Paysandú mantiene refugios todo el año. Hay 100 personas en situación de calle
El departamento, junto con Rivera, es de los pocos que sostiene un sistema de refugios activo durante todo el año. La movilidad por trabajo zafral, el consumo problemático y la falta de oportunidades laborales complejizan la atención. El MIDES apuesta por descentralizar, capacitar y acompañar con políticas sostenibles según se desprende del diálogo con la directora Lic. María Inés Firpo.
En Paysandú, dormir bajo techo no es un privilegio exclusivo del invierno. A diferencia de otros departamentos del país, donde los dispositivos para personas en situación de calle se habilitan solo entre mayo y noviembre bajo el Plan Invierno, este punto estratégico del litoral mantiene sus refugios abiertos todo el año. La decisión responde a una realidad compleja: la movilidad de personas por trabajo zafral, la falta de ingresos suficientes para costear una pensión, y la presencia de situaciones de consumo problemático que dificultan la inclusión.
“Paysandú tiene la particularidad de contar con refugio permanente. Rivera es el otro departamento en la zona norte con este esquema. Eso también genera circulación de personas desde otros lugares del país que vienen a trabajar en la zafra y no siempre logran estabilizarse económicamente”, explicaron desde el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).
Un relevamiento conjunto con el Ministerio del Interior identificó unas 100 personas en situación de calle en el departamento. Si bien una parte importante ya se encuentra alojada en los dispositivos disponibles, se estima que entre 15 y 20 personas continúan durmiendo en la vía pública. “Hay quienes no quieren ir al refugio. Nosotros hacemos recorridas nocturnas, tratamos de convencer, explicar que allí hay un plato de comida, agua caliente y un lugar seguro para dormir. Pero no se puede forzar. Solo en casos graves de salud se evalúa una internación compulsiva, siempre con intervención de profesionales de la salud”, agregaron.
La problemática no es nueva, ni exclusiva. “Esto pasa en todo el mundo. En España, por ejemplo, han cerrado aeropuertos por la noche porque muchas personas los usaban como refugio. En San Pablo también se ha documentado esa realidad. Acá estamos intentando dar respuestas locales, pero es un fenómeno global”.
En Paysandú existen dos tipos de dispositivos: el refugio Santa Elena, exclusivamente para varones, y un grupo de plazas para mujeres que se gestiona mediante el alquiler de pensiones. Este espacio, ubicado frente al liceo número 2, tiene capacidad para unas diez personas. A pesar de los esfuerzos, las plazas siguen siendo limitadas.
El consumo problemático de sustancias aparece como un factor recurrente. Desde el MIDES se trabaja en conjunto con Ciudadela y con la Mesa Departamental de Drogas, con el objetivo de abordar integralmente esta dimensión, articulando salud, trabajo social y contención comunitaria.
Pero el alojamiento y la asistencia inmediata no son los únicos objetivos. El enfoque apunta también a la reinserción social y laboral. “Estamos en conversaciones con INEFOP para dictar talleres sobre cómo preparar un currículum, cómo presentarse a una entrevista, habilidades básicas de comunicación. Queremos brindar herramientas que les permitan insertarse en el mercado laboral”, detalló Firpo Olivera.
Además, se están gestando acuerdos con sindicatos como el SUNCA, que permitirían a algunas personas en situación de calle participar en tareas puntuales de apoyo a brigadas de trabajo. Aunque no se trata de empleos remunerados, estas experiencias buscan fomentar habilidades y hábitos que promuevan la autonomía.
“Coincidimos en que lo ideal sería no necesitar refugios, que no existiera gente en situación de calle. Es un objetivo utópico, sí, pero debemos avanzar hacia ahí. Reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida es la meta”.
En cuanto a las infancias, se informó que, hasta el momento, no se han detectado niños ni niñas durmiendo en la calle. “No hemos censado ni entrevistado menores. Si aparecieran casos, están previstos protocolos de intervención con otras instituciones como INAU”, aclararon.
El trabajo en territorio también se proyecta al interior profundo del departamento, donde si bien no se han detectado personas durmiendo en la calle, sí se identifican condiciones habitacionales precarias y otros desafíos. “Paysandú no debe pensar políticas para su interior desde un escritorio en la ciudad. Tenemos que estar presentes, conocer las realidades de cada zona y construir respuestas con la comunidad. Muchas veces, las soluciones que imaginamos desde la capital departamental no resultan en la práctica”.
El MIDES cuenta con una oficina en Guichón, desde donde se articula el trabajo territorial, aunque la cobertura en el resto del departamento se realiza mediante giras programadas. “Queremos descentralizar más. Salir al territorio, no esperar a que la gente llegue a la oficina. Estar presentes y actuar con sensibilidad local”.
La realidad sanducera, con sus particularidades y desafíos, se convierte en reflejo de una tensión estructural que atraviesa al país: ¿cómo atender la urgencia sin abandonar la búsqueda de soluciones profundas? En Paysandú, al menos, la puerta del refugio no se cierra cuando termina el invierno.
