SISTEMA FABRIL, PARA FÁBRICAS QUE YA NO EXISTEN
Prof. Gabriela Arias
Año 2022 entramos a un salón de clases y vemos como el tiempo se detuvo en la época industrial, volvemos 30 años para atrás.
La revolución industrial del siglo XIX cambió la forma en la que se impartía la educación. Eran las fábricas quienes marcaban los objetivos educativos en base a las necesidades del mercado de trabajo. Las escuelas pasaron a ser réplicas de plantas de ensamblado, donde el sistema educativo tenía talla única y los niños son ubicados por “fecha de fabricación”. Sistema que funcionó como reloj suizo mientras el mercado y la economía era sostenido mayoritariamente por el sector industrial. Concepto interpretado a la perfección por el dibujante Francesco Tonucci, más conocido como Frato, en el que la escuela simula una fábrica en la que los contenidos son depositados en los alumnos y expulsados por un caño de desagüe quienes no se ajustan.
En pleno 2022 la economía está sumamente diversificada y las necesidades del mercado y personales son tantas como nos podamos imaginar. Sin embargo dentro de las aulas se sigue haciendo lo mismo esperando resultados diferentes. Los docentes continúan mirando al alumnado como si fueran todos iguales, cabecitas vacías esperando ser llenadas mágicamente de contenido talla única.
Creer que los estudiantes no son capaces de desarrollar sus propias estrategias de aprendizaje es subestimar su capacidad. Creer que los estudiantes no son capaces de aprender lo que les interesa por sus propios medios es subestimar el enorme potencial de aprendizaje que tienen.
Los docentes se enfrentan hoy a una campaña de desprestigio que no hace más que desmotivar la tarea docente. No obstante también hay falta de autorreflexión y de búsqueda junto con sus estudiantes un nuevo sistema, un nuevo modelo que se ajuste a las necesidades que hay fuera y dentro del salón de clase.
El afuera de la escuela (cómo institución) exige de algo más que contenidos vacíos, exige fomentar las dimensiones sociales, reconocer y validar las emociones propias y ajenas.
El sistema industrial ya no existe, tampoco aquello que le demandaba a la educación. Es hora de que la educación se haga cargo.

