Escribe Darío Rodríguez
Desde el punto de vista de los medios de comunicación (MC) se verifican algunas cuestiones: se mantiene la concentración, (son intocables los canales privados de TV capitalinos; usufructúan asignaciones revocables y precarias desde hace más de 50 años); surgieron medios comunitarios; hay una preocupación de la academia por estos temas; avances tecnológicos ampliaron posibilidades y la derecha se opone a toda regulación.
Sabido es que los permisos para usar el espectro radioeléctrico, que tiene sus acotaciones técnicas, fueron entregados discrecionalmente, muchas veces a amigos y/o correligionarios, sin presentar plan alguno de comunicación.
Más allá de miradas diversas, los medios son parte de las usinas ideológicos de una sociedad. De todas maneras, es totalmente lícito usar un medio para alimentar vanidades, construir poder, status, entretener o para hacer periodismo en perspectiva de servicio de interés público.
En nota anterior mencionamos que los tibios cambios introducidos por la izquierda en su pasaje por el gobierno fueron ferozmente combatidos, a tal punto que la ley de medios vigente, va camino a su reformulación en clave regresiva; de restricción y mayor concentración de poder.
En el interior, todos estos asuntos tuvieron su expresión, que se observaron de distintas maneras. Con tal contexto es menester introducirse, con los riesgos del caso, en el comportamiento de medios y comunicadores locales que visualizan los mismos como una herramienta de servicio de interés público.
Puede suceder que el periodista entre en contradicción con la línea editorial del medio y que la situación se salde expulsando el trabajador que muchas veces ni siquiera cobra el laudo.
Hay distintas formas de vinculación entre periodistas o gente que quiere “hacer medio” con dichos instrumentos, pero quisiéramos hacer una reflexión en torno a comunicadores que entienden la comunicación como un asunto de gran responsabilidad y de servicio a la comunidad.
En cualquier parte del país, pero particularmente en el interior, se ven dos inconvenientes que lesionan la libertad de prensa en el uso de los medios convencionales (Radio, TV, diarios) Uno de ellos su sustentabilidad económica. Las constantes crisis económicas y la “diversidad de ofertas” hacen que lo primero que se suprima o comprima sea la publicidad mediática. Por otra parte, es gravitante el apoyo de los organismos estatales, particularmente de las Intendencias. Los organismos nacionales piensan menos en la distribución de recursos en medios del interior.
Lo de las Intendencias es digno de analizar pues pone en serio dilema a los comunicadores y/o dueños de medios; particularmente si son críticos de la gestión. Aunque sea difícil se deberían implementar, pues son recursos de los contribuyentes, criterios de asignación que abarquen el variopinto arco de propuestas. Es complejo, pero necesario. Hasta ahora, incluyendo gestiones varias, hay predilección con algún medio. Nadie puede decir hoy, cuáles son los criterios técnicos por los cuales la Intendencia sanducera asigna rubros a los medios. Desde la Intendencia opera la discrecionalidad y opacidad. Por otra parte, cada gestor de la Intendencia sabe que su pauta pesa en la continuidad de un medio o programa. Es difícil armar propuesta prescindiendo de la Intendencia quien maneja recursos de la comunidad y lo debe hacer atendiendo iniciativas política e ideológicamente distintas en honor al fortalecimiento de la democracia. Pero la dependencia puede ser letal o hacer que para mantener la pauta se pierda criticidad y se haga una suerte de vocería del intendente y/o de su performance. Se puede dar lo inverso: que el ninguneo de la Comuna exacerbe las críticas o las trivialice. Ahí pierde la gente. Las propuestas mediáticas pueden ser formativas cívicamente; pedagógicas.
También se puede entrar en otro debate, más complejo de dar: si hay “un exceso” de medios y/o propuestas y si ello hace más democrático el asunto.
El otro elemento que conspira contra la libertad de prensa tiene que ver con la cercanía comunidad-medios/programa. Hay una “familiaridad” que, a veces, impide una mirada crítica o bucear en ciertos asuntos. No hacerlo “mantiene” la calma. Un jerarca, empresario, político, puede ser un vecino del comunicador, amigo, pariente y una crítica, normal, puede ser fuente de dificultades y más si tiene poder. La proximidad, -que en ciertos casos se emparenta con la empatía-, y otros elementos pueden “lesionar” el principio enumerado más arriba. Se dirá que en todo caso, este es un problema del Uruguay aldeano, sin dudas, pero en las ciudades del interior ello gravita enormemente.
En Paysandú hay un conjunto de propuestas comunicacionales, en medios comerciales o comunitarios, muy interesantes que ven en ellas una profesión pero sobre todo una apuesta al debate de ideas, manejo de información de calidad, con profesionalidad y, eventualmente generando producción de contenidos en multiplicidad de géneros periodísticos. La comunicación, concebida como servicio público, particularmente cuando se usan las ondas propiedad de la sociedad, plantea mostrar lo que el poder no quiere se visibilice. Dar voz a los sin es otro de los componentes medulares.
Usufructuando la parafernalia tecnológica y en consonancia con lo que se hace en el mundo aquí se utilizan otros instrumentos potenciado por la red de redes. Cuentan, en general, con una ventaja adicional en tanto trabajan con palabras, imágenes o desde la virtualidad: no ocultan desde donde hablan. Creemos que en el interior ello es capital, por un sinfín de razones que ameritarían otra nota.
Para todas estas propuestas que desafían el discurso hegemónico, “lo que siempre se hizo así” es más difícil. Y ello se complejiza pues, en general, estos medios y/o programas no son “stricto sensu” voceros de tal o cual organización política. Aunque un medio es, en esencia, un instrumento político. Se da, además, la paradoja que quienes perciben políticamente afinidad con el medio y/o programa a la hora de ayudar en el desarrollo de la propuesta, -lo que no es una obligación comercial, tiene otra etiología-, se inclinan hacia lo hegemónico. Ni hablar que a la hora que precisan del medio para alguna actividad o evento piden tratamiento que no pedirían en otros órganos de mayor musculatura. Si bien esto tiene una desventaja, tiene su contracara: no podrá haber, por la vía de la billetera, condicionamiento alguno.
Para los comunicadores y/o medios que ven la comunicación, con mirada de servicio de interés público, es menester agudizar, minuto a minuto, el ingenio para subsistir. Obvio que tal situación desgasta, desestimula, estresa.
Por otra parte, y con tal panorama que no deja de ser histórico, cabe preguntar, aunque sea urticante, por qué tales medios y/o comunicadores, -con tal visión-, no logran generar espacios de intercambios, articulación, tareas en común para potenciar cada una de las iniciativas. Por qué, por ejemplo, no generan una suerte de pool para negociar publicidad, cantidad, monto, con avisadores de todo tamaño, evitando así el “pichuelo” y “facilitando” el acceso si se pide cada vez menos. Nadie plantearía que cada uno deje de gestionar “lo suyo”.
Hacer un programa o conducir un medio, sin hacer gestos grandilocuentes, es una gran responsabilidad, dar un salto como el planteado podría ser un algo interesante y de impacto. No se nos escapan las dificultades e intereses particulares, aunque parece claro que “solo/as” estuvo y está harto difícil. Máxime que nos consta que se busca con ahínco y enorme esfuerzo ofrecer propuestas atractivas, abarcativas, que eleven calidad democrática de los ciudadanos y se faciliten decisiones informadas.
Otra línea a explorar es propiciar formación e intercambio con la UdelaR y otros actores que vayan por similar andarivel.
Una tercera línea de acción va más por lo contenidos. Desde lo local, desarrollar con mayor vigor una perspectiva regional.
Si los medios o comunicar fuera irrelevante no tendría sentido la formación de decenas de jóvenes, -lo que quiere decir que comunicar y hacer periodismo es algo más que un arte-, ni serían, como pocos, objetos de persecución, aprietes, asfixia económica, tentaciones o cuestiones más sutiles. Seguimos en sintonía.
