Escribe José M. Brunini
Radar Musical
La emblemática creación «Los boliches», que sobre texto de Ignacio Suárez musicalizara y cantara Yamandú Palacios, de alguna manera nos introduce en un tema que hace pocos días esbozábamos en Radar Musical por Facebook. «Bar la leyenda que trina/ en su legado de esquina», canta un par de versos de la canción «Viejo boliche París», el de los Ogara, que le dedicáramos hace tiempo. Bar…boliche…O «Almacén y bar», como canta Carlos Benavídes y que un pasaje expresa: «Los bordoneos del guitarrero/ mandan la vuelta de la emoción,/ y no se salva ni el bolichero/ que sirve a todos y no apuntó».
Omar Romano en «Por el último guitarrero», tango-milonga dedicado a Roquito Benítez, en una parte dice: «Toca, Roquito, toca,/ para alegrarnos/ esta vida que duele/ como tus tangos». Y al final del recitado de la misma canción, el cantautor sentencia que «no es boliche, un boliche, sin guitarrero».
El músico-instrumentista, cantor- actuando para los «parroquianos». Una suerte de «peña», en algunos casos con los artistas habituales y consecuentes; en otros, con los circunstanciales, los que con respeto piden la guitarra prestada y entonan. No todos los bares contaban con «música en vivo», debe señalarse, aunque había sitios clásicos y firmes en esa modalidad; y fíjense: hablamos en «pasado»…La piqueta del progreso pudo más y, en cúantos casos, las partidas de aquellos honrosos protagonistas no han tenido quienes continuaran esa costumbre tan nuestra, tan folclórica, tan tradicional. Aunque sabemos que algunos «trovadores bolicheros» mantienen la fidelidad.
En el estuche del instrumento abierto, se aceptan los aportes del público; o en la gorra, o en el platillo. De alguna manera, el «salario» del músico. Con «yapa» si se trató de complacer un pedido. Y el tiempo transcurre en esa bohemia que el alcohol estimula, donde «no hay lugar» para quien «se le fue la mano en el trago». Un tiempo disfrutable, ya que entre canción y canción la filosofía aparece. «¡Aquí no se habla ni de religión ni de política», se solía advertir: buena idea; son temas que generan discusiones sin resolver. El boliche, «una escuela de todas las cosas» según Enrique Discépolo, en este caso el «cafetín». La reunión cordial expresándose «a coro», afinando o no, «A mi gente» o «Zamba de mi esperanza», o «El día que me quieras» o «Río de los pájaros»…Y cuántos talentos albergaban esos lugares. Uno de ellos, el ubicado en la esquina suroeste de Florida y Libertad (foto) o el de «haciendo cruz» con la ochava de la Intendencia. ¡Patrón…sirva otra vuelta!…