A esta altura de la pandemia ya son cientos los sanduceros que han padecido el covid-19. La inmensa mayoría ha pasado la enfermedad sin llegar a CTI, la etapa más peligrosa en un sentido amplio, en lo personal y también para el sistema sanitario por el peligro de saturación del mismo. Muchos más han tenido que someterse a la cuarentena sin contraer el virus constituyendo otro tipo de experiencia que puede resultar más o menos inconveniente.
Pudimos recoger tres testimonios, dos padecieron la enfermedad y en un caso la persona estuvo una semana en cuarentena con hijos chicos, sin poder salir de su casa.
Lorenzo –nombre ficticio por razones obvias- contó a 20Once que tuvo la enfermedad en el mes de enero y cómo la sobrellevó.
“Fue a mediados de enero, fue un contacto intrafamiliar, cuando nos enteramos que una de mis hijas había estado con alguien que tuvo positivo, allí pasamos a estar en cuarentena, la trazabilidad epidemiológica funcionó muy bien, nos llamaron a las pocas horas del positivo-en otro departamento- que dio los datos nuestros. Al día siguiente se coordinó el hisopado con nuestra hija que dio positivo. Se hizo a toda la familia el test resultando dos negativos y dos positivos. Se repitió a la semana y una sola integrante se mantuvo negativo y yo que había sido negativo en el primer control, dio positivo”.
La integrante de la familia que dio negativo las dos veces tuvo que estar en cuarentena todo el tiempo, luego del último hisopado quedó libre un poco antes que el resto.
En relación a los síntomas Lorenzo relató que “yo capaz hago una diferenciación. Las chicas más jóvenes tuvieron síntomas más leves y el matrimonio -55 y 54 años- lo podemos asociar a una gripe con cansancio muscular, dolor en los ojos. Tuve episodios gastrointestinales, un decaimiento general, apatía, no tuvimos fiebre, sí pérdida del gusto, del olfato y dolor de garganta”.
Para la familia “fue muy llevadero. Tuve que tomar paracetamol, en total fueron dos semanas en cuarentena, mi hija más chica empezó antes y terminó antes, con un lapso de dos días fuimos saliendo de la cuarentena”.
La primera en salir pudo hacer vida normal yendo y viniendo a la casa mientras los otros seguían en cuarentena.
La parte de la convivencia es un capítulo aparte. “Por nuestras actividades, en mi caso estoy acostumbrado a moverme libremente, yo viajo mucho por mi actividad. Al principio se sintió ese freno de las actividades, agradecemos a dios. Nuestra casa es amplia, con patio, pudimos hacer una cuarentena no tan rígida”.
Agregó que “cuando teníamos ánimo hacíamos actividades en la casa, nos unió esa parte. Una caminata al fondo del jardín, actividades con pelota, una de las gurisas que es más organizada hacía ejercicios, había hecho una rutina y la cumplía. Al comienzo tenés cierta expectativa que estás frente a algo potencialmente peligroso y en la medida que iban pasando los días viendo que los síntomas no eran tan fuertes no es que se minimice, la respetás pero sin el temor del principio. Si me permitís nos llegó mucho la solidaridad de personas cercanas que conociendo esta situación dejaban alguna nota, dejaban el número de teléfono, se ofrecieron. Una vecina mayor nos llamó por teléfono para decirnos que nos dejó una tarta afuera”.
Lorenzo también nos dijo que “nosotros profesamos una fe religiosa, muchas de las personas que van a nuestra iglesia, oraron por nosotros. Eso nos hizo sentir más fortalecidos”.
Con respecto a la posibilidad de vacunarse quienes ya han contraído la enfermedad, se entiende que hay anticuerpos que inmunizan a las personas pero que luego si es posible vacunarse.
La pérdida de libertad
Una de las hijas de Lorenzo, de 25 años nos brindó amablemente su testimonio.
En general a las tres hermanas les afectó la pérdida de libertad o la posibilidad de movilidad.
De todas formas “se sobrellevó bastante bien. teníamos presente que nos podía pasar sobretodo con el brote en Casablanca” que fue cuando hubo un punto de inflexión.
Por el tipo de trabajo del matrimonio, la posibilidad está latente más allá de tratar de mantener las medidas sanitarias. Pero el contagio quizás vino por el lugar menos pensado aunque fue “importado de otro departamento”.
Para la familia el saldo positivo fue que hicieron juegos de mesa, lectura, reflexiones, “enriqueció a nivel de familia”.
Laura expresó que “lo pasé en dos planos, en lo físico y emocional. En lo físico no fue enseguida los síntomas, a la semana empecé con dolor de garganta, perdí el olfato unos días, mucho cansancio, duraron 5 o 6 días fuertes y después se fueron, a las dos semanas, primero el dolor de garganta se me fue. No sentía el olor a vinagre que de por sí es fuerte”.
En lo emocional “el tema del encierro es chocante, no podés salir a la esquina. Yo paso todo el día yendo y viniendo. Tenías ansias de salir y recuperarme”.
“Por un lado lo bueno es que estaba con mi familia porque no estaba sola. Tenemos un patio para estar al aire libre. El día 14 que te dan el alta, pero los síntomas pueden perdurar, salí de una a correr y me cansé rápidamente. A los tres días ya andaba bien”.
Fue duro sobrellevar el “no poder salir a distraerte, gracias a dios no contagiamos a nadie. No dañamos un círculo de trabajo. No ver gente te bajonea”.
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