“Venía caminando del Cerro y cruzaba por la cancha de Progreso, pasando por la ANCAP, en invierno. Eso lo hice cuatro veces, y dije que no lo hacía más. Claro, hacer todo ese sacrificio para llegar al teatro. “¿Qué hago acá?”, pensaba”.
Tiene décadas trabajando en teatro ya sea como actor, director, escritor o empresario y ha pasado por todos los medios de comunicación. Se define como un hombre de izquierda y reivindica a muerte su libertad de opinión. Es políticamente incorrecto y mantiene su independencia a rajatabla. Durante la entrevista habló, actuó y dijo todo lo que se le ocurría, sacándonos carcajadas continuamente. Se levanta el telón, con ustedes: un librepensador.
Por Leonardo Flamia y Alfredo García /
A continuación resumimos la entrevista de este incorrecto llamado Franklin Rodríguez.
“Ensayamos una obra de Tennessee Williams, éramos seis o siete. La historia más linda fue cuando hicimos un sainete y yo hacía de un viudo. Yo me movía mucho, estaba nervioso y con miedo. El director me preguntó que de quién eran los zapatos que tenía. Eran de mi padre, tres talles más grandes. Me dijo que me sacara uno y le puso un clavo. “De ahí no te movés”, me dijo. Y no me pude mover. Se olvidó que después venía el aplauso y el saludo: cuando se abrió el telón todos fueron para adelante y yo quedé clavado al piso, saludando solo. Fue una experiencia muy linda. Era todo muy elemental”.
La vocación: “Por las chicas. En ese momento no había vocación. Hace poco encontré un cuaderno donde escribía novelitas, cuando llegaba el verano y me aburría. Leía mucho, sobre todo Patoruzito, Nippur de Lagash y otros. Empecé a ver que había novelitas de cowboys chiquitas de Marcial Lafuente Estefanía, pero tenían más letra y me duraban dos días. Después tengo un tío proxeneta que ahora vive en Ecuador y que vivió acá mucho tiempo y estuvo preso en el Tacoma. Se recibió de periodista por las revistas Patoruzito que atrás tenían un aviso que decía: “Sea periodista en veinte clases”, y lo hizo. Hoy muchos tendrían que haber hecho ese curso (risas)”.
“Yo me había ido de mi casa a vivir con mi tío, antes que cayera en cana. Él tenía tres chicas que vivían con él y trabajaban en Bonanza. Era raro, porque era del 26 de Marzo y había estudiado en el Colegio Pío hasta tercero de liceo, lo cual en esa época era una barbaridad. Era un tipo de mucha fe, religioso y del 26 de marzo. Tenía una Vespa celeste en la que llevaba a las chicas a ver ópera al Solís. Dejaba a una e iba a buscar a la otra. Las chicas lo adoraban, pero era un proxeneta que tenía un bufo guardado. De noche, cuando yo venía cansado de trabajar, comíamos todos juntos y él nos obligaba a rezar a todos en la mesa. Agradecíamos el pan y él se iba con las chicas. Después cayó preso. Me daba libros de la biblioteca. “Lea esto”, me decía. Un libro que todavía conservo, sin tapas, es Las fuerzas morales, de José Ingenieros. Mirá quién me lo regaló, mi tío proxeneta. Es maravilloso. Después me dio Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov, Tolstoi. ¿Te das cuenta la cabeza del tipo? El tipo que hablaba del socialismo, del cambio, era un proxeneta. Era muy raro, pero a la vez tenía una avidez maravillosa por conocer y por saber. Jamás ponía música de cuarta, ponía siempre música clásica en el casetero. Y las mujeres eran del nivel que él quería. Las tenía bien cuidadas, las llevaba a lugares divinos. Yo lo adoraba, para mí era mi ídolo. Yo me equivoqué de profesión. ¿Para qué me dediqué al teatro? Ya veía que era una lucha, que había que remontar contra todo para poder ser actor. Lo digo en chiste, pero en ese momento me parecía admirable. Capaz se podía ser actor y proxeneta a la vez, pensaba. Con el pasar del tiempo me di cuenta que había sido interesante convivir en ese mundo. Yo me levantaba para ir a la escuela y ellos estaban volviendo. Cada una de ellas alternaba con él. A mí nunca me dejó entrar en esa historia. Fue divertido. Y sobre todo me dio de comer un año y pico, y me daba para los boletos para ir a estudiar. Mi padre me había echado cuando supo que me dedicaba al teatro”.
“Tenía que estudiar abogacía o la carrera militar. Es más, estuve cuatro meses en el liceo militar y me echaron a la mierda. Para mi padre fue una desilusión, y me llevó muchos años reencontrarme con él y que él aceptara lo que yo había hecho. Fue cuando vio que yo no era homosexual. Después volvimos. Si viviera y ve esta entrevista me dejaría de hablar de nuevo”.
“Todas me borraban, eran minas más grandes. Si había fiesta no me invitaban. Y no tenía un mango. La pasé muy mal. Un día le conté esto a Omar Varela. Le tengo que agradecer: cuando se enteró que un loco de primero iba a dejar la escuela, hizo una colecta, y todos pusieron plata para que yo tuviera para ir y volver a mi casa. De verdad me salvó la vida hasta que aparecieron los bolos, es decir, los personajes chicos. Apareció una obra en la Comedia Nacional con un buen sueldo, y ahí de alguna manera logré ir llevándola hasta que egresé. Pero Omar fue el hacedor de que esto siguiera adelante. Si eso no hubiera pasado, yo no habría seguido. No podía pagar los boletos. Venía caminando del Cerro y cruzaba por la cancha de Progreso, pasando por la ANCAP, en invierno. Eso lo hice cuatro veces, y dije que no lo hacía más. Claro, hacer todo ese sacrificio para llegar al teatro. “¿Qué hago acá?”, pensaba. “Me voy a laburar por ahí, como hacen todos mis amigos, y me dejo de joder con esto, qué voy a hacer teatro.” Era incongruente mi posición en la vida frente a la demanda de saber historia del arte. Hablaban del movimiento dadaísta. ¿Qué mierda me importaba? Pensaba en que tenía que comer dentro de un rato. Jugaba en Progreso, además”.
Fútbol
“Era espantoso. Pasaba de ir a hacer la pretemporada en los médanos de Carrasco y después llegaba al teatro: “Pónganse, uno, dos, tres.” “¿Quién soy yo, para dónde voy?”, pensaba. “¿Estiro o no estiro? ¿Elongo o no elongo? ¿Tiro la pelota para adelante o meto la plancha?” El fútbol se terminó un día en que jugué contra Peñarol, que en ese momento jugaba en la sexta Coquito Rodríguez. ¡Cómo corría! Peñarol en Los Aromos nos hizo ocho goles. El último gol, el negro me hace una tirada por arriba, entra con una zancada brutal, y entro a correrlo, y paralelamente a mí y a la línea blanca estaba el técnico, que corría atrás mío diciéndome que lo matara. “¡Cuando lo agarre!” Porque había que agarrarlo, al negro… Y no lo agarré nunca. Ahí dije que eso no era lo mío y el fútbol quedó relegado. Era la época en que los jugadores de fútbol se cagaban de hambre. En eso yo era muy efectivo: siempre en cosas que no daban laburo”.
No repetiría
“Cuando venía para acá estábamos en Sarandí del Yí esperando el ómnibus con mi productora, y me preguntó si volvería a hacer un vida así, si tuviera que elegir. No, no lo haría. Me gustaría ser hijo de estanciero, si tengo que elegir. Alguien que no tenga que hacer sacrificios y venir en este ómnibus que va a Montevideo por los pozos que hay en la calle. Ella se reía. No volvería a ser el mismo. Sí el mismo tipo, pero no con estas cosas. No fue fácil”.
“Como me daba vergüenza, empecé a firmar con un nombre ficticio: Quiñones de Benavente. “Está bueno, ¿de dónde lo sacaste?” “De la Biblioteca Nacional” Como eran una manga de burros, yo lo patentaba como que era de otro. Años haciendo Quiñones de Benavente, y un día les confesé que era yo, y que no les había dicho porque, si les decía, no me habrían hecho la obra. Y me dijeron que sí, que no la habrían hecho. Ese es el ninguneo del uruguayo. Ahí me gustó la idea de empezar a escribir. Pasé al Circular. Vino Veinte años no es nada; Ah, machos; Tuya, Héctor, y un montón de cosas, porque me sentí con confianza y capaz de escribir una obra de cuarenta páginas”.
“En otro momento había un teatro comprometido, con un sentido, que iba hacia un lado, que generaba algo. Los ochenta fueron efusivos en discusiones. Extraño discutir, charlar después de la función. Claro, no hay Sorocabana y los bares son todos espantosos, con fútbol todo el día”.
“Para ver una película teníamos que ir a lo de Meltzer o a Cinemateca. Hoy la bajás por internet. Eso se perdió, y eso es una crítica, también. No sabés si está mal o bien lo que hacés, porque nadie te lo dice. ¿Te guiás por el público? Yo qué sé. Capaz que sí, capaz que no. El público avala cualquier cosa”.
“Brecht decía que cuando queden dos personas en el mundo, una le va a hacer teatro al otro. Es maravilloso, es un lugar de explosión. Yo tengo una escuela de teatro, y hay gente que te agradece, porque eso salvó su vida. No sé si va a ser actor o actriz, pero ha hecho algo con su vida. Y esto me parece fundamental para entender esta forma de ser. Creo que está en el ADN”.
“Me acuerdo de María Julia Muñoz, en otro rol pelotudo que tuvo, cuando fue ministra de Salud y dijo que había mucha gripe y recomendó a la gente que no fuera a los teatros y cines. Pero no se le ocurrió decir que no fueran a los shopping. Me acuerdo cuando dijo eso. ¿Por qué no recomendó no subir a los ómnibus? Con el capital no te metés”.
La izquierda y la cultura
Hay que preguntarle a la izquierda. Yo no lo noté. Esto va a generar que los grupos de teatro me llamen al orden. Claro, como hay subvenciones les cago la vida. Lo siento en el alma, yo también me perjudico. Hay ayuda a veces por parte de la Intendencia con el tema de que pagan la luz, el agua y el teléfono, que en realidad son trueques: les das entradas por función para que ellos repartan en los barrios, y ellos te brindan la posibilidad de ir pagando lo mínimo. Y hay otra cosa que ha generado Michelini, que se portó muy bien en este sentido, al generar la ayuda anual del parlamento a los grupos. Obviamente que, cuanto más grande, como en el caso de El Galpón o El Circular, la cifra es mayor. Esto es una gran ayuda: arreglás las sillas, el aire acondicionado o el baño que se rompió. Esto lo hizo Michelini, y hay que decirlo. Podrá ser pelotudo, como le dicen, pero hizo esto. Y no soy de Michelini, antes que me digan nada.
“Yo votaba al Frente, creía en el Frente. El año pasado me llamaron para hacer lo mismo y dije que no lo hacía, porque no creía en absolutamente nada de todo eso. No hay chance de que crea en un proyecto que fracasó. No me quiero pelear con mis amigos, porque muchos siguen creyendo en esto, pero creo que fue todo una gran mentira, un falso amor. Capaz que yo creía demasiado. Ellos me dicen que bueno, que la política es así. Hubo cosas que se hicieron bien. Hay dos posibilidades que me parece terrible considerar: una es que sean jodidos, malos, y la otra es que sean ineptos. Creo que son ineptos”.
“Fui hace un mes a Dolores a hacer una función: siguen con la escuela rota. Hace dos años fue el ciclón. Si no podemos levantar dos escuelas, entonces olvidate si un día nos llegan a bombardear de algún lado. Nunca más. ¿Vieron el video de Beltrame de Rusia, donde se ve cómo en diez cuadras arreglan una avenida de cinco carriles en una noche? Y en el centro de Montevideo veinte obreros con el agujero. Y salieron de la Intendencia a justificar que con las máquinas que tienen ellos. Es ineptitud”.
“Una vez, de niño, me traje un lápiz Faber de la escuela. Mi padre me lo hizo devolver al otro día. “Sí, papá.” Y lo devolví. Pero porque mi viejo, que no había terminado quinto de escuela en Paysandú, sabía que lo que no es tuyo no lo agarrás. Y la frase “pobre pero honrado” la hacías valer a rajatabla. Hoy es la viveza. Antes los tipos que empezaban siendo nada, progresaban, como Magurno, que teminó de presidente de La Española. O Novick, que se jacta de que empezó cargando cajones pero es verdad. Hoy los cuidacoches se jubilan de eso. Y eso también está en la cabeza. Por suerte he viajado mucho con mi profesión, y te da lástima ver que un país tan chico con cuatro climas, con la ganadería y con todo lo que tiene, no pueda salir del pozo en el que está. Y que haya dos países: Montevideo y el resto, que es el olvido. ¿Altos índices de suicidio? ¿Cómo no te vas a suicidar? Yo me imagino tres días ahí y me suicido cuatro veces. Es lógico. ¿Qué podés hacer, aparte de embarazarte, mamarte y matarte? No hay un proyecto, no lo piensan como país. Y yo no entiendo eso ni mil cosas más”.
“No entiendo cómo un día Tabaré iba a llamar a Bush si pasaba algo en la frontera con Argentina. No lo puedo creer, no me entra que un tipo que está en la izquierda te hable de llamar a Bush. Ahí se mezclan los cables y entrás a ver que el bueno no era tan bueno ni el malo era tan malo. Y ahí tenés un lío bárbaro, porque te educaron con que eso era así. Me acuerdo siempre de Chiflet, que se fue porque la operación UNITAS fue autorizada por el Frente. Renuncio y me voy. “¡Qué huevos!”, pensé. Porque viste que a veces hay gente del Frente que no está de acuerdo, pero votan en bloque. El bloque ponételo en la cabeza, a ver si pensás un poquito estas cosas. Esto es lo que a mí me parece patético y terrible. Veo dirigentes del PIT-CNT que vuelven de Venezuela y dicen que todo allá funciona muy bien. ¿Me están jodiendo? Lo único que falta es un apoyo expreso a Nicaragua”.
“Por segunda vez voy a votar anulado, no tengo empacho en decirlo. Me tienen que enamorar, y no me sirve el menos malo. Casi toda la gente que me rodea vota al Frente. “Qué querés que vote”, dicen. Me acuerdo de mi mamá, que decía que votaba a Batlle porque era el mejorcito. Pobre mi vieja. La hice cambiar y votar a Mujica. Le pedí perdón. Votó sesenta y cinco años al Partido Colorado, y por mi culpa votó a Pepe Mujica. ¿Quién era yo para hacerle cambiar el pensamiento? Fijate qué tipo jodido era, qué mal hijo. “Este va a cambiar”, le decía. Ahora me mira y me dice: “¿Y? ¿Qué pasó?”.
Destaques
“El SODRE es maravilloso. También hay que pensar en lo que pasó con Julio Bocca después. Fue una tortura. El SODRE hoy hace el ballet con música grabada. Está todo mal, no puede ser tan complicado manejar un país de tres millones. No quiero saber lo que es Brasil. ¿Tres millones y no podemos arreglar esta cosa? Esto es lo que me parece que es jodido del Uruguay. Teníamos a Julio Bocca. Lo querían de Londres y el tipo estaba en Uruguay, se quedó acá por mucha menos plata. Se terminó yendo por el sindicato”.
“Mirá lo que pasó con Petru Valensky, pobre. Dio su opinión y lo mataron. Pidió disculpas, y fue peor. Yo lo quiero a Petru, es el tipo más bueno del mundo. Lo mataron. Esos cagones que se esconden en un Facebook para putear a una persona deberían tener coraje para enfrentar esas cosas. Yo no sé si el ejército es la solución, pero lo que está ahora tampoco lo es. Sale Bonomi a decir que salió a comprar balas de goma en Rusia. ¿Les informás a los chorros que tenemos balas de goma? Es un chiste todo esto. Yo no tengo por qué vivir con miedo. Y la misión de ese tipo es que no vivamos con miedo”.
“No creas que a mí no me ofrecieron un puesto político. Claro que me lo ofrecieron. ¿Querés trabajar en el ministerio? Es muy fácil orquestar. Después te jubilás de eso. Pero me niego a ser empleado público. Con todo respeto. Y no porque sea un crack, sino porque no me sale. A los dos días me peleo y me voy. ¿Cuánto puedo durar yo?”
“Soy un salidor rápido, de todos los lugares. Si algo no me gusta y no me siento cómodo, no me quedo. Y no tiene sentido pasarlo mal en la vida. Me voy de un programa de televisión en vivo, no tengo ningún problema. Si me decís que son miles de dólares que me van a hacer una diferencia, me banco cualquier cosa. Pero si no está esa diferencia y no la paso bien… ¿Por qué voy a hacer cosas que no quiero, si puedo sobrevivir con lo que hago bien? No me sacrifico más por cosas que no me gustan. Pero no lo hago por gusto ni por llamar la atención”.
Total, es gratis
“Yo he visto gente llegar a El Galpón y preguntar qué había para ver, porque total era gratis. No querían ver algo en especial: era el garrón”.
El público del teatro
“Hay un público acotado, sí. Este año hicimos Nuestras mujeres, en el Notariado, con Troncoso, Delgrossi y yo, una comedia de Mario Morgan. Hacíamos seis funciones por semana. Y pagaban. O sea, cuando quieren, pagan. No es verdad que no puedan pagar. Está acotado si hablás de un público determinado, pero hubo espectáculos como Italia Fausta; Ah, machos; Rescatate; Barro Negro. Hay gente que ha nacido durante el estreno y sigue yendo. ¿Está acotado? No. Lo que está acotado, capaz, es el gusto. O el tema que tocás, que hasta ahí llega y tiene un tope. Pero no pasa con todo. Debajo de las polleras estuvo nueve años seguidos en cartel. ¿Cuánta gente la vio? Capaz mucha, que no va nunca y va ese día, o en esa hora, porque le dijeron. Qué sé yo, viste que esto es muy variable. Pero creo que el público, en general, va, y conocen al actor más ahora que hace unos años. Ahora conocen de teatro, la televisión y las redes sociales han hecho que te conozcan”.
La humildad de Troncoso
“César Troncoso vive en Parque Posadas, hace los mandados, tira la basura. ¿Me entendés? Estaba conmigo y había ganado un festival en Miami en febrero, mejor actor. Lo llamaron de Miami para decirle que le daban el premio. Estaba emocionado. El premio se lo ganó por La Cordillera a Darín y decía: no digas nada. Y Diego y yo lo empezamos a decir por todos lados. ¡Le ganó a Darín! ¡Le ganó a Argentina con Messi! ¿Cómo no voy a contar eso? Obvio que sí. Y el tipo es tan modesto que no lo hace, no lo cuenta. En la terna estaban Darín, él y otro actor más, y ganó él. Le daban guita por el premio, pero estaba acá porque no podía viajar, porque no tenía plata. Esto es terrible. Si habrá valores, loco. Hay millones, está lleno.
Un Fernando Schmidt no sale de acá. La televisión es el gran juego, pero no lo tenemos. Se terminó la televisión para el actor uruguayo. La ley de medios se terminó. La sacó Mujica, la mostró y la guardó Tabaré”.
“Me hacen acordar a la jubilación de los actores, a lo que nos dijo el imbécil de Diego Cánepa un día, cuando fuimos a hablar con él. Nosotros lo que pedíamos era que por semana cada canal nos pusiera tres minutos de spot de teatro, que no les sale nada. Tres minutos. Nos dijo que eso no se podía hacer, que eran canales privados. Pero se podía pedir que lo hicieran como gauchada. Gauchada a presión, ¿no?
“La educación, todos decimos que es horrible lo que pasa. Y me cuestionan que por qué mis hijas van al colegio privado. Porque la pública está mal, y si puedo, hago el esfuerzo. ¿Qué les voy a dejar? Si puedo, les dejo eso, educación. Y la educación en el barrio no está buena. Lo siento, pagaré el privado. Y me rompo la cabeza para pagar los veintidós mil pesos por mes. No tengo otra. Plantear esa discusión significa que en seguida te catapulten al infierno. Y no hablo de la gente común, hablo de los compañeros de teatro. Compañeros que tienen Facebook me mostraban cómo me puteaban ahí. Técnicos, actrices. Yo los conozco”.
“La maestra de mi escuela del Cerro –Margarita- fue la tipa que me generó las ganas de leer la poesía de Juana de Ibarbourou. La maestra fue mi referencia, mi mamá, en serio. Y esa maestra hoy perdió autoridad con el cachetazo, y de esto habla la obra. Sobre todo con el cachetazo que le da la misma sociedad y la misma Dirección de Cultura cuando se ríe de los maestros, o cuando Mujica dijo que no trabajan. Eso no es cierto, es insalubre ser maestro en este país”.
El día que se fue del canal
“De uno que hacía Claudia Fernández en el Canal 10, de tarde. Me fui, y no me podía sacar la camisa del canal: la partí en el corredor, de la ira, y nadie osó pararme. Vino el Nano Folle: “¿Qué pasó, hermano, estás bien?”, me decía. Ochocientos grados bajo cero y yo desnudo por el corredor de canal 10, un jueves 18 de julio a las siete de la tarde. Nunca más fui al canal. Es más, me pagaron por fuera, fueron a mi casa a pagarme, porque no podía entrar al canal. Me fui en vivo, me arranqué todo y me fui a la mierda”.
Optimista pese a todo
“Soy optimista. Hay muchos que son pesimistas mal informados. Lo que odio es la buena onda. “Qué mala onda que tenés”, me dicen. ¿Por qué, porque soy realista? La ONDA ya cerró, te recuerdo. Tengo humor, jodo mucho, vivo riéndome. Tengo mucho humor para todo, me divierto en los ensayos. No soy un bajón, soy muy para arriba, pero también soy crítico cuando las cosas no me gustan. No puedo ser cómplice de lo que me parece mal, y muchas cosas son un horror. Como con aquello que decía Netto, el pope de la educación…”
Un gran actor
“Es el gran actor del Uruguay. Alberto Candeau no existe al lado de él. Y lo digo con propiedad, porque fuera del país decís algo de él y te masacran. Hablé de él en Viena y para qué… Dije que era un actor, un gran mentiroso, alguien que habla mal en Uruguay y muy bien afuera. Afuera habla perfecto. Pero no se le puede negar lo que ha logrado; ha llenado el Estadio Azteca con un discurso. ¿Quién mierda lo hace eso? Es maravilloso. Es un gran vivo. Dice que no va a ir a las elecciones, pero está coqueteando”.
Mujica sí, Mujica no
“Mujica fue un gran actor. Ha vendido la pobreza en que vive, que es cierto. En Ámsterdam no lo podés tocar, es Dios, nunca escuché una crítica en contra. Los que vivimos acá somos los que lo padecemos, pero para los demás es Dios. Es un tipo que ha engañado, que ha engatusado. Es un gran bla bla bla. Y ahora vuelve, así que tranquilo, que lo tenemos otra vez. Sin perra, pero bueno. Estoy seguro que van a poner al viejo. Si no querés aparecer más, pedís que no te pregunten más, pero él da entrevista, y da entrevista. Vas a ver que es tanto el ego que tiene… Necesita que se lo pidan. Y el actor va a ir a dar su último bocadillo. Sendic me hace acordar a Pacheco Areco. No habla, no sabe hablar. ¿Cómo no nos dimos cuenta que no hablaba? ¿Cómo llegó? ¿Cómo Mefisto llegó ahí? Pacheco llegó porque uno se moría y el otro no agarraba, no agarraban Zelmar Michelini ni Amílcar Vasconcellos. ¡Y salió, y quedó presidente! Es el misterio de la vida”.
