos, terapias como la osteopatía visceral pueden ayudar a restablecer la armonía funcional.
En cuanto a la mala gestión emocional se recomienda en primer orden que consulte con un profesional especifico (Psicólogo o Psiquiatra) y desde la fisioterapia se recomienda practicar las técnicas de respiración de mindfulness que te ayuda a enfocarte en el presente «aquí y ahora».
En definitiva, la artrosis no es solo una consecuencia inevitable del envejecimiento. Es, en gran medida, el resultado de cómo usamos nuestro cuerpo día a día, como nos alimentamos, que descanso tenemos y como nos sentimos psicosocialmente. Cuidar la postura, mantener el equilibrio muscular y trabajar la movilidad son herramientas clave para prevenir el desgaste articular y mejorar la calidad de vida.
Debemos ser conscientes que el promedio de vida es cada vez mayor, y por ende debemos ser responsables del como los vamos a vivir.
Foto tomada de : https://www.xn--clinicaluisbaos-brb.es/artrosis-y-artritis-diferencias-clave/