Horacio Brum
Ya de regreso de Rusia, me estoy poniendo al día con los temas uruguayos; el asunto del arroyo Chinflaco no es algo menor y debería provocar alguna movilización de la opinión pública, en especial en esta temporada electoral. Chile está afectado por una sequía producto del cambio climático, y el gobierno ha tenido que comprar agua a los privados para resolver las crisis en las comunidades rurales (ver, por ejemplo: https://www.eldesconcierto.cl/2019/10/07/usted-sabe-cuanto-cuesta-un-litro-por-segundo-el-encendido-debate-entre-el-presidente-de-agropetorca-y-rodrigo-mundaca/).
Los socios civiles de la dictadura de Pinochet, entre los cuales se destacó José Piñera, líder neoliberal y hermano del actual presidente, consiguieron que el agua fuera un bien comerciable, que se transa entre privados por cifras astronómicas: hasta 100.000 dólares el litro por segundo. En varias regiones, las grandes empresas mineras, generadoras de electricidad y forestales, son dueñas del 50% y más de los derechos de extracción de agua.
Con referencia a Winterbotham, la compañía detrás del proyecto de la represa, resulta interesante ver que uno de sus miembros auditores pasó del Banco Central del Uruguay directamente a esta empresa. En 2007, Ana Saint Esteven aparece mencionada en un decreto de prolongación de contratos en el BCU, que firma Rodolfo Nin Novoa, como vicepresidente de la República; en 2008, según la web de Winterbotham, pasa a integrar sus cuadros. (http://archivo.presidencia.gub.uy/_web/resoluciones/2007/10/2365_05%2011%202007_00001.PDF).
Volviendo a Chile, este paso de funcionarios de instituciones del gobierno a empresas privadas se llama popularmente “la puerta giratoria” y se lo reconoce como un medio no muy limpio de las empresas de adquirir influencia y contactos en el Estado. Una danza en la que se han mezclado alegremente progresistas, pinochetistas y otros “istas”. ¿Seguimos copiando el modelo chileno?
Un abrazo.