Alejandro González

Cuando caminamos por la calle y vemos un indigente, solemos poner ojos tiernos y decir: “¡Qué pena me da! ¡Voy a darle una monedita para ayudar un poquito a esa pobre alma!”, buscamos la moneda mas pequeña que tengamos y al dársela con lástima, seguimos con nuestra vida pensando que nos hemos ganado algún tipo de simpatía celestial. Nada de eso es malo, pero para nada es compasión, es simple pena o lástima, y si bien esa moneda puede ayudar a esa persona, los sentimientos y pensamientos con los que se la diste, son contraproducentes y dañinos para su alma.

Para empezar, hay que entender que lo que pensamos y sentimos sobre otra persona, le afecta directamente, si no es suficientemente autónoma; y como lo que vemos en los demás, es lo que realmente somos, nos afecta también a nosotros. Si veo a alguien y me da pena o lástima su situación, no la estamos ayudando, por el contrario, estamos afirmando su crítica situación y la estamos empeorando, es como ver a alguien en un pozo y echarle mas tierra encima. Suele ocurrir que van a ver a alguien internado en un hospital, se paran al borde de la cama con cara de angustia y le dicen: “¿te duele? ¡qué horrible lo que te paso! Una tía mía se murió de eso el año pasado. ¿y que dicen los médicos?”, y le hacemos mil preguntas recalcando su dolor y mala situación.

Y lo que es peor, es que estamos invitando por ley del Mentalismo, a esa misma situación a que venga a nuestra vida, ya que las pensamos y sentimos con intensidad; cuanto mas gente menesterosa veamos y digamos con sentimiento: “¡pobrecito! ¡que pena me da! ¡ se me desgarra el corazón!”, mas lo estamos atrayendo a nuestra vida, ya que pensar y sentir algo es un imán que lo atraerá tarde o temprano. Entonces, ¿qué debemos hacer?, ¿mirar para otro lado y solo ver lo hermoso?, ¡No!, la clave es la verdadera Compasión.

Ya descartamos que la compasión sea pena o lástima, así que la compasión debe ser una actitud inteligente que transforme la situación y ayude verdaderamente a una persona en situación crítica; pensemos en todos los grandes Maestros de la humanidad y como se han comportado ante esas situaciones, imagínate que si el Maestro Jesús le hubiese dado lástima frente al paralítico y se hubiese puesto a llorar diciendo: “¡qué horror!”, por el contrario dijo: “¡levántate y anda!”, no con sufrimiento, sino con total compasión.

Hay una conexión mística entre la vista, el corazón y la mente; y así funciona la compasión: cuando VES una situación crítica en ti o alguien mas (que para el cerebro es lo mismo), y la observas sin calificarla de mala, sino pura observación; esa actitud despierta o activa el centro de poder del corazón, llamado chacra Anahata, el cual mueve la mente (léase mente que utiliza al cerebro como instrumento) a que busque y active una solución práctica a ese problema, sin sentimientos de tristeza, sino con el poder de un sentimiento positivo, como el Amor Divino. Eso es la verdadera compasión, que impacta de una manera totalmente distinta en el mundo.

El resultado de esa compasión puede ser que también le des esa moneda al menesteroso, pero no será con lástima ni calificándolo de pobre, sino con una sonrisa, un saludo y diciendo y pensando “Dios bendice la prosperidad en ti”, o si vas al hospital, levantarle el ánimo al enfermo con buen sentido del humor y transmitiéndole fe en su propia curación inmediata. Esa es la verdadera compasión, que ayuda y trae soluciones a los problemas del mundo, recuerda que la pena y lástima hacen mas daño que la propia indiferencia. Así que ve por el mundo, con una mirada compasiva, volviendo en Luz todo lo que veas y ayudando con tu actitud a cambiar al mundo. entar con tus amigos: Y qui sobrco ponerte a elucubrar con temor como se irdecreto ponerte a comentar con tus amigos: Y qui sobr

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