A un mes de realizadas las elecciones departamentales y municipales y a falta de otras cuatro semanas para que asuma el gobierno electo, lo que sucederá efectivamente el jueves 26 de noviembre, varias fuentes coinciden en enfatizar que el trabajo de conformación del equipo que gestionará la Intendencia de Paysandú resulta “muy intenso” y que no estaría exento de tensiones.

Según las consultas que realizó 20Once, a medida que pasan los días crece la ansiedad en la interna blanca, especialmente en el círculo más cercano al intendente electo, en tanto no se concretan esas esperadas definiciones. Muchos creen que la rápida resolución del asunto es de valor fundamental tanto desde el punto de vista simbólico como desde la perspectiva de la práctica del trabajo, para poner “las cartas sobre la mesa” y que cada cual asuma ya desde la instancia de la transición la responsabilidad encomendada.

En esta línea, seguramente a nadie escapa,  o dicho de otra forma todos tienen presente, una de las frases que Olivera repitió sistemáticamente a lo largo de su larga campaña. Aquella a través de la cual enfatizó que de ser electo intendente sabría con claridad qué hacer “desde el día uno”, agregando que el departamento “no soporta más improvisación”. Ahora es tiempo de materializar aquella consigna que actuó como compromiso de campaña. Si uno tiene claro qué es lo que debe hacer sabrá con quiénes y cómo lo hará. Es de suponer que aquella enfática frase resuene agregando presión en la “casa de la transición” ubicada en Montecaseros y Artigas.

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