Escribe Darío Rodríguez

En algún momento de la historia del país, algún pensador sostuvo, con admirable lucidez: “la Universidad es el país”. En la coyuntura mundial, pautada por la irrupción de la pandemia del coronavirus, el flamante gobierno tuvo que enfrentar la misma tomando nota de lo que hacían en otras latitudes y apelando, entre otras instituciones y actores,  a la Universidad de la República (UdelaR); la que respondió “poniendo todo en la cancha”. “Ésta ha sido una institución de referencia en el abordaje de la emergencia sanitaria, y su rol será aún más relevante a la hora de enfrentar sus efectos sociales” reseña un reciente documento de la Asociación de docentes universitarios (ADUR). La emergencia legitimó el rol del Estado, pese a la conducción de la derecha, del sistema sanitario y de los científicos.

En los inicios de la pandemia se alentaba a victoriar trabajadores de la salud, -que estaban en la primera línea de combate-, y se hablaba maravillas de los científicos que pasaron de los laboratorios  a los distintos medios; en una suerte de star system. El gobierno, por su parte, conformaba un comité honorario de expertos para, según decían, tomar decisiones políticas en base a evidencias científicas. Todo ello extremadamente razonable. Empero el gobierno encabezado por Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou Herrera Brito del Pino, comenzó su política de recortes, al barrer, y se hizo el distraído frente a despidos en distintas mutualistas privadas.

El Decreto 90/20 del Poder Ejecutivo ordenó recortar, en un 15 %, los rubros Gastos e Inversiones en los distintos organismos de la administración pública. En el caso de los Entes Autónomos, como la UdelaR, se hizo a modo de exhortación; ya que el mismo no es vinculante. Para ello no medió estudio alguno, como tampoco se midieron las consecuencias. Hoy ya se ven los alcances del recorte de un gobierno encabezado por un  partido, históricamente,  recortador.

Como Ente Autónomo, -léase la Constitución-, la UdelaR decidió no realizar los recortes “sugeridos” en los rubros mencionados. Hacerlo sería atentar contra su propio funcionamiento. Pero el gobierno, que es el encargado de ir liberando las distintas partidas, -burlando legalidad-, encontró la forma de castigar a la UdelaR siendo uno de sus mecanismos demorar envío de las mismas o mandarlas por menos de lo previsto. Encontrando distintas formas de justificar atropello. La chicana obliga a un permanente tironeo con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Además, el MEF deberá definir como paga los aportes realizado por la UdelaR vinculados a la pandemia.

Se puede apreciar fácilmente el impacto negativo de recortar recursos ya asignados y con un destino específico. La Dirección universitaria mensuró que esa poda, por ejemplo, afectaría la construcción de distintos edificios. Para no irnos tan lejos territorialmente,  el primer laboratorio en bioseguridad (nivel 3) relacionado con asuntos sanitarios ubicado en el Cenur Litoral Norte; sede Salto, está en dificultades. También golpearía los sistemas de becas establecidos: de posgrados (más de 100 que forman talentos humanos de alto nivel) y la que contribuye a que hijos de trabajadores y sectores sin antecedentes familiares universitarios puedan formarse en la mayor casa de estudio; democratizando el acceso a la misma.  Ni hablar de la afectación a la adquisición de equipamiento, insumos, materiales didácticos y diversos mantenimientos. De tales dificultades no queda exento el, no siempre aquilatado en su rol, Hospital de Clínicas. Se estima que un 40 % de la asignación presupuestal del “gigante universitario” lo consumen sus insumos.

El recorte macro

Con un inquilino de Torre Ejecutiva, miembro de un partido recortador, amigo del ajuste fiscal, se vislumbran futuros conflictos, en este caso, con la UdelaR. Los recortes ya establecidos serán el piso -línea de corte- desde donde se confeccione el próximo presupuesto quinquenal. La UdelaR, como Institución y sus gremios, tienen una vasta experiencia en enfrentar políticas restrictivas, independientemente del gobierno de turno. Conviene agregar que al mando de la OPP está el colorado Isaac Alfie, personaje que ya en el 2002 aplicó la tijera a los recursos de la Institución.

Hay muchos mecanismos para abatir partidas asignadas en Gastos e Inversiones. Una de ellos -fijar actualizadores por debajo de la inflación- ha sido incluso, aplicada por gobiernos del FA, sin hesitación.

Entonces, para la elaboración del presupuesto quinquenal, en su afán de recortar, -lo que ojalá dispare movilización y amplio debate ciudadano-, el Poder Ejecutivo tomará como base de cálculo el presupuesto 2019 con los recortes decretados.

Hay que recordar que, si bien los gobiernos del FA no llegaron a una asignación prometida del 6 % para la UdelaR y la ANEP y 1 % para la investigación dieron, presupuestalmente hablando, un mejor tratamiento a la educación pública. Ahora también queda en el foco restrictivo la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.

Desde hace un tiempo la UdelaR, que tiene potestad para hacerlo, viene armando su solicitud presupuestal. Concomitantemente la OPP y el propio MEF se vienen reuniendo con la UdelaR para plantearles las líneas que tendrá un presupuesto “de guerra”. El equipo económico ya le planteó a la Institución que los rubros Gastos e Inversiones tendrán un recorte de, por lo menos, 15 %. Ni hablar que aplicarán la poda a Retribuciones Personales (sueldos) En el anuncio queda patente la categoría de gobierno ajustador, cierto desprecio por las ciencias y los prejuicios ideológicos por todo lo público. No es menor que el actual presidente es un “producto” de la enseñanza universitaria privada. La pandemia reconfiguró lo significativo de la generación de conocimiento, contar con talentos humanos formados y disponer de tecnología adecuada en clave de soberanía.

La UdelaR, superó cierto estigma que tenía por su abrumadora presencia montevideana, a partir de un rico, complejo y dificultoso proceso descentralizador con pertinencia territorial sin desmedro de la calidad. Hoy, de los 140 mil estudiantes existentes, 10 mil transitan el Centro Regional Litoral Norte que comprende Salto, Paysandú, Rio Negro y Artigas. Caminan por sus calles docentes con altísima capacidad (con posgrados) que piensan el desarrollo territorial al tiempo que forman profesionales. De los 2.500 estudiantes ingresados al Centro Regional este año, 1500 lo hicieron para estudiar en “la heroica”. El dato  pauta la demanda presente y  relegitima la centenaria institución. Con un presupuesto recortado, las limitaciones en todo el país serán enormes. Aquí por ejemplo, estará en entredicho la ampliación de la Sede Paysandú; enorme necesidad. La infraestructura universitaria local, por ejemplo su bonito y recuperado Ateneo, está abierto a la comunidad. Habrá que ver cuál será la conducta de los diputados del interior en la hipótesis de cercenar el desarrollo local impulsado desde la UdelaR.

Si hay poda la situación se tornará grave según han advertido los principales voceros institucionales. Por estos días el rector, Rodrigo Arim, estará por Paysandú en el marco de una gira por los distintos enclaves universitarios del interior.

Si los sectores progresistas y de izquierda asumen que La UdelaR es el país, tendrán que ganar el corazón y la cabeza de la gente y sus organizaciones. Ese vínculo, histórico, posibilitó enfrentar desbordes institucionales y asfixias económica -como en los 90- operada por lo que entienden, más allá de lo discursivo, que apostar a la enseñanza, en este caso universitaria, de calidad con progresiva inclusión de sectores menos acomodados, es un lujo para un país del tercer mundo. Una falacia.

Inserción en la vida cotidiana

La UdelaR puso “todo en la cancha” en relación a la irrupción de la pandemia. En el documento de debate presupuestal de ADUR se presenta un relevamiento realizado por la Comisión Sectorial de Extensión Universitaria y Actividades en el Medio (CSEAM) quien “identificó 155 actividades y líneas de trabajo en temas vinculados al COVID-19. Estas involucran a 21 servicios universitarios y se desarrollan en 17 departamentos del país. A partir de estas actividades la UdelaR se está relacionando con 199 grupos, organizaciones e instituciones públicas. El 42% de las actividades tienen que ver con tareas de atención a la salud, el 18% corresponde a trabajo interinstitucional, el 9,7% al diseño de insumos para la emergencia sanitaria, y el 9% al acceso y producción de alimentos”.Los“datos-indica el documento- dan cuenta que, además de lo desarrollado en investigación y enseñanza, la UdelaR pudo adecuarse a las exigencias del medio y dar respuesta a la emergencia sociosanitaria.