Barreda y los Susurros
by Salomón Reyes
Si ustedes no han visto “Barreda” o “Susurran tu nombre” no sigan leyendo porque tiraré mala vibra y no quiero arruinarles su perspectiva de disfrute. Así que por salud mental retírense lo más despacito posible de esta columna. Ahora, si no les importa lo que diré de ambas producciones quédense hasta el final. Quizá coincidimos.
No es la primera vez que un documental supera a la ficción. Hace unos años cuando se estrenó “El robo del siglo”, tenía la sensación de estar viendo una película necesaria e importante para comprender el mundo delincuencial argentino tan vasto y entretenido. La película estaba estelarizada por Guillermo Francella y Diego Pereti y aunque ambos estaban un pelín duritos, cumplían. A los meses vi el documental sobre el mítico robo del Banco Río en Acassuso y la verdad, la ficción no se quedó corta sino lo que sigue. Llegué a la conclusión que habían simplificado todo para convocar el morbo del público y que específicamente en el caso del personaje que interpretaba Pereti, se quedaba bastante lejos poco del personaje real, que es alucinante. El documental le pasó el trapo a la versión con actores.
Con la reciente estrenada “Barreda”, que cuenta la historia del odontólogo de La Plata que asesinó a esposa, hijas y suegra y que causó una conmoción mediática y la división de la opinión pública argentina, debo decir que la película es una mala adaptación, aunque le hayan querido poner el punto de vista femenino, que sin duda faltó en el juicio real. Hay una simplificación y esquematización de las situaciones que desde el minuto uno deseas que el odontólogo sea condenado sin importar lo que vaya a hacer. La interpretación de Luis Machín, que no lo hace mal, está tan cargada de culpabilidad y de autoflicción que ya no es necesario que nos cuenten lo que pasó. Tampoco ayuda ese constante intercambio del pasado con el presente, que solo sirve para descompensar la tensión dramática.
Sobre el juicio que se ofrece en la película, cuesta trabajo entender que el guion no se haya tomado la molestia de reelaborar el lenguaje, la retórica y los argumentos jurídicos, tan extraordinarios en otras películas del subgénero, para exponer las distintas aristas del caso. Da la impresión que se ciñeron a lo que los diarios expusieron en la época o lo que ya estaba en los expedientes. ¿Dónde quedó el acto rebelde creativo? Acá una vez más el docu supera a la ficción.
Pero dejemos tranqui “Barreda” y vayamos al otro hit del momento: “The Whisper Man” que se tradujo como “Susurran tu nombre”, un thriller sobrenatural que cuenta la historia de un hombre que secuestra y mata niños, susurrándoles al oído. La película es una adaptación de la novela original de Alex North y creo que ahí viene el primer problema. La novela no es mala y de hecho diría que mantiene muy bien el suspenso pero el montaje de la película hace lo posible por abandonar lo que la novela se esmera en construir. Pareciera que el director hubiera claudicado.
La película tiene un elenco careli, que no logra ensamblarse por ningún lado. Adam Scott encumbrado con “Severance”, lleva dos películas consecutivas repitiendo el personaje de escritor y con los mismos gestos de hombre asombrado. No hay caracterización, no hay desarrollo, no hay dirección. Por otro lado, Robert de Niro se la puso fácil. Hay escenas que parece que estaba en su casa tomando mate, el que le regaló Luis Brandoni cuando vino a la Argentina, y lo llamaron de repente para filmar y se fue así al set, con la ropa que tenía puesta. Robert lo hace todo bien porque es tremendo actor pero no consigue la química ni siquiera con el gran Michael Keaton que hace un esfuerzote por darle un toque Hannibal Lecteriano a su personaje malo y que tampoco pasara a la historia de los mejores villanos. Lo mismo pasa con Michelle Monaghan y con el niño protagonista, que por una lógica narrativa, deberíamos empatizar con él pero no sucede. De hecho, vi dos momentos en donde casi se ríe, cuando se supone que la cosa está que arde.
El esquema de producción que los estudios y plataformas han implantado está llevando a una fragilidad y a una banalización de las ficciones que pondera el play sobre la robustez y la complejidad de las narrativas, que no necesariamente las hace menos atractivas. El click fácil se está llevando puesto el valor diferencial que tienen las ficciones, sus historias.

