Escribe Mauro Goldman
El lunes pasado falleció Betina Margalef de Pizzorno. Su nombre inscribirá la lista de grandes luchadores por club Remeros Paysandú.
La conocí por el 2010 o 2011 en un momento muy difícil del club, tratando de sacar adelante el club junto a Fabricio Damico.
En aquellos momentos, como en otros, el club estuvo por cerrar sus puertas y allí estaba Betina que consiguió un dinero para hacer frente a las obligaciones más urgentes.
En aquel momento fue nuestra primera vinculación como dirigente.
El remate inglés fue una de sus ideas para recaudar fondos en momentos apremiantes.
Una memoria prodigiosa le permitía contarnos historias, anécdotas de otros tiempos, de otros dirigentes, de otro Paysandú.
Fue árbitro de natación y sus tres hijas también chapotearon allá por los ´70, de pequeñas.
De Betina nos quedará su impronta, su actitud, que no es fácil de encontrar en la gente. Seguridad y convicción para hablar.
No abundan los dirigentes hoy en día como sucedía antes, sí los reclamos. Es otra realidad que se la debe enfrentar con ingenio, con trabajo y visión, sean dos, tres o cinco las personas que estén trabajando.
“Siempre que hagan un beneficio avísame” me decía, esa gente de “fierro” que siempre está y estará en nuestros corazones.
Hace poco la habíamos visitado precisamente por un beneficio y también con el bono de colaboración que se realizó luego de la creciente.
Una de sus alegrías había sido últimamente la pintada de la fachada del club, en una salida «sorpresa» sus hijas la habían llevado a ver la fachada.
Ella mismo llegó a agarrar el pincel y pintar simbólicamente en el último tramo de la obra.
Seguramente tendrá su reconocimiento por parte del club al que tanto le dio y amó.
Una de las enseñanzas que nos dejan personas como Betina es que nunca hay que bajar los brazos, a pesar de las dificultades.
Se suele decir que no hay «imprescindibles» en la vida, la verdad que no lo creo.
Betina era de esas personas «imprescindibles».
