Escribe Eduardo Rodríguez
Afortunadamente los uruguayos seguimos interesados en la política y no nos desprendemos de nuestro espíritu de analistas, de opinólogos. Es que quienes se promueven para ocupar cargos electivos deben tener presente que la valoración permanente de su desempeño es inherente a la función y que en todo caso deben aportar la mayor información posible para que la construcción de los juicios se base en el conocimiento y no a partir de la desinformación, la sospecha o el prejuicio. Y es cierto que en general en las instancias electorales nuestros políticos repiten hasta aburrirnos una serie de frases hechas referidas a su vocación de escuchar, a su capacidad de oír críticas y a la disposición de dialogar sistemáticamente con la ciudadanía. Pero, lamentablemente y salvo contadísimas excepciones, la realidad muestra que el ejercicio del poder aísla, genera microclimas de pura autosatisfacción y nuestros gobernantes terminan eligiendo honrar intereses sectoriales, partidarios o de clase por sobre la defensa de los intereses colectivos. Para que no queden dudas afirmo que, generalmente, los políticos no defienden los intereses de las mayorías.
Por estas horas en Paysandú se vive un momento de evaluación impulsado por el propio intendente Olivera que pidió ser recibido por la Junta Departamental “para brindar un pormenorizado informe de lo realizado en los primeros 100 días de gestión al frente del Gobierno Departamental”, según se informó desde el área de comunicación de la comuna. Seguramente el intendente sienta la necesidad de generar un hecho político de relevancia que le permita promocionar algunos logros de una gestión que si seguimos el sentido común pareciera que tiene poco de destacable. Quizás intente hacer anuncios que despierten expectativas y minimicen todo lo complicado que ha sucedido en estas 16 o 17 semanas que han transcurrido desde el 26 de noviembre de 2020. Aunque no habría que descartar que en la intimidad del equipo de gobierno puedan tener una visión radicalmente distinta a la que plantea esta nota y consideren que no es una jugada bastante arriesgada seguir abriendo frentes para que la gente siga juzgando, seguir generando oportunidades para que se vuelva a hablar de las decisiones polémicas. Quizás calibran que deben forzar la evaluación eligiendo de manera antojadiza el día número 100 sospechando que hay logros políticos que capitalizar o responsabilidades de peso que achacar a los que se fueron.
Quedará para otro momento la elaboración de algún resumen que permita un rápido repaso por las acciones de gobierno más importantes de de estos primeros tres meses. Ahora quisiera dejar una percepción de tono cualitativo aunque se percibe en cuestiones concretas. Considero que una de las principales dificultades del gobierno de Paysandú consistente en que se ha revelado incapaz de dar respuestas satisfactorias a las expectativas que respecto a sí mismo generó en la campaña electoral. En el transcurso del período anterior el ahora intendente, entonces diputado, y sus colaboradores más directos, muchos de ellos desde el edilato, construyeron un relato que denunció que todo lo que hacía el gobierno anterior estaba mal, que improvisaba, que no tenía rumbo, que estaba lejos de la gente. Para contraponer ese panorama Olivera y sus militantes enfatizaron en que tenían un plan para poner a Paysandú de pie, que tenían clarísimo que hacer, cómo hacerlo y con quienes y que no habría margen para el error porque todo estaba previsto “desde el día uno”. La realidad cuestiona duramente aquel relato y nos recuerda que para ganar las elecciones uno puede recurrir a las más variadas estrategias y a la asistencia de muchos amigos pero que el ejercicio del gobierno requiere de una solidez inquebrantable cuya ausencia no se puede disimular.
