El reconocido periodista y documentalista argentino-israelí Shlomo Slutzky analizó la crítica situación de Israel luego de las elecciones. Se trata de un activista por los derechos humanos.
Entre el asedio judicial a Netanyahu, el ascenso de la ultraderecha racista y una guerra que ha mutado de la defensa a la venganza asistida por inteligencia artificial, así lo relató Slutzky a 20once quien además advierte sobre un punto de no retorno para el sistema democrático.
Desde su hogar en Israel, donde reside desde 1976, Shlomo Slutzky no oculta su preocupación. Su diagnóstico personal es un reflejo del estado de la nación: “Estoy como el país: complicado”. Para este realizador documental y luchador por los derechos humanos, Israel no atraviesa una crisis política más, sino una batalla existencial por su identidad liberal y democrática.
El ocaso de Netanyahu y el peligro del autoritarismo
Para Slutzky, el resultado de los últimos comicios ha dejado un panorama de debilidad para el actual primer ministro. «Netanyahu tenía 32 bancas y ahora tiene 27. Su coalición posible bajó de 68 a 53 diputados», explica. Sin embargo, el peligro no reside solo en los números, sino en la naturaleza de las alianzas que Netanyahu ha tejido para mantenerse en el poder y evitar sus procesos judiciales por corrupción.
“La continuación del gobierno de Netanyahu es vista, de alguna manera, como el final de la democracia israelí”, afirma con contundencia. Según Slutzky, el comportamiento del gobierno se acerca cada vez más a lo dictatorial, especialmente por la influencia de figuras como Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional con antecedentes de terrorismo judío. “Es una persona racista y homófoba a la que le dieron el control de la policía y las cárceles. Esto representa una amenaza directa a las instituciones”, advierte.
Frente a este modelo, destaca la figura de Gadi Eisenkot, exjefe de las Fuerzas Armadas y miembro de la oposición, a quien define como una persona “más decente” y con una sensibilidad distinta tras haber perdido un hijo en combate. Para el periodista, Eisenkot representa una posibilidad de diálogo político frente al mesianismo de la actual coalición de gobierno.
La llave árabe: Una oportunidad histórica
Uno de los puntos más reveladores del análisis de Slutzky es el papel de los partidos árabes. Con 19 diputados en la oposición, este sector -que representa al 21% de la población- se ha convertido en el actor determinante. El entrevistado sostiene que si el frente de centro-izquierda tiene la valentía de formar una coalición judeo-árabe, Israel podría asistir a un cambio de paradigma sin precedentes.
“Tradicionalmente, esto no se hizo. Pero hoy tenemos líderes como Mahmoud Abbas, que plantea que no le importa reconocer a Israel como un Estado judío y democrático siempre que se respeten los derechos de su comunidad”, explica. Slutzky recuerda que bajo los gobiernos de Netanyahu, la población árabe ha sufrido un abandono sistemático, con casi mil muertes internas debido a la violencia y la falta de oportunidades que empuja a los jóvenes hacia bandas delictivas. Una alianza política no solo salvaría la democracia, sino que integraría socialmente a una quinta parte de la población.
De la defensa a la venganza: La guerra y la Inteligencia Artificial
Como documentalista, Slutzky pone el foco en la deshumanización del conflicto en Gaza. Según su visión, tras la masacre del 7 de octubre, la respuesta militar israelí sufrió una transformación ética peligrosa: “Se pasó de una guerra de defensa a una guerra de venganza”.
Slutzky denuncia que el concepto de “daño colateral” ha sido redefinido por el uso de inteligencia artificial y allí surge el documental Naza que en Israel no se puede ver.
“Antes, si se sabía que había civiles cerca de un objetivo, se buscaba otro momento. Hoy, según testimonios de soldados, la inteligencia artificial calcula cuántas personas pueden morir. Se ha pasado de aceptar dos o tres muertes marginales a aceptar hasta 300 civiles para eliminar a un solo objetivo”, relata con crudeza.
Esta nueva forma de hacer la guerra, donde la tecnología facilita la eliminación masiva de personas bajo el rótulo de «objetivos», es para Slutzky una de las facetas más oscuras del actual gobierno.
Censura, persecución y el estigma del «traidor»
La crisis democrática que describe el realizador argentino-israelí también se libra en el terreno de la cultura y la información. El periodista reveló que en Israel existe una censura férrea sobre materiales que cuestionan la actuación militar. Mencionó el caso de una película documental -premiada en el exterior y vista en Montevideo, Uruguay- que muestra testimonios de soldados sobre los bombardeos en Gaza, pero que no puede ser proyectada en territorio israelí.
“El gobierno proclama como traidores a los directores. En la tradición religiosa judía, el traidor es visto como alguien peor que el enemigo. Al usar ese término, se está incitando a la violencia física contra ellos”, advierte Slutzky. Para él, esta persecución a la expresión es una señal inequívoca de la degradación del Israel liberal.
Una encrucijada global
El entrevistado no ve este fenómeno como algo aislado, sino como parte de una tendencia global de populismos de derecha, comparando la situación con los movimientos de Donald Trump o los procesos electorales en Brasil.
“Estamos en un momento de encrucijada muy interesante. Si los dirigentes del frente de cambio están dispuestos a ponerse los cojones -disculpando la expresión-, entonces van a hacer una coalición basada en el apoyo de los partidos árabes”, concluye. Para Slutzky, esa es la única vía para evitar que Israel termine de deslizarse hacia un modelo autoritario donde la venganza reemplace a la justicia y la exclusión a la democracia.