Sobre el fallo de la jueza de Soriano
M.A.
En estos tiempos de reivindicación de la igualdad de género, de lucha contra la violencia hacia la mujer, del derecho a decidir sobre su embarazo, cuando referentes religiosos como el pastor Márquez se escandalizan por la “ideología de género”, una jueza trasnochada y su fallo patético nos vienen a recordar por qué es necesario seguir luchando.
Pura Concepción Book quiso hacerle honor a su nombre dictando un fallo lamentable por donde se lo mire. En primer lugar porque no cumplió con su deber de aplicar la ley y ajustarse a derecho. Como la ley de interrupción voluntaria del embarazo no le gusta -a ella y su religión- decidió que no debía respetarla. Para eso no le quedó más opción que escribir una sentencia con argumentos insostenibles, un verdadero mamarracho jurídico con incoherencias tan evidentes como vergonzosas, al punto de designar un defensor al feto.
Mal que le pese a Book la norma legal existe, y es la embarazada a quien corresponde, así lo dice claramente el texto legal, decidir si prosigue o no con el embarazo. No se trata de una atribución de médicos, psicólogos o asistentes sociales, que intervienen en el proceso para asesorar, nunca para decidir por ella.
Ahora bien, como la jueza ni siquiera puede decir que las consultas no se realizaron, le reprocha a la mujer que “no se presentó historia clínica donde deben de surgir determinadas constancias médicas de todo lo actuado que la ley le exige, y no resulta eximido porque la misma sea electrónica, se imprime y se presenta todo completo, tal 1 4 como lo exige la ley; se presentó el formulario de IVE, primeramente en fojas simples y luego en legal forma tal como se solicitó. Pero aunque no se le intime dicha agregación corresponde su agregación para acreditar lo que la ley exige.”
Más allá de las críticas que tales exigencias merecen, en un proceso que, como la misma juez dice en su fallo, es excepcional, todo el texto explicita los verdaderos motivos de su decisión. En su larga enumeración de normas aplicables, recurre a todas -nacionales e internacionales- las que protegen la vida y garantizan los derechos del niño, equiparándolos a los del concebido. Pura Book condena duramente la interrupción del embarazo, pero lo que los defensores de su fallo no entienden, es que no es esa la discusión, ni siquiera la que se ventiló en su juzgado, porque, insistimos, existe una norma que la regula. E incluso la jueza toma el peor camino para un magistrado: el de erigirse en juzgadora de la moralidad de las decisiones ajenas, en este caso de la mujer a quien le reprobó que no haya tomado las medidas para prevenir al embarazo.
Por último, a quienes como el periodista Gabriel Pereira se horrorizan porque las proclamas feministas están “cargadas de ideología” (¿hay algo que no lo esté?), cabe recomendarle que lea la sentencia de la mercedaria, que está impregnada de ideología, de la más reaccionaria y retrógrada que se haya visto en los estrados uruguayos, que ya es mucho decir.
