Domingo Rafael Ghelfa fue fundador de Pontevedra junto a Orlando Della Corte hace casi 50 años. Es la historia de una empresa pujante de nuestro departamento que hoy emplea entre Paysandú y Montevideo a más de 100 personas y exporta a varios países. Para ello nos fuimos a hablar con “Mingo” Ghelfa, alma mater.

La sociedad entre Ghelfa y Della Corte duró unos años teniendo a Della Corte como el socio capitalista en aquel momento. Ghelfa sabía del negocio, se conocían por ser dirigentes de la liga de fútbol y un día conversando surgió la posibilidad del emprendimiento.

En una amena charla en el mes de mayo, “Mingo” conversó con 20Once para contarnos de los inicios de esta empresa sanducera que tiene ya un largo y proficuo recorrido.

Los inicios

Domingo nos cuenta que “vendía por cuenta mía, tenía clientela por los derivados del tomate y un día me faltaba un producto. Y Orlando (Della Corte) me dice, -¿por qué no se fabrica en Paysandú?” en referencia a la conocida pulpa de tomate.

De esa charla surge la posibilidad de que Della Corte haga un aporte económico para que pueda prosperar el emprendimiento.

De las primeras conversaciones al nacimiento formal de la empresa demandó más de un año.

“Había gente que había trabajado en Compte, una fábrica de dulces y conservas de Montevideo.  Yo me enteré y fui a hablar con ellos porque sabían trabajar el tomate, y nos fuimos armando de forma rudimentaria”.

En el galpón de Entre Ríos y Washington fueron los orígenes de Pontevedra, sitio del que era propietaria la sociedad.

La fábrica oficialmente funciona desde 12 de agosto de 1974. “Estamos pisando los 50 años de que nos pusimos a conversar”.

El origen de la marca Pontevedra fue relatado por “Mingo” de la siguiente manera. Tiene sus particularidades que merece la pena conocerlas. “Nosotros somos descendientes de italianos por lo tanto no es por nosotros el nombre. En aquel momento en Washington pasando Entre Ríos era todo de tosca la calle, había un puente giratorio, y con un eje; los días de lluvia la gente lo ponía derecho y cruzaba de vereda a vereda y cuando no llovía quedaba en forma paralela a la calle. Era una calle que estaba fea, estábamos parados en la esquina, habíamos intentado poner el nombre de “Viejo almacén” pero ya estaba registrado, “Viejo galpón” otro nombre alusivo al lugar y estaba todo registrado. Estábamos mirando y dijimos, -mirá ese puente y dijimos Pontevedra, no tenía nada que ver, salió el nombre Pontevedra tampoco queríamos asociarlo con España, fue una falsa traducción de puente para piedra, de ahí salió y lo registramos”.

La clientela

“La clientela me respondió muy bien, comenzamos a cocinar el tomate en tachos de cobre que los sacábamos de un horno construido en Paysandú. A las planchas las habían hecho de hierro,  aguantaban los tanques que eran cónicos. Se ponían hasta 80 kgs. a cada tanque de tomate. Se revolvía con pala de madera, se sacaba y se volcaba a tacho de plástico y luego se llenaban los frascos y luego iba a la esterilización”.

La zona de comercialización, durante muchos años, fue Paysandú, Young y Guichón. Se vendía en frascos de vidrio la pulpa que en aquel entonces era triturada.

“Comprábamos frascos usados, era una forma de dar trabajo a mucha gente. En la parte de higiene siempre tuvimos mucho cuidado”.

Las pizzerías, una de las claves

El crecimiento que tuvo Paysandú en materia gastronómica fue fundamental para que prosperara la empresa.

“Nos respondieron muy bien las pizzerías que a los efectos de este negocio fue fundamental, de enero a enero compra el pizzero, dice el refrán”.

En aquel entonces Paysandú contaba con al menos dos o tres pizzerías, extremo que no pudimos confirmar.

“La pizza empezó a caminar en Paysandú. Acá hacían pulpa de tomate cuando había abundancia, a los tres días estaba fermentada. Las pizzerías fueron ganando clientes. Acá de noviembre a marzo no consumían pulpa de tomate o usaban pimentón. La comida fuerte con tomate la consumían de marzo a noviembre, ahora con la pandemia se vendieron miles de cajas porque la pulpa de tomate se ha convertido en un artículo de primera necesidad”.

Después de 5 años se separó la sociedad, de común acuerdo, “yo me quedo con la parte fabril y él –Della Corte- con la parte inmobiliaria”.

Ghelfa comenzó a construir los galpones donde hoy está la fábrica, en el este de la ciudad.

Los primeros años: más de 10 empleados

“Eran 8 o 9 mujeres más 5 varones, cuando mucho eran 15 el personal obrero. Al tiempo fuimos incorporando algunas máquinas que no eran de última generación pero evitaban mano de obra, en los últimos tiempos empezamos a comprar en Cristalería del Uruguay y evitamos el lavado de frascos, después yo seguí. Había que modernizarse”.

También hubo una experiencia corta en la que se elaboró duraznos en almíbar para una confitería local.

“Yo fui a aprender a curar aceitunas a Concordia, en aquel entonces la aceituna que se cosechaba en Salto era muy chiquita, pero eso fue solo un año”.

“Por otra parte el morrón en tirita que se elaboraba en el mes de diciembre y era el morrón rojo era de mucho consumo en Montevideo”. Pontevedra lo empezó a fabricar en Paysandú para un cliente de Colonia que vendía quesos en Paysandú, lo empezó a llevar a vender a Montevideo al morrón en frasco.

Crecen las ventas

El espectro comercial se fue ampliando, “probé vender en Salto, tuve buena recepción. En Salto había un montón de fábricas pero yo tenía la ventaja que estábamos mejor preparados para envasar y cerrar frascos. Además teníamos menos costos. Y ellos hacían pulpa de tomate con el tomate que se plantaba en Salto, era el tomate liso que tenían a fin de temporada, que tiene mucha cantidad de jugo. Nosotros traíamos el perita desde el sur pero con un rendimiento superior, la calidad nuestra era espesa, el tomate de mesa no servía. Por ahí fuimos ganando terreno, siempre tuvimos competencia de Colonia, Soriano, y venían casi todos, venían con mejor precio que el nuestro, pero como nosotros tuvimos siempre calidad, fundamentalmente para el pizzero”.

Abren pizzerías

Paysandú tuvo un crecimiento importante de pizzerías en los ´80. Las costumbres fueron cambiando en los consumidores y los sanduceros se volcaron a degustar el producto.

“Había empezado una onda de abrir pizzerías, me refiero al año 85 u 86, llegaban a consumir el 25% del total ya que una de ellas compraba 10 mil kilos por año. Nosotros teníamos un envase de 2.600 kg, un frasco grande. Los comercios de barrio la compraban para vender fraccionado. Luego diversificamos cuando se incorpora Gustavo, luego llega mi hijo menor, Gonzalo, con mucho conocimiento de la parte alimentaria. Ambos con más ambiciones de trabajar, más tecnificado. Cuando en Uruguay había aparecido el tetra pak, no estaba la caja que ya hace tiempo la teníamos. Compramos una máquina en Rosario (Argentina), que en forma automática hacía los rollos de polietileno que toleraban muy bien el calor, lo transformaba en bolsas, las llenaba e iban a una caja después.  Esto se acercaba digamos al tetra, que no estaba a nuestro alcance comprar”.

El llamado Bag in bock “tuvo buena aceptación, era más barata que el tetra pak y tenía una pequeña similitud. Nos sirvió para ampliar el espectro y nos dio la posibilidad de vender en Montevideo a una de las grandes cadenas que hasta ahora nos compra”.

Continuará