Desde Tacuarembó: Miguel Angel Olivera Prietto
Especial para 20Once

La mañana que murió Tomás de Mattos llovía. Había estado lloviendo todo el fin de semana, y lo único que esperábamos los tacuaremboenses era que aquel aguacero constante parara de una buena vez, pero no esperábamos tanta tristeza.
El lunes pasado como a las 9 de la mañana, hablo de esa mañana de agua, Tomás volvía del supermercado rumbo a su casa, y allí mismo, en la esquina donde había hecho las compras, cayó muerto. La causa fue un infarto fulminante, aunque el gran escritor tacuaremboense venía sufriendo desde hace un tiempo con una grave enfermedad.
Si bien su madre tuvo su parto en Montevideo, donde nació, los padres de Tomás regresaron a Tacuarembó inmediatamente, donde él vivió toda su vida. Fue hijo del Dr. Secundino de Mattos y Dora Hernández, recibiéndose luego de abogado. Casado con América Rodríguez, médica, tuvo un hijo, Ignacio, que actualmente es médico también pero en Artigas, y un gran pintor.
Tomás ejerció como abogado, destacándose los años que fue abogado del Frigorífico Tacuarembó. También colaboró con la prensa capitalina, como en los semanarios Marcha y Brecha y el suplemento Cultural de El País. En los últimos tiempos era columnista de Caras y Caretas.
Con el gobierno de Tabaré Vázquez, en el 2005, fue Director de la Biblioteca Nacional del Uruguay, hasta el año 2010, y al ser cesado, regresó a su pueblo.
En la Academía Nacional de Letras de Uruguay fue académico emérito, y recibió premios del Ministerio de Educación y Cultura, de la Intendencia de Montevideo, obtuvo el Bartolomé Hidalgo y el Premio Fraternidad. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Tacuarembó en el 2015.
De joven, perteneció al Grupo de Tacuarembó, una generación de artistas de diversos géneros que tuvieron como centro al poeta, músico y docente Washington Benavidez. De ese Grupo recordamos a Eduardo Milán, Víctor Cunha, Eduardo Darnauchans, Eduardo Larbanois, Héctor Numa Moraes, entre muchos otros.
De un talento excepcional, Tomás era un hombre de una inmensa cultura, y daba placer participar de sus charlas. En lo personal, y siendo también tacuaremboense, pude disfrutar de varias de sus conferencias, donde demostraba que más allá de su gran nivel, era además un gran docente.
Tomás ha tomado una dimensión latinoamericana, y es reconocido como uno de los grandes escritores de nuestro país. En ese aspecto, Mario Delgado Apraín dijo en radio Uruguay, con motivo de su muerte, que “si Tomás hubiera sido europeo, sería considerado de los mejores”.
Lo despedimos en Tacuarembó el mismo lunes, a las 18 horas en el Cementerio de la ciudad, con palabras de Monseñor Julio Bonino, del padre Juan Costa y del Edil por el FA Jesús Ariel Casco. En ese aspecto debemos destacar que Tomás fue un ferviente creyente, cristiano siempre, y el propio Bonino nos dijo en su despedida, que de Mattos lo visitaba para irle leyendo partes de lo que iba escribiendo, cuando hizo “La puerta de la misericordia”. Hubo una gran congoja entre los familiares y amigos, durante su sepelio.
En los últimos tiempos Tomás era un vecino más de nuestra ciudad, y siempre nos encontrábamos con él en la calle, o en el supermercado. En una parte de la despedida de Casco, dijo, entre otras cosas “allá andará gritando los goles de Peñarol o de Tacuarembó, o haciendo martingalas para el 5 de oro…”, poniendo al gran escritor en el lugar de un hombre del pueblo, asimilado a la vida ciudadana, firme militante de la Vertiente Artiguista en su departamento, participando de actos y conferencias políticas por años.
A veces sabemos de artistas que son muy buenos en su arte pero dudosos como personas, en el caso de Tomás no. Tomás fue un gran artista, un notable escritor, pero además fue una notable persona. Intachable, de una honestidad intelectual y en la vida destacables, y de actitud solidaria extraordinaria. Fue un luchador por el bien común, por causas que él creía justas, y luchó desde la fuerza política que él creyó que era la transformadora, su Frente Amplio, en la cual, por años, perteneció a la Mesa Política.

Su obra
Sobre su obra, qué mejor que transcribir parte de lo que escribió el también tacuaremboense Washington Benavidez, en su muro de Facebook, cuando supo de la muerte de su amigo:
“Escribo con una congoja que debe ser la de muchos: acaba de fallecer Tomás de Mattos Hernández. Para el tacuaremboense común, murió “Tomasito”, este Tomasito que se fue gestando, paso a paso, como uno de los mayores creadores de relatos y novelas, de este, nuestro país, tan pródigo en grandes artistas y de grandes olvidos también. Repasar la labor incesante de Tomás, desde sus primeras publicaciones, estudiante todavía, a pedido de Ángel Rama, quien en breve misiva, nos dice “Quiero más trabajos de ese muchacho De Mattos, vamos a publicarlo en la Antología “Cien años de raros” en Arca. Y ahí comenzó publicar: “Libros y perros” en ebo, (1975), “Trampas de barro” (1983) donde fulgen como obras maestras, relatos como “Mujer de Batoví, la epónima “Trampas de barro” que figurarán luego en las mejores antologías del cuento uruguayo. Prosigue con la publicación de “La gran sequía” (1984) donde reúne sus primeros cuentos, y en 1988, la revelación magnífica de “Bernabé, Bernabé!!”, novela histórica sobre Bernabé Rivera y la extinción de los charrúas, con un estilo acompasado y perfecto, como digno alumno de Flaubert. Novela histórica que impuso a Tomás y provocó, como toda obra superior un combate entre tirios y troyanos, porque el tema era verdaderamente urticante. Vendrá luego una inusual glosa de la novela de Melville “Benito Cereno”: “La fragata de las máscaras” (1996); EN 1998 PUBLICA “A la sombra del paraíso” donde recrea personajes del ambiente norteño, pero con la sabiduría clásica de su prosa.
Se suceden luego “Ni Dios lo permita” (2001)Ebo; “Cielo de Bagdad” (2001)Ebo.- todavía los ciclos históricos le siguieron atrayendo, en novelas sobre José Pedro Varela, de quien fija un retrato que revela muchas cosas que no sabíamos del personaje visto siempre como un gran pedagogo solamente. Nos envió para que los leyéramos “9 cuentos” que, probablemente fuera
una nueva publicación de Tomás, volviendo a los relatos…”

Los libros que escribió Tomás de Mattos fueron:
Cuentos: Libros y perros (1975), Trampas de barro (1983), La gran sequía (1988). Novelas: ¡Bernabé, Bernabé! (1988), La fragata de las máscaras (Santillana, 1996), A la sombra del paraíso (1998), Ni dios permita (2001), La puerta de la misericordia (Ediciones del viento, 2002), El hombre de marzo. La búsqueda (Alfaguara, 2010), El hombre de marzo. El encuentro (Alfaguara, 2013) y por último, Don Candinho o las doce orejas (Alfaguara, 2014)

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