Escribe Aníbal Erramuspe Espinosa      

En algún momento de la humanidad el hombre incorporó la idea de que su propia historia no podía existir si no existía un fin en algún momento. Al ser finita la vida, la historia humana también debía serlo.

Por eso ha mantenido diversas posiciones religiosas primero, filosóficas después y científicas también que han intentado poner sobre la mesa la discusión del fin de la historia.

La Edad Media, que se toma desde el año 476 con la desintegración del Imperio Romano de Occidente, y concluye, según distintos autores, con la invención de la imprenta en 1440; con la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, o con la llegada de los europeos a América, en 1492, conocido también como feudalismo, era una organización social, política y económica basada en la tierra y en el vasallaje. En dicho período, si bien existieron conflictos, hubo una estabilidad ideológica en donde los poderes terrenales estaban juntos con los poderes religiosos, primando éstos sobre los primeros. O sea Dios, una idea metafísica, encauzado en la tierra por la Iglesia, regía o pretendía regir la vida de las personas.

El período posterior, denominado Iluminismo, a través de los llamados philosophes, demolieron la Ciudad de Dios de San Agustín, para reconstruirla con la razón y la verdad. Posteriormente el socialismo, en particular el marxismo, derrumbó la sociedad de los philosophes para reconstruirla con el Estado.

El Iluminismo exigió el reemplazo de Dios, y de la institución por excelencia que lo representaba, la Iglesia, para sustituirlo por la Razón y la Verdad, y nuevas instituciones, encarnadas en la República. Los socialistas reemplazaron la Razón y la Verdad por la lucha de clases y una nueva idea rectora, el Estado, con personas que lo dirigirían a través de otra organización, el partido.

Y cuando el Iluminismo nos inspiró para humanizar al hombre, con sus ideas de la perfectibilidad del mismo, y que podía llegar a ser libre, por un lado la Restauración, que imponía el regreso a la ideología medieval, y que no llegó a suceder, y por otro el socialismo ortodoxo que planteaba en forma “científica” la división de la nueva sociedad, la revolución del proletariado con la vanguardia del partido, y la aparición del Estado protector, que tal como padre debía cuidarnos y ayudarnos en cualquier circunstancia, ideas muy leídas e impuestas, que trajo el mayor fracaso político de la historia.

Se desplazaba así la responsabilidad única que tiene cada persona en buscar su propio destino, idea “descubierta” hace tres siglos por lo menos.

El Iluminismo entonces, corriente filosófica que logró extraer de las creencias fundamentales de la gente la noción del Dios padre y protector, por otras que pone en el centro al hombre y su razón, no logró en definitiva un cambio de creencias. Ahora no es Dios el referente de la vida sino que es el Estado el que ha pasado a cubrir esa necesidad que el Iluminismo decía que era artificial.

Nuestro país en concreto está lleno de templos de las dos creencias. Templos religiosos vemos por doquier, y por el otro lado, nuestro Palacio Legislativo es de los mejores tanto en construcción como ubicación del mundo, seguro que el mejor de América Latina. Y fue el batllismo el que profundizó el estatismo, que ya se había iniciado en nuestro país, dejando de lado un país más abierto y con tasas de crecimiento muy altas, que llevó a Alberdi a calificar a Uruguay como la “California del Sur”, a mediados del siglo XIX. Aquí nos vamos a ayudar en una gran obra, Historia Económica del Uruguay, escrita por Ramón Díaz. Allí se menciona que el libro que más había ejercido influencia en José Batlle y Ordoñez fue El “Curso sobre Derecho Natural”, escrito por Enrique Ahrens, quien era partidario de un filósofo alemán, Krause. En el libro de Ahrens aparece el concepto de estado protector, paternal, incrustado en la concepción política dominante en el país. Esta influencia también lo menciona Rafael V. Orden Jiménez de la Universidad Cumplutense de Madrid. Opina Krause: “El Estado, como la forma exterior de la justicia, debe asegurar a los ciudadanos las condiciones para cumplir libremente la totalidad de su destino. Aquí el estado no solo es un tutor sino también un salvador. Recordemos que la idea de salvación es central en los pensamientos religiosos. Se cambia a Dios por el Estado. ¿Quiénes son los rectores? La Iglesia y los sacerdotes por un lado, los partidos y los políticos por otro. El resultado es el mismo: genera individuos dependientes, que son incapaces de pensar y actuar libremente en base a su propia conciencia.

Con esa base, el socialismo aparece luego ya en el siglo XX, abrazando las ideas batllistas, incorporando el conflicto social como elemento central en la búsqueda de sus objetivos, lograr una mejor sociedad, que llegaría inevitablemente por las fuerzas presentes en la historia, idea religiosa con más de 2000 años.

Como ejemplo de todo esto, Uruguay tuvo una empresa denominada Pluna, que duró desde 1951, cuando se transformó en ente autónomo, aunque antes ya desde 1940 tenía control del estado uruguayo, y que sobrevivió siempre con pérdidas hasta 2017, cuando el gobierno la disolvió. Fueron 77 años en donde los uruguayos tuvimos que poner plata para que existiera la empresa. Y eso no es debatido por casi nadie, porque era una empresa del estado, ese ser superior que todo lo puede y nos debe proteger, sin darnos cuenta que es una institución que está formada por hombres de carne y hueso, dirigida por hombres públicos, que deberían tener la excelencia como norte de la gestión.

Con esto queremos decir que en realidad el estado no todo lo puede, y que incluso se puede fundir como cualquier otra empresa que exista en el mundo. Hoy sabemos que los Estados se puede terminar, incluso sin disparar un solo tiro, como la Unión Soviética. Si miramos los últimos años entonces, con Pluna, ya descripto, Ancap, Gas Sayago, el puerto de aguas profundas, y la minería Aratirí, por el Estado, o sea con plata de todos nosotros, se nos fueron 1.375 millones de dólares que nos harían falta ahora.

Pero lo fundamental no es solo las pérdidas, sino la creencia impuesta: el hombre debe ser tutelado porque sino la sociedad no resulta justa. Por eso necesita una idea que sustituya a Dios, el Estado, y una casta que lo dirija, los políticos, quienes serán los que interpreten las necesidades de las personas y propongan las acciones para la felicidad de todos. Aclaro que esto es la creencia, no lo que piensan y sienten los políticos en general.

Pero esa idea podía estar equivocada, y que el fundamento de la vida de las personas, y el pacto hecho en algún momento de la historia para que apareciera el Estado, era que debía sí protegernos pero en estos derechos: a la vida, la libertad, la propiedad y la seguridad. Con esos derechos fundamentales, la sociedad se encargaría de organizarse para satisfacer las necesidades de las personas, a través de dos mecanismos, imperfectos, pero mejores que otros, y certeros al fin: la democracia liberal y el mercado.

Lic. en Trabajo Social. Udelar

Certificado en Gerencia. Universidad ORT

Diploma de Estudios en Familia. Universidad Católica