Escribe José L. Espillar
El partido que definía la serie de 180 minutos tuvo su desenlace en el Parque Dickinson, donde Salto se impuso por 1 a 0 en el global y se quedó con el trofeo ante un Paysandú que luchó, pero no logró plasmar en el resultado lo que insinuó en algunos pasajes del juego.
El equipo sanducero llegó con la ilusión de revertir la historia y durante buena parte del encuentro logró sostener el buen orden defensivo que había mostrado en el partido de ida. Durante 60 o 70 minutos, Paysandú consiguió contener el circuito futbolístico salteño, manteniendo el partido equilibrado y evitando que el rival generara situaciones claras.
Sin embargo, en el tramo final del encuentro la dinámica comenzó a inclinarse hacia el conjunto local. El anticipo, el manejo de la pelota y las subidas de Cáceres y De los Santos por las bandas empezaron a inclinar el campo a favor de Salto. Además, los cambios realizados por el entrenador aportaron mayor volumen de juego, algo que su equipo no había logrado repetir con la misma claridad que en el Estadio Artigas.
El ingreso de Boréguez por Gómez, ubicándose sobre la izquierda, complicó a la defensa sanducera y permitió que Salto comenzara a generar situaciones con mayor frecuencia.
Paysandú tuvo pocas respuestas ofensivas en el segundo tiempo. La más clara llegó mediante un tiro libre de “Maravilla” Duarte, que buscó el arco con potencia, aunque el remate se fue lejos del parante izquierdo del arquero Sánchez.
El momento decisivo llegó a los 87 minutos. Tras una buena secuencia de pases en mitad de cancha, Aranda encaró directo hacia el arco y fue detenido con falta por Sosa, que vio la tarjeta amarilla. La infracción se produjo a pocos metros del área, una zona peligrosa.
En el tiro libre posterior, con viento a favor y una pelota resbaladiza, Paysandú formó una barrera de cinco hombres. Pero en el momento del remate la barrera se abrió y Custodio aprovechó el espacio, sacando un disparo fuerte y bajo que superó la defensa y dejó sin reacción a Martín De los Santos. La pelota terminó en el fondo de la red y selló el 1 a 0 definitivo.
El árbitro Carlos Paz adicionó seis minutos, pero Paysandú no logró generar situaciones claras para alcanzar el empate. Los cambios de Carlos Cabillón no lograron modificar el desarrollo y el equipo terminó apostando a pelotas largas y corridas de Trinidades y Rubén Carlis, que no pudieron marcar diferencias.
La derrota duele, especialmente por tratarse de una final y ante el tradicional rival. Pero más allá del resultado, la serie dejó una reflexión profunda: Paysandú necesita revisar su propuesta futbolística. A lo largo del campeonato del Litoral Norte generó muchas oportunidades, pero frente a Salto le costó construir juego y sostener la iniciativa.
Salto mostró una idea clara: salir jugando, tocar y construir desde el mediocampo, mientras que Paysandú recurrió en demasiadas ocasiones al juego directo y a la lucha física.
La lección parece clara. Si el objetivo es competir y ganar títulos en el interior, el cambio debe comenzar desde las bases, desde el semillero, formando futbolistas con otra concepción del juego.
Esta vez, Salto celebró con justicia. Paysandú, en cambio, deberá tomar esta derrota como punto de partida para mejorar y volver más fuerte en los próximos desafíos.