¿Reformulación o desguace?
Escribe Darío Rodríguez
Las políticas sociales que aplicó el FA durante sus tres gestiones tuvieron, en el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), -en general, bajo la égida del Partido Comunista-, el principal instrumento de ejecución de las mismas. Se venía de un país devastado tras la crisis del 2001-2002, con niveles de pobreza, indigencia y exclusión alarmantes. Fue el “buque insignia” de la primera administración del FA.
En sus inicios, el Ministerio era bastante chico y con un parcial despliegue territorial. En la segunda gestión del FA el Mides creció, con fuerte trabajo desplegado,-mediante convenios-, con distintas ONGs. Al mismo tiempo se pensó en procesar una reestructura que no cuajó. Por otra parte, tras planteo sindical, se regularizaron en la ley de presupuesto 2015 unos mil trabajadores. Pero ya en el período de Mujica, (2010-2015), con mayor presencia territorial se comenzó a erosionar la legitimidad del MIDES y sus políticas. Hubo cambio de ministro y se agudizó, aquella máxima, al principio larvaria, de “dan plata a los vagos”. Al tiempo que costaba llegar al núcleo más duro de la pobreza y/o gente en situación de extrema vulnerabilidad, el Partido Nacional comenzó el frontal ataque a las políticas y la gestión; vio allí, al igual que con la seguridad, un filón. La situación económica comenzaba a mudar. Ya en el tercer periodo frenteamplista el despliegue descentralizado era visible al igual que la sinergia generada con los distintos gobiernos departamentales.
No pretendemos examinar las bondades y debilidades -que las hubo, como la pesadez burocrática y exigencias desmedidas a la población objetivo- de las políticas implementadas desde los gobiernos del FA; los que pueden mostrar indicadores interesantes, más allá de la catarata de programas instrumentados. Lo que se pretende es dilucidar hacia dónde va el nuevo gobierno.
Es claro que tanto el ministro, Pablo Bartol, perteneciente al Opus Dei, como Armando Castaingdebat, ex diputado, dos veces intendente de Flores, son del riñón del presidente Luis Alberto Aparicio Lacalle Pou Herrera Brito del Pino. Llegaban al Mides cargados de prejuicios y, en una suerte, de acto fundacional; aunque se cuidaron mucho en sostener que sería desmantelado.
Más allá de la esgrima típica en estos casos, ya se insinúan cambios que tienden -desde lo político instrumental- a reorientar el funcionamiento general. Como al pasar, y esto es central, se plantean desplazar programas, caso Uruguay Trabaja, a las Intendencias. Castaingdebat -quien parece ser el ministro-sostuvo que si la idea no camina, se vuelve atrás; ¿improvisación? Pensaban hacer el primer acuerdo con la Intendencia de San José, a cargo del Partido Nacional. Uno de los argumentos, en principio compartido, es evitar que haya varias oficinas estatales haciendo lo mismo en el territorio. Los nuevos jerarcas, o parte de ellos, saben de la buena llegada que tiene el Mides en el territorio, la masa crítica generada y los trabajos articulados con los gobiernos departamentales. Ahí hay un formidable capital.
Detrás de bambalinas
Con cierta lógica el tratamiento de la Ley de Urgente Consideración facilita el posible desguace. La derecha busca la vuelta para erosionar la tarea del Mides y piensa en las Intendencias como “caballo de Troya”. Descartada la confrontación lisa y llana con técnicos involucrados, sindicatos y el anterior gobierno, la apuesta pasaría por trasladar programas a los gobiernos departamentales; en su mayoría en manos de correligionarios. Ello tiene, al menos, tres propósitos no explicitados: minimizar el rol de las políticas públicas y su instrumento central; fortalecer las Intendencias y, por extensión, dar más poder (y cargos) a los gestores locales. Aunque en algunos departamentos, sin variantes, los conducen desde hace 40 años.
El Ministerio se va poblando de correligionarios de la 404. Llevar programas a las Intendencias significará en buena parte de los casos continuar desarrollando con ahínco lo clientelar en nombre de la autonomía. Algo en que hay mucha experticia. A cierta “sensibilidad” le cuesta asumir que la gente, más allá de estrato social, es sujeto de derechos. Así, acceder a algún beneficio será fruto de asumir alguna postura. En lo coyuntural, las departamentales se aproximan. En algunos lugares existen llamadas de ediles planteando que se vaya a tal o cuál casa. Bajo la excusa de la urgencia determinada por la pandemia, en oficinas territoriales del interior sin trabajo técnico previo, -que no se debe burocratizar- se entregan canastas sin más. El rigor, el estudio del caso…bien gracias.
Funcional a los propósitos no explicitados es la designación en las jefaturas departamentales de correligionarios o socios, sin mayor idoneidad en las temáticas del Ministerio.
Es harto discutible que los gobiernos departamentales, más allá de su omnipresencia territorial, tengan capacidad –masa crítica- para asumir programas ministeriales. Hay un intento de desmantelar la estructura territorial que dispone el Ministerio. Una de las cuestiones es llevar las oficinas del Mides a dependencia de las Intendencias.
En la política descentralizada, las oficinas del Mides pasaron de 35 a 44; se le dio más densidad técnica a dicho programa; las consultas pasaron de 215 mil (2014) a 350 mil (2019). Ello generaba unos 400 puntos de atención ciudadana con el apoyo de los 71 Servicios de Orientación, Consulta y Articulación (SOCAT).
El plan pergeñado, -sustentado en la construcción del relato que todo fue un desastre, haciendo anclaje en cuestiones puntuales-, parecer encaminarse. Su consecución dependerá de diversos factores, entre ellos el rol que jueguen los distintos actores sobre todo los beneficiarios. Si esto ven pasar el debate se debilitará la resistencia a una propuesta que no mejorará el funcionamiento institucional y la asistencia a los más pobres, muchos caídos del sistema. La pos pandemia dejará el tendal.
Un tema medular fue la no organización de todos los sectores atendidos por el Ministerio, el FA se dedicó a gestionar perdiendo de vista el trabajo político social territorial. En tal terreno se juega la construcción de subjetividades y empoderamiento ciudadano, vital políticamente.
“saben de la buena llegada que tiene el Mides en el territorio, la masa crítica generada y los trabajos articulados con los gobiernos departamentales. Ahí hay un formidable capital” “Llevar programas a las Intendencia significará en buena parte de los casos continuar desarrollando con ahínco lo clientelar”
