Pablo Bartol

Resumen de entrevista de semanario Voces  1ª. parte

Pablo Bartol tiene 53 años. Su padre fue gerente de Fleischmann. Su madre, profesora, y directora del colegio Los Pilares, y antes de eso ama de casa por muchos años. Eran seis hermanos. Es miembro del Opus Dei y fue director del liceo Los Pinos durante 20 años. Se integró al grupo de Luis Lacalle Pou recientemente y sería el titular del Mides en un hipotético gobierno blanco.

Lacalle “me conoce hace diez años, y es obvio que no está de acuerdo con muchas de las enseñanzas que transmite el Opus Dei. Lo hemos hablado. Él me dice que quiere mi experiencia y mi conocimiento de cómo se transforma una realidad social. Con todo lo demás está dispuesto a convivir. Y está claro que cuando entrás a una función pública lo que debe primar es lo que necesita la sociedad, más allá de que vos tenés tus ideas y no vas a hacer nada que esté en contra de eso. En una coalición de gobierno confluye todo tipo de pensamientos. No existe en Uruguay un grupo focalizado que tome el poder e imponga una idea que la mayoría no sostenga. Todo pasa por las leyes, y para eso se precisan los votos. En esto no va a haber intención de inclinar la balanza para un lado u otro, y menos desde un ministerio, desde un tipo aislado”.

“Pero él insistió en que lo de Casavalle no lo había visto en otros lados del país. No había visto ese proceso, esa capacidad de la gente de salir adelante por sus propios medios sin sentirse víctima sino protagonista. Me había dicho que, de ganar él, yo podría colaborar en el gobierno. Le dije que primero ganara y después hablábamos”.

“Necesitamos cambiar toda una mentalidad en el país con respecto a cómo se producen estos cambios sociales. La gente está harta de la violencia y lo único que está pensando es en el palo, y por ahí no va la solución. Llevándolo a términos católicos, hay que evangelizar en estas nuevas ideas de promover a la persona, descubriendo sus fortalezas para que salga adelante por sí misma. Es una nueva manera de ver las cosas, y no te creas que va a ser fácil que la gente se convenza. Me dijo que por eso me necesitaba un año entero difundiendo eso en todo el país, full time, porque es una tarea de muchas horas de trabajo, y es una doble tarea: difundir la idea y conocer la realidad y las peculiaridades de cada lugar para ver cómo aterrizarla, porque no es lo mismo Casavalle que el asentamiento La Colina en Rivera. Hay que conocer bien, hablar con los referentes locales y con todo el mundo. Para eso me pidió ese año. Te diría que me convenció al decirme que lo que yo hice para miles se puede hacer para millones. Eso fue lo que le creí, además de en su experiencia política y su determinación. Y después hay otra cosa que me emociona: un candidato a presidente puede tirar muchos nombres y vender la piel del oso antes de cazarlo. Que esté dispuesto a quemar una de esas cartas en el MIDES… Le creo que las políticas sociales van a ser el centro del gobierno de coalición liderado por los blancos. Le creo que ese va a ser el eje, porque de otro modo no quema una carta así un año antes. La última vez insistí en contra todo lo que pude y me dijo que lo había pensado mil veces y que era yo, y que ya no lo iba a pensar más. Capaz que esa determinación de riesgo al llevar mi nombre me convenció de que efectivamente sabe que lo podemos hacer”.

Considera que en Los Pinos “no traté a los pobres como pobres sino que traté de darles lo mejor posible. Creo que la gente, cuando le das lo mejor, piensa que si lo merece es porque lo vale, y ahí es que saca las uñas y pelea por lo suyo, por salir adelante. Y cuando le estás dando y dando, piensa que no tiene valía, se queda quietita, se va convenciendo de que no va a poder salir, de que no vale mucho, de que no tiene fuerzas. He visto, una clarísima relación de dependencia, con el efecto del paternalismo. La gente se va convenciendo de que sin esa dependencia no va a poder salir adelante. Es terrible. El creerte que sin vos el tipo no sale adelante, y que siempre vas a tener que estar ahí. Eso es un veneno en las políticas sociales, y en cualquier intento de desarrollo de las personas”.

“Hay que liberar la cabeza de ese pensamiento que aprisiona y te impide sacar las uñas. Hay una historia que cuento por todos lados, la de un chico de Los Pinos que aprendió inglés con una beca que le conseguimos, y con ese inglés ganó un concurso y fue a Estados Unidos y conoció una rusa con la que se casó. El que está en situación de pobreza tiene un montón de esas válvulas trancadas, y yo lo que tengo que hacer es abrírselas, para que el gurí se convenza de que puede y salga adelante. En el fondo no hay nada que lo limite. Trancas va a haber, pero se pueden superar como todo en la vida. A veces, por esas trancas, no agarran para el lado del estudio y agarran para otros lados con cargas muy difíciles que también las superan, como la resistencia física en el trabajo o soportar tratos insoportables en el laburo. Se superan cosas mucho más difíciles que esta otra, solo que para esta otra tienen la válvula trancada. El contexto limita mucho, sobre todo el de amigos.

En Los Pinos nos preguntan que cómo hacemos para sacar a todos esos gurises adelante. La respuesta es el contexto de un grupo de gurises que quieren salir adelante, donde el contexto regenera la manzana podrida en lugar de permitir que esa manzana pudra el cajón. Eso es lo que nos pasa a nosotros, cuando le dicen: “No seas pelotudo, no la cagués, no pudras todo acá adentro”, y el loco al final no lo hace. En Los Pinos todos los días guachos de veinte años barren las aulas, los talleres. Limpian el comedor, pasan un trapo. El año pasado armamos una reunión de padres; tenían que ir los tremendos pelotudos a decirles a sus padres que fueran. “Mi hijo desde que está acá es otro”, dijo una madre.

De dieciocho a veinticuatro años, en ese rango etario podés venir a hacer un curso que dura cuatro meses y medio, de lunes a viernes de ocho a una, muy intenso. Esa madre nos dijo eso de su hijo al mes y medio de haber empezado. “Lo volvieron un obsesivo de la limpieza, ya no me deja entrar a la cocina y lava todo”, nos dijo y nos preguntó que qué le habíamos hecho. ¿Qué le hicimos? Lo metimos en un contexto donde todo el mundo barre y pasa un trapo en la mesa después de tomar la cocoa con los bizcochos, entonces ahora le parece normal, no le parece denigrante. Estoy convencido de que los contextos determinan, y que, si querés sacar a la gente adelante no se trata de tirar de los pelos sino de armar los contextos que habiliten a cambiar, a destrancar las válvulas que te dicen que algo no es para vos. Hace unos años un gurí de Rivera vivía en el asentamiento 1º de Mayo, en un rancho de chapa a donde se había ido a vivir con la hermana. Vino e hizo el curso, y lo metimos a trabajar en una metalúrgica. Un día vino y trajo el recibo de sueldo. “¿Sabe que soy el único en el asentamiento que tiene recibo de sueldo?”, me dijo. Esos son los contextos que te hacen creer que el trabajo formal no es para vos, cuando todos en la vuelta viven de changas. Ya pasaron diez años de eso. Después entró a la UTU a estudiar electrotecnia, y después programación. Hoy es el profesor que tenemos para enseñar eso, que es lo más sofisticado que enseñamos. Un guacho venido de Rivera, formado acá en Los Pinos y que después por la suya siguió metiendo pata. Es tremendo referente cuando enseña y cuenta su historia”.

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