«Algunos cantores son aceptados por ‘cómo cantan’; otros por ‘lo que cantan’. No todos son aceptados por          ‘cómo cantan y lo que cantan’. Omar Romano, en el campo del canto popular uruguayo, es uno de los pocos       que obtienen el aplauso por las dos razones antedichas, juntas. Si a ese privilegio (pues consideramos que es un privilegio) se le adiciona la profesionalidad, la disciplina, la técnica vocal, la comunicación sin rebusques y la entrega total, llegamos a un excelente nivel sin discusiones de ningún tipo». (J.M.B., El            Telégrafo, 20.9.1983-Fragmento)

En una oportunidad y tras determinado receso en su actividad artística, Omar había expresado «de parte de este cantor que nunca se fue del todo». Su ritmo de trabajo como cantor no es el mismo de años atrás. Pero él siempre está, no se detiene, permanece alerta. Y hasta incluso creando, ideando. Solo hace falta considerarlo, convocarlo; de inmediato se conectará con sus amigos y talentosos músicos para armar un espectáculo donde la excelencia es evidente.

Hace 37 años, a través del pensamiento escogido que citamos al comienzo, opinábamos eso de Omar Romano. Lo seguimos sosteniendo. Desde aquellos años ’70 donde luego de haberse formado en su pago sanducero, pasó de alguna manera a ser «hijo adoptivo» de Montevideo, donde desarrollara una acción intensa y positiva, tanto en presentaciones -extendidas a todo el país- así como en la discografía. No apuntamos en esta semblanza a historiar, pero deben marcar presencia trabajos imperdibles del trovador sanducero, como «Carnaval», premiado con Disco de Oro, Disco de Platino y Disco Doble Platino, y «Carnaval II» que alcanzara Disco de Oro. Una buena idea que dio resultados más que interesantes, o lo que lo mismo, la murguez a través de una novedosa expresión.

Aplaudimos las «carnavaleras» incursiones de Romano. Pero no descuidemos su obra de juglar popular (sin intención de etiquetar, es lo que se nos ocurrió). Con la rica poesía de amigos a la que le adicionó musicalidad, o con obras de su autoría total; títulos que reunió en preciosos álbumes discográficos, desde «Traigo conmigo» allá en 1972. Mención subrayada para «Los sabores de mi tierra» (2009), con textos de -entre otros- Abel Soria, Julio C. Martínez, Juan C. López, Miguel Palomeque. «Rescatar del olvido, a través de canciones y con textos exclusivos, diferentes comidas características de las zonas rurales», había sido la intención original.

Vale reiterar que no es la historia la médula de estas narraciones. Eso sí: el propósito es evocar a figuras que, como Omar Romano, son protagonistas del enriquecimiento de un patrimonio cultural popular uruguayo, reconocido incluso en el escenario latinoamericano. Y a su vez recordar que el cantor siempre está. Es que «nunca se va del todo…».

UN PUENTE DE PENTAGRAMAS

Estamos a 45 años de la inauguración del Puente Internacional Paysandú-Colón «Gral. Artigas». Aniversario que nos mueve a una reflexión o, mejor dicho, a complementar reiterados comentarios en torno a un convencimiento: la integración, tema del que somos apasionados. En torno a la naturaleza de esta sección, es lo cultural con acento en lo musical a lo que apuntamos con más fuerza. En alguna medida se cumple; también la radiotelefonía de ambas orillas considera a los poetas, músicos y cantores del mapa musical regional.

Con motivo de la apertura del Puente, la Unión de Canillitas Sanduceros editó el «Libro de Oro», excelente trabajo dirigido por los periodistas Wálter Rosconi y Alberto Pepe Leira. A nosotros nos encomendaron una nota que pintara la realidad del movimiento musical-popular sanducero. Compromiso o desafío que aceptamos. Al cometido específico, le agregamos alguna idea para fortificar la, precisamente, integración de culturas. A ese trabajo lo habíamos denominado «Un puente de pentagramas».

HASTA LA PRÓXIMA

«Breve historia del conocimiento mutuo de Miguel (un ratón) y este cantor en Jackson 359, Orange, New Jersey, EE.UU.» Título vaya si extenso de un texto de Omar Romano solo para decir, o sea, sin música. Surgido en su experiencia en Estados Unidos (1988). Luego se popularizó como, simplemente, «Tema del ratón». En público, vaya si impacta; en especial el final: «…Omar Romano, cantor, de Paysandú, patria chica, la que Gabino cantó. Uruguayo, por más señas y orgulloso ¡si señor!. Soy latinoamericano, ¡gracias por vuestra atención!. Y ya me estoy despidiendo…Les dejo…¡les dejo mi corazón!».

José María Brunini