Columna Cine & Mate

Wanda Nara vs Isabel Allende

La utilidad de los premios

by Salomón Reyes

Una corriente de opinión sostiene que a los premios no hay que prestarles demasiada atención, porque son subjetivos y no necesariamente reflejan la calidad real de una obra o de una carrera artística. Otra considera que vienen muy bien para el autobombo y que son una suerte de caricias al alma, de esas que nos impulsan a seguir adelante. Pero también están quienes los ven como una estrategia mercadológica y comercial que desplaza el mérito creativo para poner en su lugar el impacto mediático y el beneficio económico.

Todos tienen algo de razón.

Los Martín Fierro en Argentina y Uruguay

Desde hace un tiempo observo cómo los Martín Fierro, los premios que distinguen a lo más destacado de los medios y la farándula audiovisual argentina, se han convertido en una referencia. Aunque muchos de sus participantes y nominados actúen como si no les importaran demasiado, lo cierto es que ganar, perder, estar nominado o ni siquiera figurar en la lista puede convertirse en motivo de celebración o frustración.

Tengo la impresión de que los Martín Fierro han multiplicado tanto sus categorías y sus ediciones que, en el camino, han ido perdiendo rigor y prestigio. Debe de ser difícil encontrar a alguien en Argentina que no tenga un Martín Fierro en su repisa o escritorio, y en cada entrega nos sigue sorprendiendo quiénes lo ganan.

El Martín de Wanda

Hace unos días, Wanda Nara recibió un Martín Fierro de la Música por un tema en el que ni siquiera canta. O, para ser más precisos, en el que ni siquiera aparece su voz. Sin embargo, la canción acumula millones de reproducciones.

Entonces, si no existe un mérito creativo ¿por qué gana? O, mejor formulado: ¿por qué se la considera mejor que otros artistas que si tienen habilidades comprobables?

La respuesta fácil es que el rating y el cuerpo también cuentan como mérito.

No nos quememos la cabeza. El Martín Fierro es un premio con una clara inclinación mediática y un marcado sesgo comercial. Distinguir a quien representa el espíritu más banal de la farándula, o a quien consigue generar conversación, contenido y polémica, resulta funcional tanto para quienes viven de los medios como para quienes organizan los premios.

El Martín Fierro no siempre reconoce la calidad de una obra. A veces reconoce a las personas y los proyectos que mejor alimentan esa inmensa hoguera de la vanidad que se construye a golpe de views.

Ahora que los Martín Fierro tendrán su versión uruguaya, veremos reproducirse el mismo comportamiento competitivo. Unos agradecerán el galardón; otros se preguntarán por qué ni siquiera fueron nominados, a pesar de tener el proyecto más genial.

Los Martín Fierro son incisivos, no inclusivos.

Isabelita Allenda y el Planeta

Si ya nos sorprendía el Martín Fierro de Wanda, el Premio Planeta concedido a la escritora Isabel Allende nos ha dejado patidifusos. En este caso, no se discute la calidad de la obra ni los méritos que Isabelita tiene para ganarlo. La pregunta es si realmente necesitaba un premio de este tipo. Si andaba floja de papeles como para ganar un pelín más de prestigio o lectores.

Imagínense la cara del jurado al descubrir que han recibido una novela de Isabel Allende, concretamente la segunda parte de La Casa de los Espíritus. Se miran entre sí con incredulidad y discuten qué hacer, porque, si la prensa se entera de que Isabel Allende participó en el concurso y no ganó, el jurado y el premio caerán en descrédito. Un descrédito que ya es habitual en los fallos anteriores del premio. No me habría gustado tener que firmar esas actas de veredicto.

Isabel Allende ha dicho que nunca se presentó a un concurso literario por el miedo que le daba perder. Sin embargo, accedió a participar en esta edición del Premio Planeta, que debe de ser uno de los concursos más difíciles, aunque solo sea por la cantidad y la calidad de sus participantes.

Es difícil creerle y, aunque no queramos ser suspicaces, Isabelita no nos deja otra opción. Se presentó al premio porque tenía «buenas vibras» o información sensible de que podía ganar y, de paso, hacer una jugada maestra: salir con decoro de su antigua casa editorial, después de cuarenta años y convertir a Planeta en la beneficiaria financiera de sus millones de lectores.

La verdad no la sabremos, pero la conclusión es que algunos premios son poco rigurosos y hasta inmerecidos, aunque sirven muy bien para construir imagen, carrera y plata.

Como decía mi mánager…

—Los premios no compran la felicidad, pero ¡cómo ayudan!

Nota: Este artículo NO fue escrito con IA. El humor y las ironías pertenecen al autor.

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