Prof. Dipl. Gabriela Arias

Hace un tiempo vi una entrevista a una docente uruguaya que contaba su historia de resiliencia y superación. En una parte de la entrevista dijo algo que me llamó poderosamente la atención “Los pobres no podemos darnos el lujo de estudiar, tenemos que salir a trabajar desde temprana edad”. Luego explicó del porque la educación es un lujo para ellos y que no todos se lo pueden permitir.
La educación es una inversión a futuro, de la cual los resultados se ven a largo plazo. Pero en ese camino existe un gasto económico también, el cual será recuperado cuando termine el ciclo educativo y se trabaje para lo que se estudió. También existe un uso extendido del tiempo durante esa inversión, sumado al apoyo emocional de la familia.
Primero hay que comer. Hay muchas familias que una vez terminada la escuela o el ciclo básico mandan sus hijos a trabajar o a pedir, porque hay que comer primero. Ese tiempo que la mayoría de nosotros insistimos a nuestros hijos dedicar a estudiar, otros lo necesitan para sobrevivir el día a día. Esta maestra comentaba que ellos tienen que resolver el día a día, que su futuro no se piensa en años hacia adelante sino en días. La proyección en el tiempo no existe para ellos, tienen que resolver el hoy y mañana.
Hay muchos niños que crecen en un ambiente totalmente disruptivo y violento (el hambre y la discriminación son formas de violencia). Su capital neuronal es muy diferente al de aquel niño que crece en un ambiente en el que no hay carencia de ningún tipo, sobre todo emocional. ¿Qué es el capital neuronal? Es la estructura cerebral que se forma desde que nacemos y con la cual interactuamos con el mundo a lo largo de nuestras vidas. En el desarrollo de esta estructura influye el ambiente (económico, social, emocional, cultural) y también la genética. Es la escuela la que muchas veces va cubriendo esas necesidades y la que intenta, muchas veces sin éxito sacarlos a todos adelante. El cerebro tiene la maravillosa capacidad de moldearse, es plástico. Todos nacemos con más o menos las mismas capacidades pero no todos las desarrollamos adecuadamente y eso tiene que ver con el contexto en el que crecemos.
Dentro de ese grupo de niños o adolescentes que no pueden darse el lujo de invertir su tiempo en educación se destacan los resilientes. Son aquellos que a pesar de su contexto y de su capital neuronal siguen adelante en el camino educativo, como lo hizo la maestra mencionada. Son los menos, pero tienen una fuerza de voluntad imponente, van en contra de todas las predicciones que la sociedad hizo para ellos. Porque la sociedad desde chicos va prediciendo que vamos a lograr a ser y hacer dependiendo de nuestro contexto y lo peor de todo es que le creemos.
Lamentablemente el sistema educativo muchas veces reproduce en la escuela la estructura social del afuera y fomenta que siga todo como está. Es muy fácil juzgar desde la comodidad del hogar, calentito y con la panza llena. El tema es complejo y tiene muchas aristas, pero lo que más hace falta además de políticas de estado es la empatía de la sociedad entera. Es utópico, pero ojalá algún día todos los niños y adolescentes puedan darse el lujo de invertir su tiempo para estudiar y que la educación deje de ser un lujo de algunos.