Tiempos electorales
Escribe Darío Rodríguez
El Uruguay comienza su ciclo electoral que se cierra con las elecciones departamentales del 10 de mayo. Procesos análogos se viven en Argentina –destrozada tras la experiencia de un gobierno de CEOS, para los ricos- y Bolivia; en una región convulsionada y con un fortísimo impulso de las derechas y de sectores anti ampliación de derechos, donde los sectores empresariales (locales y extranjeros) pugnan para que no caiga la “tasa de ganancia”; en definitiva hablamos de cómo se distribuye lo que se produce. De ahí a que, acá también, se plantea revisar los Consejos de Salarios; lo cual no es una casualidad. A todo ello agreguemos factores externos, de fuerte incidencia en un país chico, dependiente, y aún atado (es la realidad de América Latina) a la venta de materias primas que generan poco valor agregado y escaso trabajo nacional. La derecha, que trata de camuflarse, tomó impulso tras el fenómeno de la inseguridad (complejo en su resolución y que da para hacer mucha demagogia), dificultades económicas, episodios con jerarcas gubernativos procesados, errores de gestión y cierto divorcio con su base social y escaso intento de cambiar la matriz productiva, Esto cobró aliento con la asunción del capitán del Ejército Jair Bolsonaro en Brasil; de extrema derecha, que tras el uso del poder judicial y los medios hegemónicos -en operación combinada- quitó de circulación a Lula Da Silva.
Pasión…y razón; sin vendas en los ojos
Es indubitable reconocer ciertos indicadores positivos de estos últimos años; tal el caso de la baja de la pobreza y de la indigencia. Ello se combina con el despliegue de políticas sociales (que incluyó la creación del MIDES), ampliación de derechos y la marea feminista que nos hace mejor a todos. La política pública de vivienda, un derecho fundamental, atiende, aún con insuficiencias, sectores trabajadores y pobres, los sectores populares ya han vivido recortes como los que se plantean ahora; basta revisar la década de los noventa. Nadie crea que se recorta a los sectores de altos ingresos; la guadaña siempre, en este sistema, cae sobre los pobres de toda pobreza. Hay cientos de estudios de los pobres y la pobreza, pero escasean los estudios sobre los ricos y sus riquezas. ¿Será casualidad? Y esto es un tema que debería abordar la academia. Se verificó un fuerte y fundado cuestionamiento a la instalación de la segunda planta de UPM en Durazno; no obstante ya se comienza a percibir el impacto que ello tendrá en una zona deprimida del territorio nacional. Uno de los desvelos es la creación de puestos de trabajo. Por otra parte, sin que esto sea un inventario completo, una de las políticas de gran impacto, particularmente en el litoral (Paysandú, por ejemplo), fue la descentralización y extensión de la Universidad generando un enorme proceso democrático que abraza a los que se les hacía difícil poner a sus hijos en la alta casa de estudio. Por el contrario, la derecha que mira a Chile (hoy revelando su falacia) sueña con cobrar matrícula y piensa que todo es una mercancía y que los pobres no deben llegar tan lejos en sus estudios.
Algunos observaron la rápida reacción del Partido Nacional tras los audios viralizados sobre el episodio “intendente Moreira”. Lo central, que no se debe perder de vista, es el uso clientelar del aparato del Estado, la compra de voluntades, los manejos discrecionales, la codificación de género y la constitución de señores feudales o caudillos; lejos de la cuestión democrática. Las Intendencias, hay casos paradigmáticos, son una prueba elocuente del tal aserto. Del clientelismo se ha hecho práctica cotidiana, minando la tan mentada república.
Sin experimentos
En contexto regional y mundial complicado, hay que tomar nota de lo que pasa en el “barrio”, esto es Brasil, Argentina, ahora Ecuador y Chile. No son tiempos de experimentos; el sufrimiento será muy duro. Convengamos que, pese a la proliferación de redes y saturación informativa, no siempre tenemos cabal situación de lo pasa. A veces, se muestra, ocultando. Por ejemplo, cuántas críticas se escuchan a los gobiernos colombianos que, permanentemente. asesinan militantes sociales. El silencio es ensordecedor.
Lejos del mundanal ruido se hace menester la reflexión, aunque también somos pasión. Ecuador, entregado a las políticas de ajuste del FMI desligándose de la suerte de la gente más carenciada, demostró en los últimos días a quienes perjudican los virajes a la derecha. Más recientemente Chile, mostrado por muchos referentes, como “el” modelo de país. Modelo nacido en una feroz dictadura cívico-militar que violó todos los derechos para mantener la tasa de ganancia de unos pocos. Poco se habla de ello y que la actual desigualdad social, arancelamiento educativo, jubilaciones privadas, es hija de un implante a sangre y fuego. Todo muy moderno.
La medida de aumentar el valor del transporte público (Subte), gestionada en forma privada, fue el emergente de un gran descontento; encabezado por los más jóvenes y en algunos sitios por trabajadores. Son sectores que han sido permanentemente violentados.
Más allá de particularidades hay regularidades a tener en cuenta. Con la derecha al poder, más allá de camuflajes y “eventuales buenos modales”, -es una constante histórica- gobiernan para un sector social y cuando, como ahora, hay dificultades económicas, fiscales, los costos los pagan los más pobres perdiendo derechos, beneficios, empleo, atención sanitaria. No es difícil comprender lo que pasó en Argentina con Macri; estamos al lado. Observar quiénes ganaron, pues hay ganadores, y quienes perdieron; pues los hay. Siempre hay ganadores y perdedores. Por lo tanto, está complicado darle la soga al que te va a ahorcar.
