Escribe Abner Prada da Silveira
Las madres les cantan nanas o canciones de cuna a sus niños desde el primer día de vida. Luego cantamos o canturreamos o silbamos durante toda la vida, mientras trabajamos levantando una pared o preparamos la carpintería de una casa, o simplemente cantamos porque nos gusta, porque es natural y porque queremos sentirnos alegres, integrados a la realidad que nos rodea, cualquiera sea. En los momentos más duros que han tenidos que atravesar los seres humanos, se cantó y se tocó música, como en los campos de concentración del holocausto.
Se canta en las iglesias y en los templos, en los boliches viejos y en los encuentros tradicionales, se canta como se puede… se canta.
Pero en la ESCUELA NO SE CANTA.
Se canta en los encuentros de amigos, cuando la emoción fluye libremente enlazando a todos en una profunda comunión. Se canta en certámenes de talento, porque el canto es parte fundamental de la expresión de las personas y del significado de la vida.
Es el principal puntal para edificar el desarrollo intelectual y emocional saludable de los seres humanos.
Pero salvo escasísimas y honrosas excepciones en nuestras ESCUELAS O LICEOS YA NO SE CANTA.
Las honrosas excepciones son aquellas impulsadas por personas aisladas, que convencidas de la importancia del canto en los niños, proponen proyectos específicos en el sentido de impulsar esa actividad. Como si el tema de la música y el canto debiera ser encuadrado en un plan aislado y no una cosa de todos los días y de todos los momentos, integrada al hecho educativo e indisolublemente ligado a él.
Meritoria actitud la de esas personas, porque la música y el canto ya no son considerados por los gobiernos y los gremios de la enseñanza, como parte de la educación de los niños y de los jóvenes, y entonces luchan solos y con escaso apoyo.
Ustedes deben saber que si no tiene título de maestro, nadie en una escuela puede enseñar algún canto, o formar un coro y poner en manos de los niños instrumentos elementales.
Algo doblemente insólito, primero porque impide que la cultura del pueblo, la cultura de la gente, del vecino, del músico del barrio, pueda ser trasmitida a los niños.
Y en segundo lugar, porque a las o los docentes no se les capacita para ese rol, o lo que es aún peor no le otorgan el tiempo necesario en los programas educativos. Por lo tanto los niños y jóvenes quedan nones.
Tuve la suerte de educarme en una escuela Rural Granja, donde mis padres eran los dos únicos maestros. La maestra tenía una hermosa voz y acompañada por el maestro Prada que daba el tono con la armónica (único instrumento que había en la Escuela Granja número 17 de San José) cantábamos a cappella los 60 alumnos, lo que tocaba cantar.
“Cantábamos siempre”, al decir del Maestro Prada, “antes y después de cualquier cosa”. Cantábamos por el camino, en la huerta, en el taller y en la cocina, en todos lados. Y hasta hoy recordamos esas viejas canciones, que no por viejas son menos hermosas.
Antes cantaban las maestras, estudiaban canto.
Cuando a la Escuela 17 llegaba el ómnibus con las practicantes de magisterio provenientes de Montevideo, se bajaban frente a la Escuela formaban el coro y cantaban. Para nosotros los “gurises”, era la música de los ángeles.
Cuando hoy percibo que hay muchos niños y jóvenes que no saben mantener la melodía y el tono de una canción, que no memorizan casi ningún tema, o cantan solamente el Cumpleaños feliz o la Vaca Lola, se me estruja el corazón.
Cuando hoy constato que hay muchos niños y jóvenes que se presentan a concursos cantando cosas hermosas a un nivel extraordinario, que se formaron en burbujas muy aisladas con un enorme esfuerzo personal, se me estruja más aún el corazón.
¿Cuántos niños y jóvenes talentosos estarán concurriendo hoy a nuestros centros educativos cuyos talento musical va a pasar desapercibido para siempre, por no contar con una mínima formación musical que los descubra?.
Está ampliamente demostrado que la práctica del canto y la música, al igual que otras actividades artísticas, son promotoras del desarrollo mental de los niños, mejoran la capacidad de razonamiento abstracto y por supuesto la creatividad.
Ustedes se preguntarán por qué cantamos, hay mil razones para cantar, pero hoy la pregunta que nos hacemos con gran dolor es POR QUÉ YA NO CANTAMOS EN LA ESCUELA.
Queremos que los niños lleguen cantando a sus casas, que su voz sea como fue siempre, la expresión de su alma.
Vaya aquí nuestro sentido recuerdo y homenaje para maestras tales como Estela Garmendía, Marta Pereira, Elsa Morales, Helena Juriol , Viky Henares y otras tantas que fueron grandes referentes de la música y el canto en las escuelas sanduceras.
Foto de Elsa Morales, gentileza de sus hijas.
