No está escrito lo que vale un artista

by Salomón Reyes

Hace unos años, durante una reunión con audiovisualistas, alguien tiró el facto de que la Intendencia de Montevideo había destinado $50.000 dólares para hacer un documental sobre Ruben Rada. Lo llamativo no era la cantidad sino la forma en cómo se había otorgado ese apoyo.

Algunos de los que estaban en los cuadritos del zoom, que justamente estaban gestionando apoyo económico de la Intendencia, cuestionaban la acción diciendo que la plata se había otorgado de forma directa sin ningún tipo de concurso o postulación, como sí lo debían hacer ellos.

Semanas después, uno de los que estuvieron en esa reunión, confirmó a través del testimonio de un funcionario que, efectivamente la IM había otorgado el apoyo y aclaró que para hacerlo, se había dispuesto de un fondo especial.

Ahora que busqué información para confirmar lo que digo, me encontré con que no hay ningún registro al respecto. Si el apoyo existió, no tengo manera de comprobarlo pero eso es lo de menos porque lo importante no es discutir sobre el uso de la plata pública para un proyecto relacionado con Rada, porque en todo caso 50,000 dólares sería una cantidad ridícula para hacer frente a los enormes gastos de producción de un documental sobre él, sino que un artista como Rada merecería eso y mucho más y en especial, cuando su cotización artística podría haber estado en su mejor momento.

Durante mucho tiempo, la cantante Lea Bensasson fue la manager de Rada y, en una conversación informal allá por el 2012, me comentó que un show de Ruben Rada con toda la banda, podía costar alrededor de $300,000 pesos uruguayos, según quién lo quisiera contratar. La verdad se me hizo poco porque si consideramos el viaje, los sueldos de los músicos, los técnicos, los viáticos, los impuestos, las comisiones, el stage y un largo etcétera, creo que al Negro Rada le quedaría algo más bien simbólico.

En esa cifra pensaba cuando en el 2018, vino invitado por Salto Grande al recién remodelado Puerto de Salto, a ofrecer un show memorable en donde una buena parte del público terminamos bailando junto al escenario, con él tocando los tambores sin parar. Lea me comentaba que realmente le salían muy pocas fechas en el interior uruguayo porque no le llegaban al precio a pesar de saber que era un espectáculo garantizado o como dicen ustedes, garantido. Tenía muchos años que no tocaba en Salto, quizá por la misma razón.

Lo que vale un artista no está escrito en ningún lado y quizá nunca se tendrá claro por qué alguien cobra lo que cobra. Lo que sí es más sencillo entender es que el mercado musical va marcando pautas que como artista puedes o no aprovechar. Pienso que Rada fue uno de esos artistas que priorizó ser generoso con su público y seguir vigente mientras se podía, que hacer plata tocando a cualquier precio. En ese sentido Rada, debió ser un artista habitual en esas enormes fiestas populares que gastan enormes cifras trayendo a figuras repetidas, año tras año. Si eso hubiera ocurrido, quizá no hubiera tenido que hacer publicidad de frankfurters y varios productos más.

Rada se erige como un monumento de la música uruguaya y un poco más allá, solo comparable a Zitarrosa, Jaime Ross y Hugo Fatorusso.

No solo está bien que Uruguay le rinda homenaje y haga duelo nacional por el Negro. Si un país no aprecia a sus propios artistas, algo estará haciendo mal. El año pasado, un importantísimo Festival latinoamericano de cine, se negó a programar el documental de uno de sus más grandes músicos, ya fallecido. Un pecado que no los dejará dormir.

No diré el nombre porque no quiero polemizar pero si lo buscan y encuentran, verán que tenía un parecido étnico, con el eterno Ruben Rada.

Foto de principios de los 80, Rada en Paysandú junto a comunicadores sanduceros.

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