CINE & MATE
Vivir y comer de tus ideas artísticas
by Salomón Reyes
Canelones es una película que se estrenó hace poco y cuenta la historia de un pibe que le juega una broma telefónica a una mujer desconocida. Haciéndose pasar por su hijo, al que la mujer lleva tiempo sin ver, le pide que le cocine unos canelones porque irá a visitarla. Pero, como se trata de una broma —una broma cruel—, el pibe nunca llega y la mujer termina suicidándose.
La película está inspirada en un cuento y en un pasaje de la vida real del escritor argentino Hernán Casciari. Hablo de ella porque tuvo un original esquema de financiación, en el que participaron más de 5.000 socios que aportaron más de un millón de dólares. Un camino innovador que confirma la idea de que es posible generar recursos para ideas creativas de gran tamaño.
Canelones y su Industria Creativa
Y ya que entramos en ideas creativas, hablemos de otro Canelones: ese departamento del Uruguay que parece tener la curiosa circunstancia visual y geográfica de incluir en su territorio a Montevideo.
Ese departamento, el segundo en importancia del país, viene practicando desde hace tiempo una política cultural arriesgada que impulsa lo que se ha dado en llamar Industrias Creativas: esas actividades que, según las agencias internacionales, surgen a partir del talento y la habilidad creativa del ser humano y que son capaces, aunque usted no lo crea, de generar riqueza y empleo.
Artistas en modo empresarial
Se pueden consultar estadísticas en las que se verifica que las Industrias Creativas generan el 3,1 % del PIB y el 6,2 % del empleo a nivel mundial. Un enorme filón financiero que crece y se reproduce gracias a las ideas locas de creadores de cine, teatro, música, literatura, obras digitales y varias categorías más.
Hace unos días terminó la edición 2026 del Foro Internacional de Economía Creativa de Canelones (FIECA), un evento que reunió a cientos de artistas locales y de otros territorios en el Espacio Dínamo de Atlántida, el mismo predio que ocupa la Colonia de Vacaciones de AGADU.
El FIECA, desde su creación, se ha planteado un gran objetivo: reforzar y machacar la idea de que se puede vivir del arte y que los artistas son capaces de mover la aguja de la economía, igual o incluso mejor que otros sectores más marketineros.
El programa y el team organizador
Durante cuatro días, los asistentes al FIECA circularon por una instancia de mercado en la que distintos oferentes y creadores de proyectos pudieron presentar sus propuestas a programadores, compradores y tomadores de decisión, con capacidad para hacer circular esos proyectos y contribuir al crecimiento de la muy mentada economía naranja.
También hubo conversatorios con representantes de instituciones que ofrecieron su visión del sector y brindaron información y asesorías especializadas a proyectos y emprendimientos. Se realizaron talleres de desarrollo empresarial, diseño gráfico con IA, sin IA y con las dos. Se analizaron casos y tendencias, pero, sobre todo, se promovió un sólido encuentro entre creadores de todas las ramas, motivados no solo por concretar sus proyectos, sino también por ponerlos en valor y obtener un retorno financiero y de reconocimiento que justifique el esfuerzo invertido en realizar un proyecto de esta naturaleza.
Hacer el FIECA no es sencillo. Se requiere, voluntad política, un presupuesto y un equipo solvente que lo ejecute. Nosotros no sabemos de la voluntad política ni del presupuesto, pero sí vimos al equipo humano romperse el lomo para atender, asesorar y cuidar a los cientos de asistentes e invitados.
Un trabajo de equipo verificable que convirtió al FIECA en una experiencia ejemplar de industria creativa.
El milagro del networking y el shawarma
Pero el mejor momento del FIECA se lo lleva, sin duda, el networking espontáneo que surgió entre pares y colegas y que sirvió para reconocer ese “dolor” artístico común que aqueja a muchos creadores y que, a veces, no se sabe cómo procesar.
Recuerdo una frase de una creadora de artes plásticas:
—Yo pinto, pero no sé cómo acercar mi obra al público.
Ese encuentro casual e informal generó complicidades, alianzas, colaboraciones y estímulos a futuro que permiten seguir construyendo el camino arduo y complejo de ser y vivir como artista.
Justamente fue en ese networking donde me animé a probar, en uno de los food trucks que había en el evento, el mejor shawarma que probé en años.
Porque, la verdad, no me da pena decirlo: a los artistas también nos encanta la buena comida.
NOTA: Este artículo NO fue escrito con IA, sí corregido. El humor y las ironías pertenecen al autor.

